Durante
meses parecía políticamente imposible que el Partido Regionalista de Cantabria fuera
apoyar los presupuestos del Gobierno del Partido Popular. Las condiciones
iniciales del PRC eran duras y su discurso público mantenía una clara distancia
respecto al Ejecutivo de María José Sáenz de Buruaga. Sin embargo, el acuerdo
finalmente ha llegado, sorprendiendo a buena parte de los cántabros.
Más allá de
las medidas concretas del pacto, la clave parece estar menos en la gestión
inmediata – a la que se venía agarrando con uñas y dientes el partido - y más
en la estrategia política de cara a las elecciones autonómicas de 2027 y al
futuro del liderazgo regionalista tras décadas marcadas por Miguel Ángel
Revilla.
El
movimiento, según mi opinión, pudiera interpretarse como un intento del PRC de
recuperar su papel tradicional como partido bisagra en la política cántabra.
Durante años, esa posición le permitió pactar con fuerzas de distinto signo
ideológico y reforzar su imagen de partido pragmático, centrado en los
intereses de Cantabria por encima de los bloques políticos.
Tras un
largo periodo de gobierno junto al PSOE, los regionalistas parecen querer
marcar distancias y reconstruir una identidad política propia, y para ello
pactar ahora con el PP les puede permitir lanzar un mensaje claro, el de un
partido que quiere presentarse de nuevo como una fuerza independiente, y a la
vez dispuesto a negociar con quien fuera necesario, si con ello se beneficia a
la comunidad autónoma.
Después de
perder el Gobierno en 2023, el partido pasó a la oposición, en una situación
muy difícil de asumir, por lo que este acuerdo presupuestario, pudiera
permitirle mantener, cierta capacidad de influencia política sin asumir el
desgaste del pacto presupuestario. Además, ofrece la posibilidad de presentar
resultados concretos ante su electorado, especialmente en comarcas donde su
implantación es fuerte, al mismo tiempo que suaviza la radicalidad expresada
por algunos de los alcaldes regionalistas.
El pacto
también se produce en un momento clave para el partido: la transición
generacional. Con el horizonte del relevo de Revilla – con un poco de suerte a
manos de Paula Fernández Viaña - el PRC necesita mantener presencia
institucional, visibilidad y capacidad de negociación para consolidar nuevos
liderazgos.
Visto así,
el acuerdo no es solo una decisión coyuntural. Es también un movimiento dentro
de una estrategia más amplia para llegar a 2027 reforzando tres ideas claves,
su utilidad política, la independencia ideológica – que algunos vinculaban
actualmente al partido socialistas - y capacidad de negociación.
El tiempo
dirá si la jugada resulta eficaz. Pero lo que parece claro es que este acuerdo
presupuestario marca el inicio de un nuevo movimiento en el tablero político
cántabro.






