Crónicas desde el borde
9 jun 2026
Lo que León XIV dijo en las Cortes, y merece la pena escuchar
6 jun 2026
La conciencia obrera también defiende la historia de una comunidad
Se trata de una valoración que resulta excesivamente radical y, en cierta medida, arrogante. Especialmente cuando califica de ingenuos a quienes consideran la empresa como algo propio o cuando cuestiona la conciencia sindical y obrera de los trabajadores, concluyendo que solo "armados de conciencia de clase" pueden defenderse eficazmente sus derechos.
La realidad demuestra precisamente que los trabajadores de Nestlé y sus representantes sindicales están defendiendo sus puestos de trabajo mediante movilizaciones, concentraciones y acciones colectivas. Están confrontando las decisiones de una dirección empresarial que parece considerar el despido colectivo como la solución más cómoda ante los desafíos de una reconversión técnica, productiva o económica.
Sin embargo, la defensa sindical de los derechos laborales no es incompatible con el respeto a los sentimientos y experiencias de quienes han dedicado décadas de su vida a una empresa. Especialmente entre los trabajadores de mayor antigüedad existe una fuerte vinculación emocional con la fábrica y con el entorno social y económico que se ha construido a su alrededor.
Durante décadas, la actividad industrial no solo generó empleo directo, también articuló la vida económica y social de toda una comarca. Los ganaderos suministraban la leche a la fábrica, los hijos sustituían a sus padres en los puestos de trabajo y la empresa colaboraba en el sostenimiento de numerosas actividades culturales, deportivas y sociales promovidas por los ayuntamientos de la zona, entre otros.
Ese arraigo ha generado un sentimiento de pertenencia e identificación con la empresa que algunos, desde una visión simplista, podrían comparar con una especie de "síndrome de Estocolmo", pero esa comparación resulta injusta. Lo que existe es el resultado de décadas de convivencia, de dependencia mutua y de construcción compartida de riqueza y bienestar, un sentimiento perfectamente comprensible y que merece respeto.
Los trabajadores han demostrado precisamente esa implicación durante el conflicto actual. Su lucha no responde únicamente a la defensa de un salario o de unas condiciones laborales, también están defendiendo un modelo económico y social que ha proporcionado estabilidad y cohesión a generaciones enteras de familias.
Esta realidad no es exclusiva de Nestlé, ocurrió anteriormente en Sniace, en Nueva Montaña Quijano, Sidenor, en comarcas de los Valles Pasiegos, en el sector de la conserva y en tantas otras industrias que marcaron – y están marcando - la identidad y el desarrollo económico de sus comarcas.
Cuando una empresa se convierte durante décadas en la principal referencia económica y social de un territorio, resulta difícil aceptar que decisiones adoptadas en despachos de multinacionales, a cientos o miles de kilómetros del centro de trabajo, puedan poner en riesgo empleos, proyectos de vida y el futuro de toda una comunidad.
Por eso, cuando se anuncian recortes de plantilla, cierres o procesos de deslocalización, la reacción de los trabajadores no puede interpretarse como una simple resistencia al cambio. Es la respuesta legítima de quienes ven amenazado no solo su empleo, sino también el tejido social y económico que ellos mismos han contribuido a construir con su esfuerzo, compromiso y trabajo durante décadas.
La conciencia de clase no se mide por el grado de desapego hacia una empresa, se demuestra organizándose, movilizándose y defendiendo colectivamente los derechos laborales, y eso es exactamente lo que están haciendo hoy los trabajadores de Nestlé.
1 jun 2026
Las víctimas invisibles del nuevo Santander
Santander
corre el riesgo de convertirse en una ciudad pensada más para quien la visita
que para quien la vive. Mientras se habla de turismo, modernidad y proyección
exterior, muchos vecinos se enfrentan a una realidad marcada por el
encarecimiento de la vivienda, la pérdida de servicios, el deterioro de algunos
barrios y una creciente sensación de inseguridad.
La expansión
de las viviendas turísticas y la reducción del alquiler residencial están
dificultando el acceso a la vivienda para jóvenes, familias y trabajadores.
Cada vez son más quienes destinan una parte excesiva de sus ingresos al
alquiler o se ven obligados a abandonar la ciudad.
A ello se
suman las quejas vecinales por la falta de atención en determinados barrios, el
desgaste de los servicios públicos y la percepción de que muchas decisiones
urbanísticas se toman sin suficiente participación ciudadana.
El problema
no es el turismo en sí, sino la ausencia de un equilibrio que garantice que el
desarrollo económico no se haga a costa de quienes sostienen la vida cotidiana
de la ciudad.
La cuestión
es sencilla: ¿queremos una Santander convertida en escaparate para visitantes e
inversores o una ciudad que siga siendo habitable para sus vecinos? Porque una
ciudad que expulsa poco a poco a quienes viven y trabajan en ella acaba
perdiendo aquello que la hace única, su comunidad y su identidad
25 may 2026
Cortiguera o la vergüenza cultural de Santander, cuando la iniciativa privada tapa el vacío público
Hay noticias que, más que celebrar, obligan a preguntarse cómo se ha llegado hasta aquí. El anuncio del delegado del Gobierno en Cantabria de que Okuda San Miguel impulsará la transformación del Palacete de Cortiguera en un centro cultural de referencia ha caído como un jarro de agua fría… pero no por el proyecto en sí, sino por lo que deja en evidencia.
Durante
años, el Palacio de Cortiguera - propiedad del Ministerio del Interior - ha
estado al alcance del Ayuntamiento de Santander. Bastaba voluntad política,
capacidad de diálogo y una mínima ambición cultural para haberlo recuperado. No
ha ocurrido. Y el resultado ha sido visible para cualquiera que haya pasado por
la calle José Ramón López-Dóriga, abandono, deterioro y una imagen impropia de
una ciudad que presume de vocación cultural.
Mientras
tanto, los santanderinos hemos asistido con resignación a la degradación de un
edificio singular en un entorno privilegiado, sin que el Ayuntamiento ni el
Gobierno central hayan sido capaces de articular una solución, convirtiendo a Cortiguera
en un símbolo incómodo, el de la inacción institucional.
Paradójicamente,
ha tenido que ser una iniciativa vinculada al ámbito privado la que reactive el
futuro del espacio. Una operación que, además, encaja con otras apuestas
recientes como Faro Santander o el Centro Reina Sofía – Archivo Lafuente,
impulsadas con entusiasmo por las administraciones locales y autonómicas, proyectos
relevantes, sí, pero que comparten un patrón, el protagonismo de actores
privados frente a la falta de una estrategia pública sólida.
A los
responsables políticos de Cantabria se les llena la boca hablando de cultura,
pero el relato se sostiene - en demasiadas ocasiones - sobre iniciativas ajenas,
mientras que entre tanto, espacios como Cortiguera - quizá menos mediáticos,
pero fundamentales para construir un tejido cultural amplio y diverso - se dejan
morir lentamente. No es una excepción, es el síntoma de una política cultural
que ha brillado más por su ausencia que por su planificación.
Ahora que
surge una oportunidad real para devolver la vida a Cortiguera, conviene decirlo
sin rodeos, no es el Ayuntamiento quien lidera el cambio, es quien llega tarde,
y llegar tarde en cultura tiene un coste elevado, porque el tiempo perdido rara
vez se recupera.
La posible
implicación de Okuda no solo aporta visibilidad internacional, sino algo que ha
faltado durante años, contemporaneidad, capacidad de conexión con nuevos
públicos y una visión abierta del hecho cultural justo al contrario de la
inercia que ha marcado la gestión municipal en este ámbito.
Por eso, la
noticia es doble, por un lado, una buena noticia para Santander, la
recuperación de un espacio olvidado y su transformación en un proyecto vivo, y
por otra, un espejo incómodo para quienes han tenido la responsabilidad de
evitar que Cortiguera llegara a este punto.
Quizá
estemos ante la última oportunidad para corregir el rumbo, porque si algo deja
claro este episodio es que el problema no era la falta de espacios, sino la
falta de voluntad. Y si el Ayuntamiento no toma nota, volverá a confirmarse un
modelo ya demasiado conocido, dejar pasar las oportunidades hasta que otros las
convierten en realidad.
19 may 2026
Huracán Tango, cuatro días de abrazos aprendizaje y pasión tanguera
La primera vez que acudía al encuentro de Huracán Tango en Peñíscola lo hacía con la curiosidad de quien busca compartir abrazos, música y aprendizaje en torno a una pasión común.
Hoy, después
de cuatro días intensos de tango, regreso con el convencimiento de haber
participado en uno de los encuentros más importantes y cuidados del panorama
tanguero.
El
decimotercer encuentro de Huracán Tango ha estado cargado de expectativas y
emociones, especialmente por la presencia de Hermanos Macana y Giovanna Dan,
figuras que han aportado al evento un extraordinario nivel artístico e
internacional.
Los Hermanos
Macana representan una referencia mundial del tango contemporáneo, bailarines,
coreógrafos y maestros argentinos que han llevado el tango escenario y social a
los teatros y festivales más prestigiosos del mundo, fusionando tradición,
técnica y una interpretación moderna sin perder la esencia porteña. Su
presencia en Peñíscola ha supuesto un verdadero privilegio para quienes amamos
esta danza.
Con la
milonga como especialidad, los asistentes hemos podido disfrutar además de un
magnífico complemento formativo, gracias a las tres sesiones impartidas por los
maestros, centradas especialmente en la milonga de traspié. Una enseñanza
explicada e interpretada de manera cercana, accesible y pedagógica para todos
los presentes, independientemente del nivel de cada bailarín. Esa capacidad de
hacer sencillo lo complejo es, precisamente, una de las virtudes de los grandes
maestros.
Quiero
agradecer especialmente a los organizadores de este importante encuentro,
Elvira, Nati, Gloria y Marcel, este último integrante del grupo de
musicalizadores, por habernos facilitado cuatro días de tango de altísimo nivel
humano y artístico.
Deseo hacer
una mención muy especial a Marcel Fabra, a quien tuve el honor de conocer en la
Milonga de la Encina en Santander y con quien pude dialogar sobre sus
iniciativas musicalizadoras y su manera de entender la animación de las
milongas.
Marcel cuida
la pista de baile con sensibilidad y conocimiento, construyendo tandas que
recorren los tangos clásicos desde la guardia vieja de los años cuarenta hasta
la guardia nueva, sin renunciar tampoco a los tangos actuales. Una visión
musical abierta, elegante y profundamente respetuosa con quienes bailan.
Muchas
gracias por vuestro aporte al mundo del tango. Estoy seguro de que no será la
última vez que pase por Peñiscola, ni por el encuentro de Huracán Tango. Porque
encuentros así no solo se disfrutan, también dejan huella.
7 may 2026
Del debate al insulto, cuando la opinión deja de ser periodismo
Confieso que hacía tiempo que no leía a Federico Jiménez Losantos. Y, tras su último comentario del pasado 6 de mayo en El Mundo, probablemente vuelva a tomar distancia durante una buena temporada. No por discrepancia ideológica - que es mucha - sino por algo bastante más básico, la ausencia total de un mínimo respeto en la forma de argumentar.
6 may 2026
Altamira, el gran campus tecnológico de Cantabria, entre la ambición y la incertidumbre.
El llamado Campus Tecnológico de Centros de Datos Altamira se ha convertido en uno de los proyectos más ambiciosos - y a la vez más cuestionados - del actual Gobierno de Cantabria. Presentado como un símbolo del salto de la región hacia la economía digital, hoy permanece atrapado en una fase administrativa sin avances visibles, envuelto en tensiones políticas y dependiente de decisiones externas clave.






