Leí
el artículo de Manuel Ángel Castañeda publicado el sábado 13 de septiembre en
El Diario Montañés, «Las razones del crecimiento de la ultraderecha», con la
curiosidad de quien busca un análisis y con la sensación, al terminar, de haber
leído más bien una defensa. Una defensa hecha, además, con el truco más viejo
del oficio, explicar minuciosamente el fenómeno sin decir nunca su nombre. Vox,
el partido que más crece de todos, sin aparecer en ninguno de los párrafos, y
además sin recoger ni una sola propuesta concreta. Se nos describe el incendio con detalle
forense, pero se evita señalar quién sostiene la cerilla.
Esa
omisión no es casual, es el método, porque el artículo reparte las culpas del
ascenso de la extrema derecha con una balanza que solo pesa, por un lado, en la
izquierda progresista – PSOE – que recorriendo el texto se le declara
responsable directo, y el PP que lo atraviesa de puntillas, sin que se le
nombre siquiera, dibujado como mucho como un partido «incapaz» de frenar la
pérdida de poder adquisitivo de las clases medias o de «presentar programas
ilusionantes» - una mediocridad amable, nunca una responsabilidad política.
Mientras tanto, quienes de verdad quieren desmontar derechos sociales
conquistados en cuatro décadas de democracia no reciben ni una línea de crítica
ni una sola cita de sus propuestas.
Y
de paso, sumándose a la crítica generalizada contra la izquierda y
disfrazándola de diagnóstico neutral, el texto reproduce sin valorar frases que
son, literalmente, discurso de la propia extrema derecha. «La falta de
programas de la izquierda, que se ha encerrado en un integrismo ecológico»,
escribe Castañeda, devaluando con esa sola etiqueta cualquier política
ambiental seria, siguiendo con una «fiscalidad casi confiscatoria» colgada sin
matiz ni fuente contra el Gobierno, como si repetir el eslogan bastara para
convertirlo en análisis.
El
tratamiento de la inmigración es donde el artículo pierde ya cualquier
pretensión de objetividad. Se la describe en bloque como «ilegal», como
personas que «no pagan impuestos» y que «deterioran la capacidad de los
españoles con menor preparación, al ser ellos quienes ocupan sus empleos».
Ninguna
de esas tres afirmaciones se sostiene con un dato, y las tres son, línea por
línea, el argumentario que Vox repite en cada mitin. Y llega el turno de la
vivienda, quizá el pasaje más revelador de todos, para Castañeda era «un asunto
menor» hasta que, según deja caer sin necesidad de decirlo del todo, llegaron
los inmigrantes y los precios se dispararon, una correlación insinuada como
causa, sin una sola cifra que la sostenga.
El
artículo tampoco podía prescindir de la corrupción como explicación del giro
del voto, y aquí el truco es distinto, la simetría impostada. Primero, con
nombre y apellido, los casos socialistas - Ábalos, Cerdán, Koldo, Zapatero,
para después, casi como compensación obligada y con menos aire, los del otro
lado - Bárcenas, Rato, Zaplana, Correa. Un «café para todos» que iguala en el
papel lo que el resto del artículo nunca trata igual, y que deja intacta la
conclusión que interesa, la culpa es sobre todo de un lado.
No
falta tampoco el trato del Gobierno a los presos de ETA, invocado en cuanto se
cumplen sentencias - sean las que sean, aunque las condenas ya se hayan
cumplido - como una razón más para justificar el voto a la extrema derecha, sin
hacer falta nombrar a Vox por ningún lado.
Un
pequeño apunte económico cierra el argumentario, la subida del salario que
según nos dice el articulo «se la come la inflación», para concluir que solo se
resolverá - tanto desatino - con una especie de pacto imposible entre los dos
partidos mayoritarios. Una conclusión que exime, otra vez, a quien más se
beneficia de que ese pacto nunca llegue.
¿Qué
pretende Castañeda con este artículo? Puede que solo quisiera hacer un listado
de agravios, sin más pretensión que la de enumerar. Pero el efecto de un texto
no depende de la intención declarada, sino de lo que reafirma en quien lo lee,
y este artículo reafirma, punto por punto, la crítica que la extrema derecha
hace habitualmente de todo y de todos, sin necesidad de firmarla con su nombre.
Se puede escribir sobre el auge de Vox sin escribir la palabra Vox. Lo que no
se puede es fingir después que eso es análisis y no lo que en realidad es, un
editorial de la ultraderecha con firma prestada.






