22 sept 2026

El artículo que explica el auge de Vox sin nombrar a Vox


Leí el artículo de Manuel Ángel Castañeda publicado el sábado 13 de septiembre en El Diario Montañés, «Las razones del crecimiento de la ultraderecha», con la curiosidad de quien busca un análisis y con la sensación, al terminar, de haber leído más bien una defensa. Una defensa hecha, además, con el truco más viejo del oficio, explicar minuciosamente el fenómeno sin decir nunca su nombre. Vox, el partido que más crece de todos, sin aparecer en ninguno de los párrafos, y además sin recoger ni una sola propuesta concreta.  Se nos describe el incendio con detalle forense, pero se evita señalar quién sostiene la cerilla.

Esa omisión no es casual, es el método, porque el artículo reparte las culpas del ascenso de la extrema derecha con una balanza que solo pesa, por un lado, en la izquierda progresista – PSOE – que recorriendo el texto se le declara responsable directo, y el PP que lo atraviesa de puntillas, sin que se le nombre siquiera, dibujado como mucho como un partido «incapaz» de frenar la pérdida de poder adquisitivo de las clases medias o de «presentar programas ilusionantes» - una mediocridad amable, nunca una responsabilidad política. Mientras tanto, quienes de verdad quieren desmontar derechos sociales conquistados en cuatro décadas de democracia no reciben ni una línea de crítica ni una sola cita de sus propuestas.

Y de paso, sumándose a la crítica generalizada contra la izquierda y disfrazándola de diagnóstico neutral, el texto reproduce sin valorar frases que son, literalmente, discurso de la propia extrema derecha. «La falta de programas de la izquierda, que se ha encerrado en un integrismo ecológico», escribe Castañeda, devaluando con esa sola etiqueta cualquier política ambiental seria, siguiendo con una «fiscalidad casi confiscatoria» colgada sin matiz ni fuente contra el Gobierno, como si repetir el eslogan bastara para convertirlo en análisis.

El tratamiento de la inmigración es donde el artículo pierde ya cualquier pretensión de objetividad. Se la describe en bloque como «ilegal», como personas que «no pagan impuestos» y que «deterioran la capacidad de los españoles con menor preparación, al ser ellos quienes ocupan sus empleos».

Ninguna de esas tres afirmaciones se sostiene con un dato, y las tres son, línea por línea, el argumentario que Vox repite en cada mitin. Y llega el turno de la vivienda, quizá el pasaje más revelador de todos, para Castañeda era «un asunto menor» hasta que, según deja caer sin necesidad de decirlo del todo, llegaron los inmigrantes y los precios se dispararon, una correlación insinuada como causa, sin una sola cifra que la sostenga.

El artículo tampoco podía prescindir de la corrupción como explicación del giro del voto, y aquí el truco es distinto, la simetría impostada. Primero, con nombre y apellido, los casos socialistas - Ábalos, Cerdán, Koldo, Zapatero, para después, casi como compensación obligada y con menos aire, los del otro lado - Bárcenas, Rato, Zaplana, Correa. Un «café para todos» que iguala en el papel lo que el resto del artículo nunca trata igual, y que deja intacta la conclusión que interesa, la culpa es sobre todo de un lado.

No falta tampoco el trato del Gobierno a los presos de ETA, invocado en cuanto se cumplen sentencias - sean las que sean, aunque las condenas ya se hayan cumplido - como una razón más para justificar el voto a la extrema derecha, sin hacer falta nombrar a Vox por ningún lado.

Un pequeño apunte económico cierra el argumentario, la subida del salario que según nos dice el articulo «se la come la inflación», para concluir que solo se resolverá - tanto desatino - con una especie de pacto imposible entre los dos partidos mayoritarios. Una conclusión que exime, otra vez, a quien más se beneficia de que ese pacto nunca llegue.

¿Qué pretende Castañeda con este artículo? Puede que solo quisiera hacer un listado de agravios, sin más pretensión que la de enumerar. Pero el efecto de un texto no depende de la intención declarada, sino de lo que reafirma en quien lo lee, y este artículo reafirma, punto por punto, la crítica que la extrema derecha hace habitualmente de todo y de todos, sin necesidad de firmarla con su nombre. Se puede escribir sobre el auge de Vox sin escribir la palabra Vox. Lo que no se puede es fingir después que eso es análisis y no lo que en realidad es, un editorial de la ultraderecha con firma prestada.


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