27 oct. 2011

A grandes males...

Agustín García Benito
Coordinador del Sector de Comercio
USO - Cantabria



Grandes remedios son los que ha encontrado la CEOE, "Soluciones de los empresarios para afrontar la crisis". CEOE y CEPYME pretenden sacarnos del atasco económico y social de nuestro país con medidas, que en mi opinión, solo buscan recortar los derechos de los trabajadores y poner en peligro la superviviencia de nuestro Estado Social, en su más amplio sentido.

Estas nuevas soluciones no son más que antiguas y manidas aspiraciones que , revisadas, se presentan a los partidos políticos para intentar convencerles de que las incluyan en sus programas electorales. La jugada es un doble movimiento, intervenir en la agenda electoral e intentar orientar -más si cabe- el voto del empresariado español.

¿De qué nos vuelven a hablar? De la reducción de indemnización para los despidos improcedentes a 20 días por año con el tope de las 12 mensualidades y de la negociación de un nuevo pacto a la baja para los salarios del 2012 al 2015 con su correspondiente descuelgue salarial. No se olvidan de recordar que, para ellos, los convenios tendrían que negociarse exclusivamente a nivel de empresa; un planteamiento que, sin duda, dejaría desamparados a miles de trabajadores que están protegidos por convenios de ámbitos superior y que fortalecería el proceso -ya en marcha- de fragmentación de los trabajadores con el objetivo de debilitar su fuerza colectiva. En la misma línea, proponen que ya no sea obligatorio negociar la movilidad y la flexibilidad dentro de la empresa.

En este afán por aprovecharse del momento de crisis para sus beneficios, no se les ha olvidado incluir la regulación del derecho a la huelga. Tampoco han perdido la oportunidad de solicitar una mayor presencia de la iniciativa privada en los sectores de educación y sanidad. Y como de rondón, apelan a una necesaria y urgente reduccion de la cotización a la seguridad social.

La suma de todas estas soluciones parecen un despropósito, una locura que no deja títere con cabeza y que ojalá no sean secundadas por los partidos mayoritarios, por muy acuciados que estén con la gestión de la crisis económica.En definitiva, estamos ante una nueva provocación a los sindicatos que no pueden asumir y frente a la que deberían desplegar toda su imaginación y trabajo para ofrecer una alternativa seria, coherente y esperanzadora para el conjunto de la sociedad.

En la búsqueda de salidas a la crisis, toda la flexibilidad en la negociación con los actores sociales, debates y, por supuesto, ayudas para las empresas que estén en condiciones de crear empleo, pero nunca un abandono de los derechos laborales conquistados. La crisis no puede convertirse en una página en blanco, un paso atrás para los derechos sociales y laborales puesto que lo que ahora se pierda sería muy difícil de recuperar.

Las organizaciones sindicales tenemos claro que el diálogo con los empresarios es necesario e imprescindible, pero no olvidamos que sus soluciones no han sido, ni son -una vez más- las de los trabajadores.

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