10 abr 2026
Las vallas de Santander tapan años de dejadez
8 abr 2026
Tango el arte de acompañarnos en tiempos difíciles
Si algún día
te acercas a una milonga, lo primero que descubrirás será la imagen de dos
personas moviéndose por la pista, un hombre y una mujer que deslizan los pies
con una suavidad casi felina, envueltos por una música intensa. A simple vista,
parecería que apenas se conocen; su concentración es tal que todo lo demás
desaparece.
Pero esa es
solo la superficie. En el tango no hace falta una identificación previa con la
pareja. Cada tango es una experiencia nueva, irrepetible, que se construye a
partir del abrazo, del instante y de la música elegida. Cada encuentro es
distinto, y cada baile es, en sí mismo, una historia.
Por eso te
invito a bailar tango. Te invito a vivir esa experiencia única donde los
sentimientos encuentran su cauce, donde las habilidades se entrelazan con
cadencias, giros, sacadas, cortes y quebradas que hacen de cada danza un
universo distinto. No exagero, quien lo ha probado sabe que bailar tango es
algo que no se repite jamás del mismo modo.
A los que lo
bailamos nos gusta decir que, en el tango, se bailan incluso los silencios.
Esos silencios que, suspendidos en el tiempo, nos recuerdan que no estamos
solos. El ritmo compartido, la sintonía con el otro y el placer sensorial del
movimiento nos hacen sentir que atravesamos un reto emocional e intelectual.
Por eso, el tango es mucho más que un baile, es una manera de encontrarnos,
incluso cuando el mundo parece desordenarse.
4 abr 2026
Alcaldesa, narrar el dolor no basta, la verdad exige hechos
Llevamos más
de un mes desde que seis jóvenes murieron en el Bocal de la senda costera de
Santander. Seis. Y ha tenido que pasar todo este tiempo para que la alcaldesa,
Gema Igual, publique en el Diario Montañés un artículo en el que nos
habla de dolor y verdad.
Dice que
cada día se asoma al precipicio del dolor. Yo la recuerdo, con todo el respeto
que merece el cargo que ocupa, que el precipicio real fue el del Bocal, y que
quienes cayeron por él, no lo hicieron metafóricamente.
Dice que
cada mañana empieza pidiendo serenidad y reclamando que se conozca la verdad, y
lo dice como si esa verdad fuera algo ajeno a ella, algo que está ahí fuera
esperando a ser descubierto, como si el Ayuntamiento que preside no fuera parte
fundamental de la historia que hay que explicar.
Porque la
verdad, alcaldesa, no está tan lejos. Está en el estado en el que se encontraba
esa pasarela, en los materiales con los que fue construida, en los años que
pasaron sin que nadie le dedicara la atención, el tiempo y el presupuesto que
necesitaba una infraestructura junto al mar, sometida a condiciones
climatológicas exigentes que sin duda alguna requería un mantenimiento serio y
continuado, que no lo tuvo.
En las
últimas semanas hemos leído muchas páginas de periódico con referencias a la
Confederación Hidrográfica del Norte. Puede que la Confederación tenga también
responsabilidades que responder, y los tribunales lo determinarán. Pero señalar
hacia otro lado no es buscar la verdad, es precisamente, alejarse de ella.
La verdad
que las familias merecen no es la que más convenga políticamente. Es la que
explique, sin eufemismos, qué falló, cuándo empezó a fallar, quién lo sabía y
qué se hizo al respecto. Esa verdad incluye al Ayuntamiento, incluye a quienes
tuvieron responsabilidad en el mantenimiento de la senda costera durante estos
años. Y apelar ahora al compromiso con las familias, después de semanas de
relato institucional, suena a poco si no va acompañado de una transparencia
real y sin condiciones.
No hace
falta esperar a las sentencias judiciales para reconocer lo evidente, hubo un
fallo de mantenimiento grave, con consecuencias irreparables, los juzgados
pondrán blanco sobre negro las responsabilidades penales y civiles. Pero la
responsabilidad política no necesita sentencia, se ejerce, o no se ejerce, cada
día desde el cargo.
Santander
lleva semanas llenándose de vallas, pasarelas clausuradas, miradores cerrados, -
el Sardinero precintado - y en cada caso siempre surge la misma pregunta, ¿cuánto
tiempo llevaba esto así?, y si alguien lo sabía.
Lo que ha
cambiado no es solo el estado de las infraestructuras, es la confianza de los
vecinos, en quienes tienen la obligación de cuidar los espacios de todos, esa
confianza que no se recupera con columnas en el periódico, se recupera con
hechos, con transparencia y con la honestidad de asumir lo que corresponde
asumir
1 abr 2026
El Cabildo de Arriba, más de una década esperando el plan que nadie cumple
En septiembre de 2013, el Ayuntamiento de Santander presentó un ambicioso Plan Especial de Protección y Reforma Interior para la recuperación del Cabildo de Arriba, respaldado por la asistencia técnica de las empresas AUGE Arquitectura y Urbanismo y APIA XXI. El anuncio sonó a promesa seria. Parecía, por fin, el inicio de una nueva etapa para uno de los barrios más castigados del centro de la ciudad.
Más de diez años después, aquella promesa sigue sin cumplirse, a pesar de que el diagnóstico que lo decía todo.
El informe
de 2013 describía sin rodeos la situación del Cabildo de Arriba, "un
barrio en el corazón de la ciudad, en el que parte de los edificios ya no
existen, y los que se mantienen en pie cuentan con multitud de viviendas
vacías". Los técnicos alertaban también de la ocupación de esas viviendas
abandonadas por personas en situación de grave exclusión social y económica.
La
conclusión era clara, la recuperación edificio a edificio resultaba inviable.
Lo que se necesitaba era una intervención pública decidida, una rehabilitación
integral, el retorno de la población tradicional y políticas sociales capaces
de frenar el deterioro. Estaba todo escrito. Todo diagnosticado, y sin embargo,
nada ocurrió. Los años han ido pasando y esa intervención integral nunca ha
llegado.
Tanto la
administración autonómica como la municipal parecen haber optado por una
estrategia diferente, la de confiar en que el mercado privado absorba
lentamente las viviendas vacías y los inmuebles con graves deficiencias
estructurales. Una solución cómoda para quienes gestionan desde los despachos,
pero insoportable para quienes viven cada día en el barrio, lidiando con la
degradación, la incertidumbre y una sensación de abandono que se acumula año
tras año.
En este
tiempo no han faltado los planes, los borradores, las reuniones ni los
titulares de prensa. Lo que ha faltado es la acción.
Hace unos
meses se anunció el derribo de dos edificios en la calle Alta. La noticia se
presentó, una vez más, como el primer paso hacia la regeneración definitiva del
barrio. Los vecinos, sin embargo, llevan demasiado tiempo escuchando promesas
parecidas como para ilusionarse con gestos aislados. Para ellos, esto no es más
que otro parche, otra actuación puntual que sirve más para rellenar portadas
que para transformar la realidad cotidiana del Cabildo.
El barrio no
esta pidiendo nada extraordinario. Solo lo que ya estaba escrito en 2013, un
plan claro, serio y, sobre todo, cumplido. Sus vecinos llevan más de una década
reivindicando algo que debería ser un derecho básico e innegociable, vivir en
un barrio digno, cuidado y respetado.
Mientras las
administraciones siguen aplazando decisiones, el Cabildo de Arriba continúa
esperando. Y el reloj sigue corriendo.
29 mar 2026
De Cantabria a Wall Street, cuando tus datos de salud entran en el mercado
Se nos viene
repitiendo por parte del Consejero de Sanidad que proyectos como el de Cohorte
Cantabria representan el futuro de la medicina, la prevención, el diagnóstico
precoz y el tratamiento personalizado. Todo ello apoyado en un principio
aparentemente incuestionable, de que cuantos más datos tengamos, mejor podremos
cuidar la salud de la población. Y, sin embargo, hay una pregunta que rara vez
se formula con claridad, ¿qué ocurre cuando esos datos salen del ámbito público
y entran en la lógica del mercado?
La
experiencia internacional ofrece pistas. Modelos como el de UK Biobank en el
Reino Unido ha demostrado el enorme valor científico de las grandes bases de
datos poblacionales. Pero también abierto la puerta a colaboraciones con
empresas privadas capaces de convertir esa información en patentes,
medicamentos y en última instancia, beneficios multimillonarios.
El mecanismo
es sutil. Ningún ciudadano vende directamente sus datos. Nadie firma un
contrato con una farmacéutica. Todo se hace a través de intermediarios legítimos,
institutos de investigación, universidades, biobancos públicos, encargados de
codificar y supuestamente proteger dando una sensación de protección legal
impecable. Pero económicamente, el resultado es claro, la información generada
de forma colectiva acaba alimentando circuitos de valor privados.
En este
contexto, Cohorte Cantabria deja de ser un proyecto regional para convertirse
en una pieza potencial de un engranaje mucho mayor. Hoy es una base de datos pública,
gestionada por instituciones como el sistema sanitario y centros de investigación
(IDIVAL) para mañana convertirse – como es el caso - en parte de redes
internacionales ( Regeneron Pharmaceuticals ) donde los límites entre lo público
y lo privado son cada vez más difusos.
No se trata
de demonizar la colaboración con la industria. Sin empresas farmacéuticas no
hay ensayos clínicos a gran escala, ni capacidad de producción, ni llegada real
de los tratamientos al paciente. El problema aparece cuando el equilibrio se
rompe, cuando el ciudadano aporta datos, el sistema público organiza el
conocimiento y el retorno económico queda concentrado en actores privados.
Aquí es
donde el debate debería volverse más exigente. No basta con garantizar la
protección de datos. No basta con cumplir la ley. La cuestión de fondo es otra,
¿qué obtiene la sociedad cántabra a cambio? ¿Existe un retorno tangible, más
allá de promesas futuras? ¿Se reinvierte ese valor en el sistema público que
hizo posible la investigación?
Porque el
riesgo no es inmediato ni visible. No hay un escándalo evidente, ni un uso
ilegal de la información. Lo que hay es algo más complejo, una transferencia
silenciosa de valor desde lo colectivo hacia lo privado, legitimada por el
discurso del progreso científico.
Cohorte
Cantabria, como tantos otros proyectos similares, se mueve en esa frontera.
Puede ser una herramienta poderosa al servicio del bien común o una fuente de
valor que otros sabrán capitalizar mejor. Todo dependerá de las reglas del
juego que se establezcan hoy.
La decisión,
en última instancia, no es técnica. Es política. Y consiste en responder con
honestidad a una pregunta incómoda, en la medicina del futuro, ¿los datos de
todos servirán realmente para el beneficio de todos?
23 mar 2026
Cuba entre el bloqueo y un relato interesado
He leído en El Diario Montañés del 22 de marzo un artículo de Manuel Ángel Castañeda titulado “Cuba, se desmerenga el mito de la revolución”. En él se presenta la situación actual de la isla como la prueba definitiva del fracaso de su sistema político. Sin embargo, el análisis resulta demasiado simple para explicar una realidad mucho más compleja.
Reducir las
penurias económicas de Cuba únicamente a su modelo político es olvidar un
factor decisivo: el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos desde hace
más de sesenta años. Pocas economías en el mundo han tenido que sobrevivir
durante tanto tiempo bajo un régimen de sanciones que limita el comercio, la
financiación internacional y hasta la compra de productos básicos.
Las
consecuencias de ese cerco se reflejan en datos concretos. Las pérdidas
acumuladas para la economía cubana superan los 150.000 millones de dólares y
cada año la isla afronta enormes dificultades para importar combustible,
alimentos o medicamentos. Incluso empresas de terceros países evitan comerciar
con Cuba por miedo a sanciones.
A esta
situación se suma ahora una nueva amenaza política desde Washington. El retorno
de Donald Trump al poder viene acompañado de una retórica aún más dura hacia la
isla y de la intención declarada de endurecer el aislamiento económico. Ese
tipo de políticas no solo persiguen presionar al gobierno cubano; en la
práctica terminan agravando las condiciones de vida de la población, provocando
mayores dificultades alimentarias, sanitarias y energéticas en un país que ya
vive bajo una presión económica extraordinaria.
En el
artículo también se menciona la escasez actual de petróleo procedente de
Venezuela, como si fuera una especie de castigo histórico que revela el fracaso
del sistema cubano. Pero la realidad energética de la isla también está
condicionada por las sanciones que afectan al transporte marítimo, a las
aseguradoras y a cualquier empresa que decida vender combustible a Cuba.
Por
supuesto, Cuba tiene problemas internos y su sistema político puede ser objeto
de crítica. Pero analizar la situación del país sin tener en cuenta más de seis
décadas de presión económica externa no es un ejercicio de rigor, sino de
simplificación.
Antes de
hablar del derrumbe de un mito, quizá convendría reconocer que un país pequeño
ha tenido que sobrevivir durante décadas bajo un cerco económico casi
permanente. Y que, pese a todas sus dificultades, el pueblo cubano sigue
resistiendo una situación que difícilmente sería soportable para cualquier otra
nación.
14 mar 2026
El regreso del PRC como fuerza bisagra
Durante
meses parecía políticamente imposible que el Partido Regionalista de Cantabria fuera
apoyar los presupuestos del Gobierno del Partido Popular. Las condiciones
iniciales del PRC eran duras y su discurso público mantenía una clara distancia
respecto al Ejecutivo de María José Sáenz de Buruaga. Sin embargo, el acuerdo
finalmente ha llegado, sorprendiendo a buena parte de los cántabros.
Más allá de
las medidas concretas del pacto, la clave parece estar menos en la gestión
inmediata – a la que se venía agarrando con uñas y dientes el partido - y más
en la estrategia política de cara a las elecciones autonómicas de 2027 y al
futuro del liderazgo regionalista tras décadas marcadas por Miguel Ángel
Revilla.
El
movimiento, según mi opinión, pudiera interpretarse como un intento del PRC de
recuperar su papel tradicional como partido bisagra en la política cántabra.
Durante años, esa posición le permitió pactar con fuerzas de distinto signo
ideológico y reforzar su imagen de partido pragmático, centrado en los
intereses de Cantabria por encima de los bloques políticos.
Tras un
largo periodo de gobierno junto al PSOE, los regionalistas parecen querer
marcar distancias y reconstruir una identidad política propia, y para ello
pactar ahora con el PP les puede permitir lanzar un mensaje claro, el de un
partido que quiere presentarse de nuevo como una fuerza independiente, y a la
vez dispuesto a negociar con quien fuera necesario, si con ello se beneficia a
la comunidad autónoma.
Después de
perder el Gobierno en 2023, el partido pasó a la oposición, en una situación
muy difícil de asumir, por lo que este acuerdo presupuestario, pudiera
permitirle mantener, cierta capacidad de influencia política sin asumir el
desgaste del pacto presupuestario. Además, ofrece la posibilidad de presentar
resultados concretos ante su electorado, especialmente en comarcas donde su
implantación es fuerte, al mismo tiempo que suaviza la radicalidad expresada
por algunos de los alcaldes regionalistas.
El pacto
también se produce en un momento clave para el partido: la transición
generacional. Con el horizonte del relevo de Revilla – con un poco de suerte a
manos de Paula Fernández Viaña - el PRC necesita mantener presencia
institucional, visibilidad y capacidad de negociación para consolidar nuevos
liderazgos.
Visto así,
el acuerdo no es solo una decisión coyuntural. Es también un movimiento dentro
de una estrategia más amplia para llegar a 2027 reforzando tres ideas claves,
su utilidad política, la independencia ideológica – que algunos vinculaban
actualmente al partido socialistas - y capacidad de negociación.
El tiempo
dirá si la jugada resulta eficaz. Pero lo que parece claro es que este acuerdo
presupuestario marca el inicio de un nuevo movimiento en el tablero político
cántabro.






