13 sept 2026

Astures y cántabros, hermanos de puertas abiertas.

 

Quiero dejar constancia, en este espacio que dedico a la política y a la cultura de Cantabria, de mi reconocimiento personal a Felipe Antonio Díaz-Miranda Macías, pregonero este año en el Centro Asturiano de Cantabria con motivo del Día de la Virgen de Covadonga, la Santina. No es un reconocimiento protocolario. Es el de quien escuchó un pregón y salió de él con la sensación de que algo importante se había dicho en voz alta, algo que muchos pensamos pero que pocas veces se pronuncia con esa claridad.

Nacido en Grado (Asturias) en 1958, Díaz-Miranda es arquitecto, urbanista y gestor cultural, una trayectoria que explica en buena medida el pregón que ofreció. Quien ha dedicado su vida profesional a pensar el territorio y la ciudad —a entender cómo se construyen los espacios donde convivimos— trae también, casi de forma natural, una mirada especial sobre cómo se construyen los espacios donde convivimos como pueblos. Su vinculación con la vida cultural de Oviedo y con la Sociedad Ovetense de Festejos no es un dato biográfico secundario: es la prueba de un compromiso sostenido con la cultura popular, con esa trama de asociaciones, fiestas y tradiciones que mantienen viva la identidad de un lugar sin encerrarla en sí misma. Un arquitecto que además ha sido gestor cultural sabe, mejor que nadie, que los pueblos se levantan con los mismos principios que las ciudades: cimientos firmes y puertas abiertas.

Díaz-Miranda logró lo que pocos pregones consiguen: una simbiosis perfecta entre Asturias y Cantabria. No habló de dos regiones vecinas que se toleran con cortesía administrativa, sino de un sentimiento fraterno que atraviesa personas, modelos de vida, acontecimientos culturales, gastronomía y territorio. Habló, en definitiva, de por qué nos consideramos hermanos sin dejar por ello de sostener, cada uno, su propia identidad. Porque ahí está la clave: no se trata de diluirse el uno en el otro, sino de reconocerse en el otro sin perderse.

Los Picos de Europa no entienden de fronteras

Hay una imagen que se queda grabada después de oírle: la de los Picos de Europa como lugar de encuentro que no distingue de fronteras ni de demarcaciones, ni siquiera administrativas. La montaña no sabe de límites autonómicos. Lleva siglos siendo el mismo macizo para quien sube desde Cantabria y para quien sube desde Asturias, y esa terquedad geológica dice más sobre lo que nos une que cualquier discurso institucional.

Dos tierras que conocen la emigración, con sus éxitos y sus heridas

Asturias y Cantabria son territorios que saben de emigración. La conocen desde dentro: la de los éxitos que se cuentan con orgullo en las plazas de los pueblos, y la de las dificultades que casi nunca se cuentan, esas que se quedaron en el silencio de quienes no volvieron o volvieron sin nada. Ese pregón puso nombre a algo que rara vez se dice con tanta honestidad: que el reconocimiento a nuestros emigrantes no puede quedarse en la nostalgia. Exige memoria activa, la de recordar lo que sufrieron quienes se fueron para, ahora, abrir nuestras puertas a quienes llegan. Que tengan las oportunidades que tuvieron —y que muchas veces no tuvieron— los nuestros cuando cruzaron el océano o la frontera en busca de un futuro.

Astures y cántabros sabemos reconocer también los espacios culturales y las aportaciones económicas de quienes se fueron y volvieron con fortuna, y el acogimiento debido a quienes no tuvieron esa suerte. Ambas historias, la del éxito y la del fracaso, forman parte de la misma memoria colectiva y merecen el mismo respeto.

Modernidad sin renunciar a la historia

Lo que planteó el pregonero no es un ejercicio de nostalgia complaciente. Es la constatación de que Asturias y Cantabria son dos comunidades que abren sus puertas al futuro desde la modernidad, sin renunciar a su historia en el sentido más amplio de la palabra. Dos tierras capaces de reconocerse de igual a igual, sin más distinción que la que marcan los hechos y las acciones culturales que cada una ha ido construyendo con el tiempo.

Ese fue, en el fondo, el mensaje central: mirar al futuro desde un espacio de igualdad y de puertas abiertas, buscando espacios de trabajo y de hermandad donde no quepan discriminaciones ni excesos de sentimiento patrimonialista. Porque el patrimonio, cuando se convierte en propiedad excluyente, deja de ser cultura y se convierte en muro.

Un pregón que merece quedar en la memoria

Mi reconocimiento, por tanto, va para un pregonero que llevó al Centro Asturiano de Cantabria la voz y el pensamiento fraterno de dos comunidades que conocen bien las dificultades, pero que eligen mirar el futuro desde la solidaridad hacia quienes hoy nos necesitan. En un tiempo en que tantos discursos públicos se construyen sobre la desconfianza hacia el que llega, escuchar un pregón que reivindica la hermandad, la igualdad y las puertas abiertas es, sencillamente, necesario.

Gracias, Felipe Antonio Díaz-Miranda Macías, por recordarnos que Asturias y Cantabria no son solo vecinas. Son hermanas.

10 sept 2026

El derecho del Consejo Regional de USO Cantabria a conocer el Libro Mayor antes de aprobar las cuentas y los presupuestos

La discusión abierta en torno al acceso a la información económica de USO Cantabria no es un asunto técnico ni una cuestión reservada a especialistas en contabilidad. Estamos hablando de algo mucho más importante, el derecho de los órganos de representación a ejercer el control democrático sobre la gestión de la organización.

Varios miembros del Consejo Regional han solicitado acceder a información económica detallada antes de pronunciarse sobre la aprobación de las cuentas de 2025 y de los presupuestos de 2026. Entre la documentación solicitada figura el Libro Mayor, una herramienta que permite conocer con detalle los movimientos económicos que dan origen a las cifras reflejadas en balances e informes contables.

La solicitud ha sido rechazada y, hasta el momento, no se ha ofrecido una explicación suficientemente clara que permita entender las razones de esa decisión. 

El Consejo Regional de USO no está para levantar la mano y ratificar decisiones previamente adoptadas. Su función es analizar, debatir, supervisar y, en su caso, aprobar o rechazar las propuestas que se someten a su consideración. Para cumplir esa responsabilidad necesita disponer de información suficiente, completa y verificable.

Cuando un consejero solicita documentación económica no está pidiendo un privilegio, está cumpliendo con la obligación que le corresponde como representante de la organización. Aprobar unas cuentas o unos presupuestos sin conocer adecuadamente su contenido supondría renunciar a una de las funciones esenciales de cualquier órgano de control.

La transparencia no puede limitarse a presentar unas cifras resumidas y pedir un voto de confianza, la transparencia exige que quienes tienen la responsabilidad de fiscalizar la gestión puedan comprobar, contrastar y formular las preguntas que consideren necesarias.

Los afiliados deben saber que este debate no gira en torno a nombres ni a personas concretas. Se trata de defender un principio fundamental de funcionamiento democrático, quien debe controlar tiene que disponer de la información necesaria para hacerlo.

A lo largo de la historia del movimiento sindical hemos reclamado transparencia a las administraciones públicas, a las empresas y a los poderes económicos, hemos exigido información cuando estaban en juego los derechos de los trabajadores. Por coherencia, esos mismos principios deben aplicarse también dentro de nuestras propias organizaciones.

La fortaleza de un sindicato no se mide por la cantidad de información que reserva, sino por la confianza que genera entre sus afiliados, y la confianza solo puede construirse sobre la base de la participación, la transparencia y la rendición de cuentas.

Negar información a quienes tienen la responsabilidad estatutaria de supervisar la gestión económica no fortalece la organización. Al contrario, alimenta la desconfianza, debilita los mecanismos de control interno y proyecta una imagen incompatible con los valores democráticos que el sindicalismo debe defender.

Nadie debería sentirse incómodo porque se solicite información económica. Lo verdaderamente preocupante sería que quienes tienen la obligación de controlar dejaran de hacerlo.

Por eso, la reivindicación es clara, antes de aprobar unas cuentas o unos presupuestos, los miembros del Consejo Regional deben disponer de toda la información necesaria para estudiarlos con rigor, y no para obstaculizar la gestión, sino para garantizar que las decisiones económicas se adopten con transparencia, responsabilidad y respeto a la democracia interna.

Porque sin información no existe control, y sin control democrático, la participación de los órganos de representación corre el riesgo de convertirse en una simple formalidad.


7 sept 2026

Proyecto Altamira, una inversión histórica que exige transparencia

El debate sobre el Proyecto Altamira ha entrado en una nueva fase. A la controversia política e institucional sobre su tramitación y sobre el cumplimiento de la resolución aprobada por el Parlamento de Cantabria se suma ahora la presentación pública de un estudio que atribuye al proyecto un impacto económico extraordinario para nuestra comunidad. Y precisamente por la magnitud de esas cifras, la exigencia de transparencia debería ser todavía mayor.

El pasado 4 de mayo, el Parlamento de Cantabria aprobó, con los votos favorables de PRC, PSOE y Vox, una iniciativa que comprometía políticamente al Gobierno regional a poner a disposición de la Cámara la documentación existente sobre el PSIR del Proyecto Altamira. El plazo establecido era de dos meses y concluyó a comienzos de julio.

Desde entonces han transcurrido semanas sin que se haya producido un cumplimiento efectivo de la resolución ni una explicación pública suficientemente clara sobre las actuaciones realizadas para atender el mandato parlamentario.

Mientras tanto, Altamira sigue ganando protagonismo. Durante la presentación del estudio económico, el consejero de Industria defendió la necesidad de que Cantabria compita por atraer inversiones estratégicas y señaló que el proyecto se encuentra entre los mejor posicionados para acceder a la capacidad eléctrica prevista para centros de datos. Altamira requeriría aproximadamente 500 megavatios, alrededor del 13 % de los 3.800 megavatios contemplados en la planificación nacional.

Las cifras económicas anunciadas son, sin duda, relevantes. Según el estudio presentado, la inversión superaría el 20 % del PIB de Cantabria, situándose entre las mayores operaciones económicas planteadas en la región en las últimas décadas, destacando también la creación de empleo, los puestos de trabajo cualificados y la posibilidad de generar efectos indirectos mediante un nuevo clúster tecnológico, mayor productividad, formación de capital humano y atracción de nuevas inversiones.

Todo ello merece ser analizado con rigor. Pero precisamente aquí aparece una cuestión que no debería quedar enterrada bajo las grandes cifras económicas.

La oposición, y especialmente el PRC, no puede conformarse con un estudio económico, no basta con conocer cuánto se va a invertir, cuántos empleos se anuncian o qué impacto puede tener Altamira sobre la economía regional. Hay que conocer también toda la documentación existente, cómo se ha desarrollado el proyecto, qué decisiones se han adoptado y por qué continúa sin cumplirse una resolución aprobada por el Parlamento.

El PRC tiene, además, una responsabilidad política añadida, votó a favor de aquella resolución, por tanto, ahora debería ser el primero en exigir su cumplimiento. Si una resolución parlamentaria se aprueba con sus votos, no puede convertirse después en una simple declaración de intenciones. El Parlamento no puede exigir información y, semanas después, aceptar que esa información siga sin llegar.

Un estudio económico no sustituye a la documentación administrativa, una previsión de empleo no sustituye al control parlamentario, y una promesa de inversión no sustituye al cumplimiento de una resolución democrática.

Si Altamira representa realmente una oportunidad histórica para Cantabria, como sostienen sus promotores, debería ser también un ejemplo de transparencia, información pública y respeto institucional. Cuanto mayor sea la inversión y mayores sean las expectativas, mayor debe ser el control.

Por eso, el debate de fondo ya no consiste únicamente en determinar cuánto puede aportar Altamira a la economía cántabra, la pregunta es mucho más incómoda, ¿por qué, transcurrido ampliamente el plazo establecido, sigue sin cumplirse una resolución del Parlamento de Cantabria?

Y ante esa pregunta, la oposición no puede conformarse con las cifras, tiene que exigir respuestas, documentación y responsabilidades. Especialmente el PRC, que apoyó el acuerdo parlamentario, debe demostrar ahora que su voto no fue simplemente una posición política puntual, sino un verdadero compromiso con el control democrático de una de las actuaciones económicas más importantes que se plantean para el futuro de Cantabria.


30 ago 2026

Santander enferma, cuando los vecinos piden abrir los ojos

 

El movimiento vecinal reclama un debate ciudadano sobre el presente y el futuro de la capital cántabra.

No es habitual que cinco asociaciones vecinales de Santander decidan unirse para lanzar un mensaje tan contundente como el que han hecho público estos días. Tampoco es frecuente que utilicen una expresión tan directa para describir la situación de la ciudad, «Santander está enferma».

Detrás de esta afirmación no hay únicamente una crítica a la gestión municipal de turno. Lo que plantean los colectivos vecinales es algo más profundo, la percepción de que la ciudad lleva años perdiendo dinamismo, identidad y capacidad para responder a los problemas reales de sus habitantes.

La denuncia pone sobre la mesa cuestiones que forman parte de la conversación cotidiana de muchos santanderinos. El acceso a la vivienda se ha convertido en un problema creciente para jóvenes y familias, los barrios denuncian carencias y una sensación de abandono, el comercio tradicional continúa perdiendo terreno mientras determinados espacios urbanos permanecen vacíos o infrautilizados, a ello se suman los problemas de movilidad, el envejecimiento de la población y la dificultad para generar oportunidades económicas que permitan retener talento y población joven.

La cuestión de fondo es si Santander está siendo capaz de definir un proyecto de ciudad para las próximas décadas o si continúa funcionando a base de actuaciones aisladas, muchas veces condicionadas por los calendarios electorales. La sensación de numerosos ciudadanos es que la ciudad ha entrado en una fase de estancamiento en la que abundan los anuncios, pero escasean los debates sobre el modelo de desarrollo que se quiere construir.

Por ello resulta especialmente relevante el llamamiento realizado por estas asociaciones - Cazoña, Cueto, Sardinero, Pombo - Cañadio y San Joaquin - para abrir un gran debate ciudadano. No se trata únicamente de señalar problemas, sino de buscar soluciones colectivas. Una ciudad democrática no puede limitar la participación de sus vecinos a depositar una papeleta cada cuatro años, necesita escuchar de forma permanente a quienes viven sus calles, utilizan sus servicios y conocen de primera mano las necesidades de cada barrio.

Santander posee recursos extraordinarios: una ubicación privilegiada, una rica historia, un importante patrimonio cultural y una ciudadanía comprometida. Sin embargo, ninguna ciudad progresa únicamente gracias a sus ventajas naturales, hace falta visión estratégica, planificación y capacidad para integrar a la sociedad civil en la toma de decisiones.

Quizá la mayor aportación de estas asociaciones no sea la denuncia en sí misma, sino la invitación a reflexionar. La pregunta que lanzan a la ciudadanía merece una respuesta serena y colectiva, ¿Qué Santander queremos dejar a las próximas generaciones?

Porque cuando son los propios vecinos quienes alertan de que una ciudad está enferma, lo más prudente no es discutir el diagnóstico, sino abrir cuanto antes la conversación sobre el tratamiento.

24 ago 2026

La SAREB y la vivienda pública en Cantabria, entre los anuncios políticos y la realidad de los hechos

La historia de la SAREB en Cantabria resume buena parte de los problemas estructurales de la política de vivienda en España, por un lado, un enorme patrimonio inmobiliario heredado de la crisis financiera de 2008, agrupado entorno a las administraciones públicas, incapaces en transformarlo en viviendas disponibles para quienes las necesitan.

El resultado, una sensación creciente de frustración ciudadana, especialmente al comprobar como los precios de compra y alquiler, alcanzan máximos históricos, como, promociones enteras continúan vacías, obras paralizadas y deteriorándose, mientras los anuncios institucionales, se suceden sin que la oferta pública crezca al ritmo que exige la demanda.

La SAREB nació en 2012 para absorber los activos tóxicos de las entidades financieras rescatadas. Sin embargo, lo que inicialmente se presentó como una solución temporal acabó convirtiéndose en una gigantesca bolsa inmobiliaria cuya gestión ha estado marcada por objetivos financieros antes que sociales.

La pregunta es inevitable, ¿por qué se ha esperado más de una década para intentar recuperar promociones que llevan abandonadas desde la crisis inmobiliaria?

Las propias declaraciones del Gobierno de Cantabria reflejan una contradicción que lleva años denunciándose.

En mayo de 2026, el consejero Roberto Media afirmó en el Parlamento que el ejecutivo regional tuvo que elevar dos veces su oferta para adquirir 63 viviendas en Los Corrales de Buelna, compitiendo incluso con compradores privados, según explicó, la SAREB quien al final adjudicó la operación al mejor postor, obligando a la administración a comportarse como si participara en una subasta inmobiliaria ordinaria.

El propio Gobierno regional llegó a acusar a la SAREB, de actuar como "un promotor privado más" y de anteponer la rentabilidad económica al interés social.

Los distintos gobiernos de Cantabria, independientemente de su color político, tampoco desarrollaron durante años una estrategia ambiciosa para movilizar este patrimonio. Las promociones de Los Corrales de Buelna, El Astillero o Santa Cruz de Bezana no quedaron paralizadas hace dos años, algunas llevan más de una década deteriorándose mientras se sucedían legislaturas, planes de vivienda y anuncios institucionales.

Es evidente que cuando finalmente se vayan a adquirir estas promociones abandonadas, los costes, van a ser muy superiores a los que habrían supuesto intervenciones tempranas, además de por edificios envejecidos, que deberán estar sometidos a nuevas normas y exigencias técnicas.

Por lo tanto, cabe preguntarse, si realmente estas viviendas vayan a ser baratas, y como ejemplo las 63 viviendas adquiridas en Los Corrales de Buelna, compradas inicialmente por unos 2,1 millones de euros, para al final tras varias negociaciones, superasen los 2,6 millones, al que se debieron incrementar entre otros, los gastos de adecuaciones técnicas, urbanización complementaria, honorarios, gastos jurídicos, etc. provocando un precio final superior al anunciado públicamente.

Y esto mismo es aplicable a los solares, un suelo sin desarrollar que bien pudiera parecer barato sobre el papel, pero que su transformación en vivienda va a requerir inversiones adicionales, plazos urbanísticos y riesgos financieros que rara vez aparecen en las notas de prensa.

Y ahora que se vuelven a llenar páginas en los medios informativos de Cantabria, volviendo a ofrecer viviendas sociales de la SAREB, cabe preguntarse si existen presupuestos, para garantizar la finalización de estas viviendas y promociones anunciadas, que ocurrirá si aparecen sobrecostes, quien va a financiar las futuras rehabilitaciones.

El Gobierno de Cantabria sostiene que está desarrollando una estrategia para ampliar el parque público de vivienda, entre ellas la incorporación de las 63 viviendas de Los Corrales de Buelna, y un primer plan para 285 viviendas públicas, además de un segundo plan que pretende generar más de 550 viviendas adicionales en 17 municipios mediante construcción directa, cesión de suelo y compra de activos procedentes de la SAREB.

Sobre el papel, las cifras son importantes, sin embargo, la experiencia acumulada aconseja prudencia. Entre el anuncio de una promoción y su ocupación efectiva pueden transcurrir años, por lo tanto, la valoración final solo cabe hacerse cuando se terminan en plazo y habitadas, no vaya a ser que la nueva promesa se convierta en pura propaganda.

La vivienda se ha convertido en uno de los principales instrumentos de confrontación política, mientras el Gobierno de España acusa a las comunidades autónomas de construir poco, estas culpan al Estado, de bloquear operaciones o de mantener precios elevados en los activos de la SAREB, mientras que ciudadanos continúan esperando.

Bajo mi punto de vista la cuestión central continúa sin respuesta, si la SAREB transfiere definitivamente sus activos a las administraciones públicas, ¿quién va a garantizar que las comunidades autónomas van a ser capaces de convertirlos rápidamente en viviendas asequibles? el desafío no consiste únicamente en comprar viviendas o solares, el desafío es terminarlos, adjudicarlos, mantenerlos y garantizar que cumplan la función social para la que se justificó su adquisición. 

18 ago 2026

Cantabria crea empleo, pero sigue pendiente la asignatura de la estabilidad laboral

El pasado mes de julio, Cantabria lideró el crecimiento del empleo en España. Sin embargo, este avance vuelve a responder a patrones ya conocidos que los sindicatos llevan tiempo señalando, un crecimiento estrechamente vinculado a la estacionalidad, concentrado en unos pocos sectores y con una tasa de contratación indefinida claramente inferior a la media nacional.

Los datos son a primera vista, positivos. En julio se registraron 5.795 nuevos afiliados a la Seguridad Social, que han supuesto un aumento del 2,39% respecto al mes anterior y una cobertura por desempleo del 71,5%, además, de mantener una evolución favorable en términos interanuales, reflejando la capacidad de la economía regional en la generación de nuevos puestos de trabajo, especialmente en el sector servicios.

Sin embargo, una lectura más detallada de las cifras pone de manifiesto importantes debilidades estructurales. La contratación indefinida apenas representa el 26% de los contratos firmados en Cantabria, muy lejos del 40% registrado a nivel nacional, diferencia que evidencia una mayor dependencia de la temporalidad y una menor estabilidad laboral para miles de trabajadores.

A ello se suma una cobertura por desempleo que, aunque ha mejorado, sigue dejando fuera a casi tres de cada diez personas en paro, un porcentaje que refleja las dificultades que todavía existen, para garantizar una protección social suficiente a quienes pierden su empleo.

Cantabria fue, junto con Andalucía y Extremadura, una de las comunidades donde más descendió el paro registrado durante julio. La incorporación de 5.795 nuevos afiliados a la Seguridad Social ha permitido superar ampliamente la media nacional de crecimiento del empleo, sin embargo, la cuestión clave no es solo cuántos empleos se crean, sino qué tipo de empleo se está generando.

La respuesta se encuentra en la propia composición de la afiliación. De las nuevas altas registradas en julio, cerca de 2.900 procedieron de la hostelería y alrededor de 1.600 del comercio. Entre ambos sectores concentraron más del 80% del crecimiento mensual del empleo, consiguiendo compensar los 1.700 trabajadores del sector educativo que cada año se incorporan al desempleo, mientras que el resto de las actividades económicas registraron aumentos mucho más modestos.

Es evidente que julio fue un buen mes para el empleo en términos cuantitativos, sin embargo, también es cierto que la contratación indefinida descendió cerca de un 4% respecto a junio, mientras que los contratos temporales crecieron por encima del 7% y todo ello con apenas un 26% de contratos indefinidos, situando a la región trece puntos por debajo de la media nacional.

Las estimaciones de CaixaBank Research apuntan precisamente a la necesidad de analizar estos datos con prudencia. Tener menos paro no significa necesariamente crear más empleo de calidad, la mejora del mercado laboral durante los meses de verano está estrechamente vinculada a la actividad turística y al consumo, mientras persisten problemas de fondo relacionados con la debilidad industrial de la comunidad autónoma.

Las previsiones económicas sitúan el crecimiento de Cantabria en torno al 2% para 2026, y ello condicionado por la insuficiente inversión y por la pérdida de dinamismo industrial frente a otras comunidades. El turismo, comercio y construcción pueden sostener parte de la actividad económica, pero difícilmente podrán compensar por sí solos la falta de un tejido productivo más diversificado y competitivo.

Desde el ámbito sindical también se pone el foco en la calidad del empleo y en la protección social. UGT recuerda que la cobertura por desempleo en Cantabria se sitúa casi nueve puntos por debajo de la media nacional, lo que supone que más de 9.400 trabajadores en la región no estén recibiendo ninguna prestación.

Que Cantabria haya liderado la creación de empleo en España durante el mes de julio es, sin duda, una noticia positiva. Hay más personas trabajando y menos desempleados que hace un mes. Sin embargo, también conviene preguntarse qué empleo se está creando y cuál será su continuidad una vez finalice la temporada alta.

Por lo tanto, la realidad tiene dos caras, se crea empleo, pero gran parte de ese empleo sigue siendo estacional, dependiente del turismo y de actividades vinculadas al verano. El verdadero desafío para Cantabria no es únicamente crear más puestos de trabajo, sino generar empleo estable, cualificado y con derechos, capaz de sostener el crecimiento económico durante todo el año y no solo durante unos meses. 

12 ago 2026

Piquio, la inauguración no cierra el debate, lo abre

La reapertura de los Jardines de Piquio pretendía ser una fotografía de éxito para el Ayuntamiento de Santander. Una obra terminada, una imagen renovada y un mensaje político sencillo, recuperar uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad respetando su esencia.

Sin embargo, apenas unas horas después de la inauguración, quedó claro que el debate seguía abierto, la ausencia de la histórica proa cerámica ha terminado convirtiéndose en el verdadero símbolo de la rehabilitación.

La alcaldesa defendió durante la presentación que los nuevos jardines serían "más nuevos, pero iguales", cuando la realidad es que una parte importante de la ciudadanía no percibe esa continuidad al desaparecer la proa, uno de los elementos más reconocibles del jardín, lo que hace muy difícil sostener que todo sigue igual.

El problema ya no es urbanístico, ni técnico, es político. La cuestión no es si existían informes que aconsejaban la retirada de la proa, la cuestión es quién tomó la decisión definitiva y por qué motivo se consideró que el valor histórico, sentimental y simbólico acumulado durante décadas era secundario frente a una interpretación estricta del proyecto original de 1925.

La política democrática exige asumir las decisiones propias, sin  embargo, cada vez es más frecuente observar una tendencia preocupante, la de convertir los informes técnicos en escudos políticos, presentando una decisión como inevitable porque lo “hayan dicho los técnicos”, cuando en realidad los técnicos asesoran y los gobiernos deciden.

Y precisamente por eso la polémica de Piquio trasciende la desaparición de una estructura cerámica. Lo que muchos ciudadanos perciben es una forma de gobernar donde las decisiones se adoptan desde los despachos y se comunican como hechos consumados.

Resulta especialmente llamativo que el Ayuntamiento promoviera procesos participativos para cuestiones menores de la remodelación y, sin embargo, no impulsara un debate ciudadano sobre la desaparición de uno de los elementos más identificables del parque. Se pidió opinión para elegir detalles estéticos, pero no para decidir sobre un símbolo que formaba parte de la memoria colectiva de Santander.

La reacción ciudadana posterior a la inauguración demuestra que la cuestión no era anecdótica. Las redes sociales, los comentarios vecinales y las comparaciones fotográficas han puesto de manifiesto que la proa formaba parte del imaginario sentimental de la ciudad. Quizá no aparecía en los planos originales, pero sí estaba presente en la memoria de varias generaciones.

Y una ciudad no se construye únicamente con proyectos y expedientes, lo hace también con recuerdos. La paradoja es evidente. La rehabilitación de Piquio perseguía recuperar la identidad histórica del lugar y ha terminado generando un debate sobre la pérdida de una parte de esa identidad. No porque desaparezca un elemento arquitectónico de gran valor artístico, sino porque desaparece un símbolo que los ciudadanos habían incorporado como propio.

Por eso la inauguración no ha cerrado la discusión, al contrario, ha puesto sobre la mesa preguntas que el Ayuntamiento sigue sin responder: ¿era imposible restaurar la proa?, ¿se estudiaron alternativas?, ¿se valoró el impacto emocional de su desaparición?, ¿por qué no se consultó a los vecinos? Son preguntas legítimas en una democracia local.

Porque el verdadero patrimonio de una ciudad no son únicamente sus piedras, sus planos o sus documentos históricos, también lo son los símbolos que la ciudadanía reconoce como parte de su historia.

La proa de Piquio ya no está, lo que queda por saber es si el Ayuntamiento ha comprendido por qué tantos santanderinos siguen hablando de ella después de la inauguración.

Tome buena nota la alcaldesa Gema Igual. Cuando una administración deja de escuchar a la ciudad real para escuchar únicamente a los expedientes, corre el riesgo de perder algo más importante que un elemento ornamental, la confianza de los ciudadanos.