Confieso que hacía tiempo que no leía a Federico Jiménez Losantos. Y, tras su último comentario del pasado 6 de mayo en El Mundo, probablemente vuelva a tomar distancia durante una buena temporada. No por discrepancia ideológica - que es mucha - sino por algo bastante más básico, la ausencia total de un mínimo respeto en la forma de argumentar.
Crónicas desde el borde
7 may 2026
Del debate al insulto, cuando la opinión deja de ser periodismo
6 may 2026
Altamira, el gran campus tecnológico de Cantabria, entre la ambición y la incertidumbre.
El llamado Campus Tecnológico de Centros de Datos Altamira se ha convertido en uno de los proyectos más ambiciosos - y a la vez más cuestionados - del actual Gobierno de Cantabria. Presentado como un símbolo del salto de la región hacia la economía digital, hoy permanece atrapado en una fase administrativa sin avances visibles, envuelto en tensiones políticas y dependiente de decisiones externas clave.
2 may 2026
Cantabria, el mito del bienestar frente a la realidad de la pobreza laboral
Durante años
se ha instalado en el discurso político e institucional la idea de que Cantabria
es una comunidad con altos niveles de bienestar y pobreza relativamente baja.
En parte, las estadísticas parecen respaldar ese relato, los indicadores AROPE
sitúan la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en torno al 22 %, varios
puntos por debajo de la media nacional.
Sin embargo,
limitar el análisis a esa comparación resulta engañoso. Hoy más de 120.000
personas viven en riesgo de pobreza o exclusión social en Cantabria, y
alrededor del 42 % de los hogares tiene dificultades para llegar a fin de mes.
Esto revela una amplia franja de población que, sin estar bajo el umbral
estadístico de pobreza, vive con una economía extremadamente ajustada.
El último
informe de la Fundación FOESSA señala que más de 80.000 personas se
encuentran ya en situación de exclusión social - cerca del 14 % de la población
- y que esta cifra ha crecido un 30 % desde 2018.
La
estructura económica regional tampoco ayuda. Cantabria presenta una renta media
por hogar inferior a la media nacional y un modelo productivo muy dependiente
del sector servicios, con empleos precarios, salarios bajos y alta
temporalidad. De ahí una paradoja cada vez más visible, tener trabajo no
siempre protege frente a la pobreza. Una parte importante de quienes viven
en exclusión, trabajan o buscan empleo activamente.
La pobreza
infantil alcanza ya a cerca de uno de cada cuatro menores,
lo que condiciona las oportunidades de toda una generación, las mujeres
presentan tasas de pobreza superiores, especialmente en hogares monoparentales
o en empleos precarios, y el envejecimiento demográfico añade presión, muchas
familias dependen de pensiones bajas que deben sostener a varios miembros del
hogar.
A esto
se suma el encarecimiento del alquiler de la vivienda, los suministros y
el coste de vida en general, que reduce el margen económico de miles de
hogares. Cada vez más familias viven en una economía de subsistencia donde
cualquier imprevisto - una avería, un gasto sanitario, la pérdida de empleo -
puede desencadenar una situación de pobreza.
El verdadero
reto de Cantabria no puede limitarse a
mantener indicadores ligeramente por debajo de la media. El desafío real es reducir
la desigualdad, mejorar los salarios y garantizar que el crecimiento económico
se traduzca en mejores condiciones de vida para la mayoría. Porque detrás de
las cifras que hablan de bienestar existe otra realidad, la de miles de
personas que trabajan, cotizan y sostienen la economía regional, pero siguen
teniendo dificultades para vivir con dignidad.
28 abr 2026
Unidad Sindical para defender lo conquistado frente a Vox y el PP
Lo que hoy plantea Vox en comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla y León no es una simple diferencia ideológica. Es un proyecto estructurado de desmantelamiento del modelo laboral y sindical construido durante décadas de lucha democrática, y si el Partido Popular decide ser cómplice de este camino, la confrontación social será inevitable.
El
esquema que impulsa Vox rompe de raíz con el papel de los sindicatos
democráticos, pretendiendo sustituirlos por estructuras dóciles creadas a su
medida, debilitando la representación real de los trabajadores. El objetivo es
evidente, dejar al trabajador solo frente al poder empresarial, eliminando la
fuerza colectiva que equilibra la relación laboral.
La
ofensiva contra los convenios colectivos - sectoriales, autonómicos o estatales
- busca precisamente ese objetivo la fragmentación de la clase trabajadora.
Bajo el discurso de la “flexibilidad”, imponiendo un modelo donde cada empresa
fije sus reglas, generando desigualdad y competencia entre trabajadores.
Abaratar
el despido, reducir indemnizaciones, recortar cotizaciones empresariales y
debilitar las prestaciones por desempleo forman parte del mismo paquete, el de trasladar
el riesgo al trabajador a la vez que se vaya consolidando un mercado laboral
basado en la inseguridad.
Y
para ello se ataca al sindicalismo y su derecho de protesta, por ejemplo,
recortando su financiación y cuestionando la concertación social, limitando el
derecho de huelga y la protesta sindical, provocando un ataque directo a los
instrumentos de defensa de los trabajadores.
Y es
precisamente en el marco laboral y sindical, donde con mas crudeza, se pretende
aplicar la propuesta de Vox, “prioridad nacional” que pretende fracturar a la
clase trabajadora aplicando medidas insolidarias, regresivas y contraria a los
principios fundamentales del derecho laboral.
Ante
este escenario, no basta con resistir por separado, es imprescindible que el
conjunto de los sindicatos democráticos abra un espacio real de diálogo entre
ellos, superando diferencias y estrategias parciales, para avanzar hacia una
unidad sindical efectiva.
Unidad
que no sea solo declarativa, sino operativa, capaz de articular movilizaciones
sostenidas, respuestas coordinadas, en la defensa común de los derechos
laborales, porque frente a un proyecto organizado de regresión social, la
división sindical es una debilidad que no nos podemos permitir.
Si el
Partido Popular avanza junto a Vox en este modelo, el sindicalismo debe
responder con firmeza, organizándose para movilización y confrontación
democrática, porque lo que está en juego no es una reforma más, es el modelo de
sociedad, y dignidad del trabajo.
24 abr 2026
Extremadura, el laboratorio de la desigualdad que amenaza con extenderse
La presidenta de Extremadura, ha vuelto a tragarse su correspondiente dosis de sapos para ser investida de nuevo gracias al pacto de gobierno entre el PP y Vox. Un acuerdo que no es un simple trámite institucional, sino un experimento político con vocación de réplica en otros territorios como Aragón y Castilla y León, por tanto, ante un banco de pruebas donde se ensayan las bases de futuros pactos.
Entre los elementos más preocupantes destaca la llamada “prioridad nacional”, un concepto que pretende favorecer a ciudadanos españoles en el acceso a ayudas públicas y vivienda. Este planteamiento introduce un cambio de paradigma político al abrir la puerta a criterios de preferencia por nacionalidad o arraigo en derechos que, hasta ahora, se han construido sobre principios de universalidad e igualdad.
Lo más llamativo es que esta idea ha sido cuidadosamente suavizada en la puesta en escena pública de Guardiola, pero no por ello pierde su carga de profundidad, al contrario, supone una confrontación directa con la legislación vigente, tanto en el ámbito estatal como en el europeo, donde el principio de igualdad ante la ley no es negociable.
Ahora vendrán las justificaciones, los matices y los habituales dimes y diretes de que en política no todo acuerdo está para cumplirse, argumento que a estas alturas resulta irrelevante.
Lo verdaderamente peligroso no es si se ejecuta o no cada punto, sino el marco discursivo que se consolida, y que tensiona principios básicos, a la vez que normaliza la idea de que los derechos pueden ser condicionados.
El propio acuerdo, de hecho, deja entrever sus límites al remitirse constantemente al “marco legal vigente” y a las competencias restringidas de una comunidad autónoma. Sin embargo, eso no impide que se planteen restricciones en ayudas, endurecimiento de políticas migratorias o exclusión de determinados colectivos, medidas ya cuestionadas por su posible ilegalidad o invasión de competencias estatales.
El resultado es un escenario inquietante, gobiernos autonómicos impulsando iniciativas de dudosa constitucionalidad, abriendo conflictos institucionales con el Estado y la Unión Europea, y fomentando una judicialización constante de la acción política. Se corre así el riesgo de legislar no para gobernar, sino para provocar recursos y alimentar una estrategia de confrontación permanente.
Mientras tanto, en Aragón ya se mira este pacto como referencia directa en las negociaciones en curso. Y en Castilla y León, donde la experiencia de gobierno compartido entre PP y Vox ya es una realidad, el precedente extremeño puede endurecer aún más el marco ideológico, especialmente en materias sensibles como inmigración o políticas sociales.
Paso a paso, este modelo puede consolidarse hasta convertirse en norma. Lo que hoy se presenta como una concesión puntual podría transformarse mañana en una condición estructural de gobernabilidad para el liderazgo de Rajoy.
El precio de gobernar a cualquier coste plantea un dilema de fondo, ¿hasta dónde puede llegar un partido para asegurar el poder?.
Hasta claro que cuando conceptos como la igualdad, la universalidad de los derechos o la neutralidad institucional se convierten en moneda de cambio, dejamos de estar ante una disputa política ordinaria para entrar en un terreno mucho más profundo y estructural.
Por lo tanto Extremadura ya no es solo un gobierno, es un precedente y cuando además se cuestiona el papel de los sindicatos o se intenta limitar su capacidad de acción, la gravedad es aún mayor. No estamos ante una opinión política más, sino ante un ataque directo a la libertad sindical, protegida por la ley y por organismos internacionales.
Ante este escenario no cabe la equidistancia. El sindicalismo no puede limitarse a observar. Tiene la responsabilidad de confrontar, de denunciar y de movilizar. Porque cada retroceso que se normaliza —como el que hoy se ensaya en Extremadura— es un derecho que puede tardar décadas en recuperarse.
El Bocal tiene responsables con nombres y apellidos
Lo ocurrido en la pasarela de El Bocal, de Santander, ya no admite eufemismos. El informe pericial ha desmontado cualquier intento de presentar la tragedia como un accidente inevitable. No lo fue.
La
corrosión que describe el informe no aparece en semanas, sin ninguna duda, es
el resultado de años de abandono. Años en los que nadie - o quienes debían
hacerlo - decidieron mirar hacia donde no convenía.
14 abr 2026
La Remonta, el símbolo de cómo PP, PRC y PSOE han fallado a la vivienda en Cantabria
El
crecimiento descontrolado de las viviendas turísticas en Santander no es
casualidad, es consecuencia de años de permisividad política. Ninguno de los
gobiernos – nacionales, municipales ni autonómicos - han querido afrontar el
coste de regular de verdad este fenómeno, el resultado, menos vivienda
residencial, y precios disparados.
Y frente a
esta situación, la existencia de más de 50.000 viviendas vacías en Cantabria, que
retratan el fracaso colectivo, con el que solo cabe preguntarse, dónde han
estado las políticas para movilizarlas, y que han hecho el PP, PRC y PSOE más
allá de anunciar medidas que nunca llegan. La respuesta no puede ser otra, que
la inacción prolongada, que está convirtiendo este problema en algo más que
técnico, para convertirlo también en una responsabilidad política compartida.
La
regulación del alquiler turístico sigue siendo insuficiente porque,
sencillamente, no ha sido una prioridad real para quienes gobiernan o han
gobernado. Se ha legislado a medias, se ha controlado poco y se ha permitido
que la situación derive en un modelo insostenible.
Pero si hay
un símbolo que concentra décadas de ineficacia política es La Remonta, en
Peñacastillo.
Más de 25
años, gobiernos de distinto color, alternancias políticas, y promesas
reiteradas, han tenido el mismo resultado, cero viviendas construidas en uno de
los suelos más estratégicos de Santander.
El listado
de planes es tan extenso como estéril, desde finales de los 90, proyectos
estatales, acuerdos entre administraciones, planes parciales, propuestas de
parques, anuncios de vivienda social, comisiones técnicas… todos ellos
impulsados, en distintos momentos por PP, PRC o PSOE, pero ninguno ejecutado. La
Remonta se ha convertido en un ejemplo paradigmático de cómo funciona la
política regional cuando falla, todos han pasado por el problema, pero ninguno
ha asumido la solución.
Mientras
tanto, más de 1.300 viviendas sociales potenciales, siguen sin construirse, mientras
que, jóvenes, familias y trabajadores siguen sin acceso a vivienda, y a la
espera de que las administraciones – autonómicas, nacionales y locales - se
pongan de acuerdo.
Y todo ello
en paralelo a un proceso creciente de gentrificación, que transforma Santander
en una ciudad cada vez más orientada al visitante y menos al residente.
La
conclusión es incómoda, pero inevitable, el problema de la vivienda en
Cantabria no es solo económico o urbanístico, es profundamente político.
Las
soluciones están encima de la mesa desde hace años, regular de forma efectiva
las viviendas turísticas movilizar la vivienda vacía con medidas reales, apostar
decididamente por vivienda pública y desbloquear de una vez suelos estratégicos
como La Remonta.
Por lo tanto,
lo que falta no es información, ni capacidad técnica, incluso ni diagnóstico,
lo que falta es decisión política y asumir los costes correspondientes, porque
mientras el PP, PRC y PSOE sigan utilizando la vivienda como argumento y no
como prioridad real, Cantabria seguirá avanzando hacia un modelo en el que
vivir será cada vez más difícil… y la política, cada vez menos creíble.






