Lo que hoy plantea Vox en comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla y León no es una simple diferencia ideológica. Es un proyecto estructurado de desmantelamiento del modelo laboral y sindical construido durante décadas de lucha democrática, y si el Partido Popular decide ser cómplice de este camino, la confrontación social será inevitable.
El
esquema que impulsa Vox rompe de raíz con el papel de los sindicatos
democráticos, pretendiendo sustituirlos por estructuras dóciles creadas a su
medida, debilitando la representación real de los trabajadores. El objetivo es
evidente, dejar al trabajador solo frente al poder empresarial, eliminando la
fuerza colectiva que equilibra la relación laboral.
La
ofensiva contra los convenios colectivos - sectoriales, autonómicos o estatales
- busca precisamente ese objetivo la fragmentación de la clase trabajadora.
Bajo el discurso de la “flexibilidad”, imponiendo un modelo donde cada empresa
fije sus reglas, generando desigualdad y competencia entre trabajadores.
Abaratar
el despido, reducir indemnizaciones, recortar cotizaciones empresariales y
debilitar las prestaciones por desempleo forman parte del mismo paquete, el de trasladar
el riesgo al trabajador a la vez que se vaya consolidando un mercado laboral
basado en la inseguridad.
Y
para ello se ataca al sindicalismo y su derecho de protesta, por ejemplo,
recortando su financiación y cuestionando la concertación social, limitando el
derecho de huelga y la protesta sindical, provocando un ataque directo a los
instrumentos de defensa de los trabajadores.
Y es
precisamente en el marco laboral y sindical, donde con mas crudeza, se pretende
aplicar la propuesta de Vox, “prioridad nacional” que pretende fracturar a la
clase trabajadora aplicando medidas insolidarias, regresivas y contraria a los
principios fundamentales del derecho laboral.
Ante
este escenario, no basta con resistir por separado, es imprescindible que el
conjunto de los sindicatos democráticos abra un espacio real de diálogo entre
ellos, superando diferencias y estrategias parciales, para avanzar hacia una
unidad sindical efectiva.
Unidad
que no sea solo declarativa, sino operativa, capaz de articular movilizaciones
sostenidas, respuestas coordinadas, en la defensa común de los derechos
laborales, porque frente a un proyecto organizado de regresión social, la
división sindical es una debilidad que no nos podemos permitir.
Si el
Partido Popular avanza junto a Vox en este modelo, el sindicalismo debe
responder con firmeza, organizándose para movilización y confrontación
democrática, porque lo que está en juego no es una reforma más, es el modelo de
sociedad, y dignidad del trabajo.






