Pues ahora
resulta que Luis del Castillo ya no tiene arraigo en Cantabria. Tampoco cuenta
su infancia en Santander, donde residió desde los dos años, ni parece importar
que ejerciera como coronel jefe de la Guardia Civil en Cantabria entre 2016 y
2022. Mucho menos que alcanzara el empleo de teniente general o que fuera
designado para dirigir el Mando de Operaciones (MOPS) de la Guardia Civil, uno
de los puestos de mayor responsabilidad de la institución.
Todos esos
méritos sirvieron para concederle el Emboque de Oro. Hoy, sin embargo, parecen
haber desaparecido de un plumazo.
Basta una
polémica interna entre guardias civiles, para que la Casa de Cantabria de
Madrid haya decidido – según el Diario Montañes - retirarle de forma preventiva
una distinción que le fue otorgada precisamente por su trayectoria personal y
profesional. Y, para completar la operación, la decisión se haya aireado
públicamente con una rapidez que contrasta con la prudencia que debería
exigirse cuando todavía existen numerosas incógnitas sobre lo sucedido.
Lo más
sorprendente es que nadie parece preguntarse si los méritos que justificaron el
premio han cambiado. Porque si siguen siendo los mismos, la cuestión no es Luis
del Castillo, sino la consistencia de quienes conceden y retiran
reconocimientos según sopla el viento.
En el origen
de esta historia aparece una controversia relacionada con el cumplimiento de
órdenes y la asistencia a un acto institucional. Una discrepancia que algunos
han transformado rápidamente en un conflicto político y mediático. Como tantas
veces ocurre, antes de que se conozcan todos los detalles ya se han dictado
sentencias en tertulias, despachos y redacciones.
Mientras
tanto, la Casa de Cantabria en Madrid, guarda una explicación que sigue sin
convencer, la de si existen razones objetivas y suficientemente graves para
retirar el galardón.
Pero si la
decisión responde a presiones, intereses particulares o al deseo de evitar
incomodidades, entonces quien queda en entredicho no es el galardonado, sino la
propia institución que concede el premio.
Porque los
reconocimientos tienen valor cuando distinguen trayectorias y méritos. Cuando
se utilizan para contentar a unos o castigar a otros, dejan de ser
reconocimientos y se convierten en simples herramientas de conveniencia.
La Casa de
Cantabria haría bien en aclarar qué ha cambiado exactamente. Porque si los
méritos de Luis del Castillo siguen siendo los mismos que el día en que recibió
el Emboque de Oro, la retirada preventiva no degrada al premiado. Degrada al
premio.
Y un premio
que pierde credibilidad acaba convirtiéndose en poco más que una pieza
decorativa sin prestigio ni representatividad.






