Llevamos más
de un mes desde que seis jóvenes murieron en el Bocal de la senda costera de
Santander. Seis. Y ha tenido que pasar todo este tiempo para que la alcaldesa,
Gema Igual, publique en el Diario Montañés un artículo en el que nos
habla de dolor y verdad.
Dice que
cada día se asoma al precipicio del dolor. Yo la recuerdo, con todo el respeto
que merece el cargo que ocupa, que el precipicio real fue el del Bocal, y que
quienes cayeron por él, no lo hicieron metafóricamente.
Dice que
cada mañana empieza pidiendo serenidad y reclamando que se conozca la verdad, y
lo dice como si esa verdad fuera algo ajeno a ella, algo que está ahí fuera
esperando a ser descubierto, como si el Ayuntamiento que preside no fuera parte
fundamental de la historia que hay que explicar.
Porque la
verdad, alcaldesa, no está tan lejos. Está en el estado en el que se encontraba
esa pasarela, en los materiales con los que fue construida, en los años que
pasaron sin que nadie le dedicara la atención, el tiempo y el presupuesto que
necesitaba una infraestructura junto al mar, sometida a condiciones
climatológicas exigentes que sin duda alguna requería un mantenimiento serio y
continuado, que no lo tuvo.
En las
últimas semanas hemos leído muchas páginas de periódico con referencias a la
Confederación Hidrográfica del Norte. Puede que la Confederación tenga también
responsabilidades que responder, y los tribunales lo determinarán. Pero señalar
hacia otro lado no es buscar la verdad, es precisamente, alejarse de ella.
La verdad
que las familias merecen no es la que más convenga políticamente. Es la que
explique, sin eufemismos, qué falló, cuándo empezó a fallar, quién lo sabía y
qué se hizo al respecto. Esa verdad incluye al Ayuntamiento, incluye a quienes
tuvieron responsabilidad en el mantenimiento de la senda costera durante estos
años. Y apelar ahora al compromiso con las familias, después de semanas de
relato institucional, suena a poco si no va acompañado de una transparencia
real y sin condiciones.
No hace
falta esperar a las sentencias judiciales para reconocer lo evidente, hubo un
fallo de mantenimiento grave, con consecuencias irreparables, los juzgados
pondrán blanco sobre negro las responsabilidades penales y civiles. Pero la
responsabilidad política no necesita sentencia, se ejerce, o no se ejerce, cada
día desde el cargo.
Santander
lleva semanas llenándose de vallas, pasarelas clausuradas, miradores cerrados, -
el Sardinero precintado - y en cada caso siempre surge la misma pregunta, ¿cuánto
tiempo llevaba esto así?, y si alguien lo sabía.
Lo que ha
cambiado no es solo el estado de las infraestructuras, es la confianza de los
vecinos, en quienes tienen la obligación de cuidar los espacios de todos, esa
confianza que no se recupera con columnas en el periódico, se recupera con
hechos, con transparencia y con la honestidad de asumir lo que corresponde
asumir






