Los Jardines
de Piquio están a punto de abrir sus puertas después de años de obras,
retrasos, sobrecostes y una interminable sucesión de anuncios institucionales.
El Ayuntamiento de Santander ha puesto el acento en la recuperación de
barandillas, pavimentos, pérgolas, fuentes y elementos históricos como la Bola
del Mundo o la mesa circular de piedra. Sin embargo, hay una pregunta que sigue
sin respuesta y que muchos santanderinos comienzan a hacerse: ¿dónde está la
histórica Proa de Piquio?
Durante
décadas, aquella singular pieza cerámica formó parte de la identidad visual de
uno de los lugares más emblemáticos de Santander, era un elemento perfectamente
reconocible para generaciones de vecinos y visitantes, sin embargo, con la
reapertura de los jardines, la proa ha desaparecido sin que exista explicación
pública alguna sobre su paradero.
Lo más
llamativo es que el Proyecto de Renovación y Acondicionamiento de los Jardines
de Piquio y su entorno, redactado en marzo de 2022 por dos ingenieros, entre
ellos el Ingeniero Civil del Servicio de Vialidad, no contemplaba ninguna
retirada definitiva de este elemento patrimonial, que contaba con un
presupuesto de 1.742.642,48 euros y un plazo de ejecución de nueve meses.
La realidad,
una vez más, ha sido muy distinta. El coste definitivo de la remodelación se
sitúa en torno a los 2,61 millones de euros, según los datos facilitados por el
propio Ayuntamiento al finalizar las obras en julio de 2026, cifra que supone
un incremento cercano al 92% respecto al presupuesto de adjudicación de 2024,
fijado entonces en 1.360.128 euros.
Y aquí es
donde surgen las dudas razonables. He revisado la información pública
disponible sobre las obras y la reapertura de Piquio, los comunicados
municipales que detallan con precisión actuaciones sobre muros, barandillas
ornamentales, fuentes, pavimentos, pórticos, vigas de pérgolas y otros
elementos históricos recuperados, sin que aparezca ni una sola referencia
pública que explique lo qué ha ocurrido con la Proa de Piquio, dónde se
encuentra actualmente o si existe intención de reinstalarla.
Resulta
sorprendente que se informe hasta del pintado de los faldones inferiores de las
barandillas perimetrales y, sin embargo, nada se diga sobre un elemento tan
característico y simbólico para la ciudad.
Por ello,
sería conveniente que los grupos de la oposición municipal revisaran con
detalle la documentación de la obra, cruzando el proyecto inicial con la
justificación final de los gastos. Porque hasta la fecha, las explicaciones
conocidas sobre el incremento presupuestario no dejan de ser una enumeración
genérica de trabajos que, en gran medida, ya figuraban recogidos y valorados en
el proyecto original.
Los
santanderinos tienen derecho a saber qué ha pasado con cada euro invertido y
también con cada elemento patrimonial que formaba parte de este espacio
público.
Salvo que
algún listo - y no sería la primera vez que ocurre algo parecido en esta ciudad
- haya decidido apropiarse de lo que pertenece a todos, la alcaldesa Gema Igual
debería aclarar de inmediato cuál es la situación de la Proa de Piquio.
Si la pieza
está siendo restaurada, explíquese públicamente. Si se encuentra almacenada,
dígase dónde y en qué condiciones. Y si se ha tomado la decisión de no
reinstalarla, la ciudadanía merece conocer los motivos de una decisión que
afecta directamente al patrimonio urbano de Santander.
Porque no
estamos hablando simplemente de un elemento decorativo, estamos hablando de una
parte de la memoria sentimental de la ciudad, de un símbolo que ha acompañado
durante décadas a quienes han paseado por Piquio, han contemplado desde allí el
Sardinero y sus playas o simplemente han crecido identificando aquel rincón con
una imagen singular e irrepetible.
La Proa de
Piquio no pertenece a ningún gobierno municipal, pertenece a la memoria
colectiva de Santander, y precisamente por eso, los santanderinos tienen
derecho a saber dónde está.






