Después de catorce años de travesía por el desierto, el Racing vuelve a la Primera División. Lo hace además como campeón, culminando una temporada que quedará grabada en la memoria de miles de aficionados que nunca abandonaron la esperanza de ver al club regresar al lugar que históricamente le corresponde.
Es momento de celebrar, de disfrutar, de reconocer el mérito de una plantilla, un cuerpo técnico y una afición que han sabido construir un proyecto ganador. Pero también es momento de recordar que los éxitos deportivos, como ocurre tantas veces en la vida, son más fáciles de alcanzar que de conservar.
La historia reciente del fútbol español está llena de equipos que llegaron a Primera envueltos en la euforia del ascenso para descubrir, apenas unos meses después, que la élite no concede treguas. El Racing inicia ahora un campeonato mucho más exigente que el que acaba de ganar, el de la permanencia.
Los especialistas ya hablan de la necesidad de incorporar entre ocho y nueve futbolistas para disponer de una plantilla capaz de competir con garantías.
Seguramente sea cierto, pero tan importante como fichar será no perder aquello que ha permitido alcanzar el éxito, la identidad colectiva, el compromiso y la cultura de equipo que han convertido a un grupo de jugadores en campeones.
El segundo desafío tiene nombre propio, dinero. Los ingresos por televisión aliviarán las cuentas y permitirán una mayor capacidad de maniobra, pero conviene no caer en espejismos, el Racing seguirá siendo uno de los clubes modestos de la categoría, porque los millones de Primera no convierten automáticamente a nadie en poderoso, simplemente elevan el coste de los errores.
Y precisamente por eso preocupa la posible salida de algunos de los jugadores que han sostenido este ascenso, retener talento suele ser tan importante como incorporarlo. Mantener el bloque, preservar el equilibrio del vestuario y evitar una reconstrucción excesiva puede resultar decisivo para el futuro inmediato del club.
Más allá del césped aparece otro debate que merece una reflexión serena, el de las infraestructuras, la adaptación de los Campos de Sport de El Sardinero al regreso a Primera que van a exigir inversiones importantes. Y es lógico que existan opiniones diferentes sobre el alcance de esas actuaciones, especialmente cuando puedan requerir recursos públicos.
No se trata de cuestionar la necesidad de mejorar instalaciones, se trata de recordar que el dinero público siempre debe administrarse con criterios de interés general, transparencia y utilidad social. Porque la experiencia demuestra que algunas operaciones presentadas como inversiones deportivas terminan generando beneficios mucho más evidentes para intereses privados, que para la ciudadanía en su conjunto.
Por eso, tan importante como celebrar el ascenso será gestionar con inteligencia las consecuencias del éxito. El Racing necesita ambición, pero también prudencia, necesita crecer, pero sin perder el sentido de la realidad, necesita invertir, pero sin hipotecar su futuro.
Hoy corresponde felicitar al club y disfrutar de una alegría largamente esperada, mañana tocará exigir responsabilidad a quienes deban tomar decisiones, prque el ascenso es una meta alcanzada, pero también el punto de partida de una nueva etapa.
La afición ya ha cumplido. El equipo también, ahora les toca a los gestores demostrar que saben administrar algo mucho más difícil que una victoria, el éxito.

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