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6 jul 2026

ADSIS, solidaridad frente al discurso de la exclusión

 

En tiempos en los que determinados sectores políticos de la derecha intentan imponer el mensaje de “los españoles primero” como una consigna que termina señalando y marginando a quienes llegan de otros países buscando una oportunidad, conviene detenerse a observar el trabajo silencioso y esencial que realizan muchas organizaciones sociales en favor de las personas más vulnerables.

 Frente al discurso del rechazo, la realidad social demuestra que la solidaridad sigue siendo una de las herramientas más poderosas para construir convivencia, igualdad y dignidad. Y en ese camino destaca el trabajo desarrollado por la Fundación Adsis, una organización que durante 2024 acompañó a 65.605 personas en situación de vulnerabilidad en España y América Latina mediante programas de educación, empleo, inclusión social y cooperación al desarrollo.

 ADSIS no distingue entre españoles e inmigrantes. Atiende a quienes necesitan apoyo. Esa es precisamente la diferencia entre la política del señalamiento y la acción social basada en los derechos humanos. Mientras algunos intentan convertir la inmigración en un problema político permanente, organizaciones como trabajan cada día para evitar que miles de personas caigan en la exclusión social.

Los datos hablan por sí solos. La organización atendió el pasado año a 42.802 personas en España y a otras 22.803 en América Latina, demostrando que la solidaridad no entiende de fronteras ni nacionalidades. Buena parte de su actividad se centra en la infancia, adolescencia y juventud, colectivo que representa el 71 % de las personas beneficiarias en España.

 Entre sus principales objetivos destacan la prevención del abandono escolar, el refuerzo educativo, la formación y el acceso al empleo mediante itinerarios personalizados. Gracias a estos programas, el 79 % del alumnado en situación de exclusión social logró superar el curso escolar, mientras que el 72 % de quienes participaron en programas de cualificación profesional continuaron su formación.

 Especial relevancia tienen también los procesos de inserción laboral impulsados por ADSIS. El 42 % de las personas atendidas consiguió empleo y el 72 % de quienes participaron en programas de atención a las adicciones avanzaron en autonomía personal y recuperación de sus proyectos de vida.

 Pero la labor de ADSIS va mucho más allá de la juventud. La organización mantiene líneas de intervención dirigidas a personas adultas, migrantes, familias, personas con adicciones y personas privadas o ex - privadas de libertad, apostando siempre por un acompañamiento integral adaptado a cada realidad personal.

 Actualmente desarrolla proyectos sociales en más de 30 centros distribuidos en Araba, Asturias, Barcelona, Bizkaia, Las Palmas, Gipuzkoa, Madrid, Navarra, Salamanca, Santa Cruz de Tenerife, Valencia, Valladolid y Zaragoza. Todo ello con un presupuesto superior a los 22 millones de euros, cerca de 500 profesionales contratados y 565 personas voluntarias.

 ADSIS recuerda además una realidad que algunos prefieren ignorar: en España existen más de 12 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social. Una cifra que debería obligar a reforzar las políticas sociales y las iniciativas solidarias, en lugar de alimentar discursos de enfrentamiento entre pobres.

 Por eso organizaciones como ADSIS son hoy imprescindibles. Porque representan una forma de entender la sociedad basada en la igualdad de oportunidades, la integración y el acompañamiento humano. Y porque frente a quienes intentan dividir entre “los de aquí” y “los de fuera”, su trabajo diario demuestra que la dignidad no tiene nacionalidad.

24 may 2024

En 2023 murieron 6.618 personas en las rutas migratorias de acceso a España


 

¿Te imaginas que fuese posible otro modelo migratorio? Uno donde las personas no se vean forzadas a salir de sus países por rutas altamente peligrosas y en el que puedan dignificar sus vidas…

Te invitamos a pensar en ello con el documental “#NoEsUtopía”, un filme promovido por el Proyecto Meraki de Fundación Adsis en Canarias

13 nov 2018

José Luis, Apasionado por los Jóvenes y Adsis, Desde Jesús.



 Me permito traer a mi blog esta glosa, publicada en el boletín de ADSIS con motivo del fallecimiento de José Luis, y con ella, el recuerdo de los años en que participe en la Comunidad de Santander. 


Adsis es un movimiento de comunidades cristianas, formado por hombres y mujeres que queremos vivir el Evangelio de Jesús a través de una presencia fraterna y solidaria entre los jóvenes y los pobres.
Mi vida ha estado siempre vinculada a la pastoral de juventud y, desde ésta, a la fundación y atención a las comunidades Adsis.

Siendo joven sacerdote, profesor de dogmática en el Teologado Salesiano de Salamanca, me encontré inesperadamente con los jóvenes de la ciudad en sus calles, grupos y vivencias, tan aceleradas y significativas en aquellos años sesenta. Me acerqué a ellos con sencillez, cercanía y amistad.

Pronto percibí el creciente alejamiento de los jóvenes respecto a la Iglesia e intuí que debía acercar a ellos la persona de Jesús por los caminos evangélicos de la Palabra, el diálogo abierto a sus corazones, la comprensión de sus búsquedas de felicidad, y el alivio de sus dolencias. Aprendí de Don Bosco a hacer preguntas y propuestas sencillas dirigidas a su corazón, a invitarles al encuentro grupal, a vivir experiencias profundas de espiritualidad y solidaridad, y a descubrir el verdadero rostro de un Dios amigo y aliado de sus solicitudes. Me sentí llamado a dedicar mi vida a ellos, posponiendo cualquier otro proyecto o actividad.

Mi dedicación a los Ejercicios Espirituales con jóvenes fue un empeño al que me entregué con ahínco y creatividad. De esta actividad surgían los grupos y la necesidad de aportar proyectos y procesos pastorales de educación en la fe. De uno de estos encuentros en la ermita alavesa de Eskolunbe (1964) nació el primer grupo del que posteriormente, a lo largo de los años, surge y se consolida el Movimiento de Comunidades Adsis en la Iglesia.

Como Delegado de Pastoral Juvenil de la Provincia Salesiana de Bilbao, participé en el Consejo Nacional de Pastoral Juvenil (1967-1973), colaborando intensamente en la Revista Técnica de Apostolado, fundada en 1962 por el salesiano Don Luis Chiandotto y que adoptó en 1975 el nombre actual de “Misión Joven”. Me he sentido siempre profundamente vinculado a esta Revista. Así mismo, he participado después en las revistas “Pastoral Juvenil” de los Escolapios y en “Todos Uno” de la CONFER.

El 1971 asistí, como Delegado de la Provincia Salesiana de Bilbao, al XX Capítulo General Especial de la Congregación. Tuve la encomienda de redactar el Documento Capitular sobre la Pastoral juvenil. En aquella ocasión, recibí por parte de los Superiores todas las anuencias requeridas para dedicarme plenamente al Movimiento Adsis, como realidad autónoma dentro de la Iglesia y que ya se consolidaba en comunidades plenamente dedicadas a los jóvenes y a los pobres, desde la secularidad y la globalidad de la vida de tantos hombres y mujeres que asumían su vocación cristiana como presencia y servicio cristianos en el mundo.

Recibí apoyo estimulante por parte de los Superiores Salesianos y de los Obispos de las diversas diócesis donde surgía el Movimiento. Pronto se inicia la vida en común de las comunidades como acercamiento a los ambientes de pobreza y marginación. Progresivamente las comunidades asumen los primeros matrimonios, la formación de los futuros sacerdotes Adsis, el celibato de los hermanos y hermanas, los proyectos sociales y las nuevas fundaciones en tantos lugares de España, y más tarde de América latina, Roma, Rumanía… 

La presencia se orienta a la Universidad, a las Parroquias y a los barrios periféricos. La Pastoral con jóvenes es el compromiso y la actividad dominante para todos nosotros. En primer lugar la formación de los miembros y comunidades Adsis en sus cursillos de verano, en las Asambleas y retiros, también la formación de los sacerdotes jóvenes que surgían en las comunidades.

Además de la permanente dedicación a los Ejercicios Espirituales a jóvenes y a religiosos y religiosas, la atención a las comunidades Adsis, las conferencias y cursos sobre pastoral de juventud, los escritos y colaboraciones en revistas, fui Delegado Diocesano de Pastoral de Juventud en la diócesis de Bilbao y tuve la gracia de colaborar intensamente al respecto con las diócesis vascas.

Con la fundación de “Servicios de Juventud” abordamos con creatividad el Proyecto de Pastoral de juventud a principio de los años ochenta. Las etapas de Convocatoria evangelizadora, de Iniciación cristiana y de Inserción vocacional y eclesial, constituyen el núcleo central de este proyecto, que se extiende a diversas diócesis y sirve de inspiración para la elaboración de tantos otros proyectos de pastoral de juventud. La pastoral del Sacramento de la Confirmación entre los adolescentes y jóvenes se incorpora a este proyecto. Fue muy importante en todo ello concretar bien los objetivos, los procesos, la formación, las actividades, el discernimiento y la orientación vocacional, comunitaria y eclesial. Pero sobre todo, el compromiso de las comunidades en esta tarea y la vinculación de los grupos a ella. Para avalar lo realizado y estimular a las comunidades presenté en 1987 en la editorial Atenas el libro ”El reto de los jóvenes”, y en 1993 el libro, editado por CCS de los salesianos, ”Dios me dio hermanos. Comunidad cristiana y pastoral de juventud”.

En 1994 me trasladé a Madrid a la Casa central Adsis para atender más adecuadamente al Movimiento, especialmente para poder atender mejor a las fundaciones en América (Chile, Ecuador, Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia).

Especial interés y experiencia me surgió en el proceso en Roma para el reconocimiento pontificio de Adsis en la Iglesia universal, obtenido en 1997. La presencia de la comunidad Adsis en Roma nos abre a la Europa central. Esta apertura a la universalidad eclesial ha supuesto para mí una vivencia muy enriquecedora. La acogida y el diálogo abierto y fructífero con los responsables de los diversos dicasterios romanos me aportó un intenso sentido de comunión ministerial. La vida en común mixta de nuestras comunidades y la dedicación plena de nuestros sacerdotes al Movimiento, fueron dos realidades en las que la Santa Sede demostró en los Estatutos Generales su apertura y su apuesta creativa y confiada.

19 abr 2017

Hasta siempre, maestro y ejemplo de vida



Quien mejor para testimoniar a José Luis Pérez Álvarez, que aquellos que han vivido de cerca la entrega comprometida del sacerdote e Iniciador de Adsis, organización creada para los pobres y sobre todo los jóvenes que siempre fueron su preocupación plasmada a través de las muchas comunidades cristianas que el ayudo a fundar en España y Latinoamérica.

Hace unos días comentando con Nacho Pérez - buen amigo y compañero de Adsis en nuestra juventud - me recordaba lo importante que había sido para nuestras vidas lo aprendido y vivido en la Comunidad de Santander durante algunos años, destacando valores que entre otros  dieron  sentido a nuestra militancia en el mundo sindical.

Ahora que ha fallecido José Luis, vuelvo a recordar los momentos que vivimos juntos, la alegría que trasmitía cuando nos enseñaba a estar "presente" con los jóvenes, a compartir entre los hermanos el trabajo comprometido, en fin, a vivir la misión cristiana allá donde estuviéramos, por todo ello me uno en la oración a los hermanos que de forma más directa hoy le despiden

Muchas gracias 

Desde el silencio. Víctor Márquez Pailos

Unos ojos grandes y unos labios carnosos, entreabiertos, eran como las dos ventanas por las que su espíritu se asomaba al mundo. Era solo un niño, quieto para salir en la foto. Ahora, ochenta y tres años después, el niño de la foto preside la estancia donde un anciano acaba de sufrir. Parece, esta vez, asomarse al presente desde su pasado eterno. Él es ahora el anciano muerto. Si hubiera podido contemplar desde el pasado su futuro, si pudiéramos ver nosotros lo que, a veces, entrevemos, ¿sería otra nuestra manera de entender la vida? Yo creo que no, porque entender la vida es algo que se va consiguiendo mientras se vive. Antes, no sería bueno. Después, ya no es necesario.

Creo que no sería bueno entender la vida antes de vivirla porque dejaríamos de jugar. Dejaríamos de ser niños, que es lo que más hondamente somos mientras estamos vivos. Este hombre nuestro, que ahora recordamos sobre su lecho aún tibio, se pasó la vida jugando con las palabras, acariciándolas, componiendo paradojas con ellas, descubriendo analogías, semejanzas ocultas entre términos opuestos. «Las diferencias suman», le oí repetir poco antes de verle partir hacia el seno del totalmente Otro. Y eso ha sido su vida. Esta ha sido la palabra de su vida, el nombre del movimiento que él solo ha iniciado, Adsis, «presencia».

A nosotros solo nos caben dos posibilidades: dar nombre a nuestros anhelos o confundirlos con nuestras apetencias. De Dios es el fundar, del hombre el confundir. José Luis Pérez Álvarez, fallecido esta semana, vivió hasta el final rodeado de los suyos. Y suyos hemos sido todos, hombres y mujeres viviendo en común porque las diferencias suman y jugar a conjugarlas ha sido el sueño de este niño hecho hombre para siempre.

22 jun 2015

Apartado 1º.- Haciendo memoria “Así empezó todo”. De la escuela al trabajo


Ese era el tránsito de los jóvenes, que como yo, con catorce años, terminábamos los estudios primarios, en los años sesenta, jóvenes, que alcanzaban la mayoría de edad para el trabajo, pero que no dejaban de ser niños para muchas otras cosas, jóvenes que aprendíamos en la calle, en los barrios, acompañados de otros niños, sin apenas referentes sociales donde mirar, con una formación escasa y sujeta a los avatares de un contexto socio económico de mucha necesidad y falto de casi todo.

Esa era la sociedad de aquel entonces, donde unos pocos lo tenían todo, donde la universidad era una realidad totalmente ajena para los hijos de los trabajadores, una sociedad que desde la misma escuela  ya te educaba para que asumieras la diferencia de clases como algo natural, donde unos pocos estaban tocados para la gloria y otros muchos para la incertidumbre del futuro, donde planificar aunque fuera mínimo ese futuro no dejaba de ser una utopía, en fin, una sociedad marcada por el color gris.

 Era el final de un tiempo, donde la escuela te facilitaba a media mañana un vaso de leche en polvo y por la tarde una trozo de queso para la merienda - me imagino que con ello, la administración pensaría, que ayudaba a paliar en algo la mal nutrición de los niños - un tiempo donde para ver la televisión tenias que ir a la tasca del barrio, donde las madres hacían milagros para llenar el puchero, un tiempo que no podía durar más, por mucho que se empeñaran los amigos de la dictadura.

En ese contexto recuerdo mi transito de la escuela al trabajo, un tránsito en positivo, sin trauma alguno, había terminado los estudios primarios en las “Escuelas Verdes” de José María Pereda, y tocaba firmar mi primer contrato laboral. Fue en Metemosa, un pequeño taller de electricidad y radio en la calle  Martillo - donde ahora está la Sala de Exposiciones de la Fundación Botín – donde me estrene como aprendiz de un oficio que me ocupo unos quince años.

Este trabajo me lo facilito el sacerdote Don Antonio Aldasoro, siempre dispuesto a echar una mano, el, mejor que nadie, sabia de las muchas necesidades de las familias del barrio. Recuerdo que  me dio una nota a modo de recomendación para que me presentara ante el dueño de la empresa, sin duda, cuando me contrató ni se imaginaba  los quebraderos de cabeza que le iba a dar por causas sindicales, al final acabo despidiéndome en el año 1976, para entonces yo ya estaba en la USO,  plenamente vinculado al movimiento obrero.

Recuerdo que cuando me despidieron del trabajo la primera vez, el juez pregunto después de una larga intervención del abogado de la empresa “lo que yo había hecho”, no entendía como me podían despedir sin razones que lo justificaran, tampoco eran necesarias, como ahora, bastaba poner un puñado de pesetas en la indemnización y a la calle. Al cabo de algún tiempo me entere que me había seguido la policía, en un viaje sindical a  Asturias, y que dicho viaje, había motivado el despido.

Eran tiempos donde la policía jugaba un papel importante, llegando incluso a las empresas a preguntar a los compañeros de trabajo, sobre los comportamientos sindicales “subversivos dirían ellos” con el claro interés de imputarles delitos y así someterles a procesos judiciales varios.

Yo tampoco me libre de esas preguntas como me dijo la madre de mi amigo y militante de USO durante muchos años Paco Aedo, a ella, la pidieron una declaración expresa contra mi, declaración a la que se negó de forma rotunda, afirmando que yo era un joven de muy buena conducta y amigo de su hijo  compañero de trabajo.

Daba igual los años que tuvieras, que tu implicación en la política social estuviera empezando, como era mi caso, se trataba de cortar de raíz cualquier movimiento que pudiera darse, aunque fuera en un ámbito tan limitado como una empresa, y si para ello, se tenía que mandar al paro algún trabajador, la propia empresa se ponía a la orden de la policía.

En el verano de 1975 me case con Merche, a la que conocí en el Club Juvenil Dosa; muy pronto nacieron mis hijas Vanessa y Marta de las que se ocupo principalmente ella, yo por aquel entonces no tenía tiempo ni para las hijas y mucho menos para ayudar en casa, tiempo que hoy por mucho que me empeñe no puedo recuperar, ni en cantidad ni en calidad, porque la infancia y los momentos del colegio perdidos ya no se pueden a repetir, seguro que ellas ya me lo han perdonado.

Merche siempre compartió conmigo mis actividades sindicales, lo hizo con cierta distancia en el día a día,  pero con preocupación y opinión sobre las cosas que yo la contaba, opiniones que no siempre escuche con atención y que me llevaron a bastantes sinsabores sobretodo en la relación con las personas, hoy muchos años después todavía comentamos lo que pudo haber sido y no fue si la hubiera escuchado un poco más. Esa distancia por la acción sindical directa, no la impidió estar en el 1º Congreso Confederal de la USO en el año 1977.


Fueron unos años que recuerdo con cariño, era mí puesta de largo como trabajador, al mismo tiempo que libraba, mi particular pelea por la democracia y los derechos sociales.

En este camino me ayudo mucho mi pertenecía al Movimiento Adsis, un movimiento cristiano de jóvenes trabajadores y universitarios animados por el sacerdote salesiano José Luis Pérez Álvarez, donde fui descubriendo la importancia de “estar presente” entre los jóvenes de aquel entonces.

Adsis me proporcionó una fuerte base de compromiso social, un buen bagaje ideológico para afrontar las múltiples situaciones por las que he pasado en estos años de sindicalista, sin estos valores, probablemente, no hubiera podido aguantar durante tanto tiempo.

Recuerdo muy bien cuáles eran las ideas fuerza que motivaban nuestra actuación como cristianos ante el movimiento juvenil de aquel entonces. El Credo de Adsis, fruto de una reflexión profunda de sus primeros militantes en el año 1973, declaraba con firmeza que ante la injusticia en que viven sumidos tantos hombres, sobre todo jóvenes y pobres; ante el egoísmo de unos y la desesperanza de otros; mientras haya opresores y oprimidos”….se exige un serio y profundo análisis de la realidad e implica un compromiso radical cristiano de transformación de la misma”…” hacia un mundo nuevo por construir y liberar”.

Estas ideas, que hoy puede sonar un poco antiguas, eran motivadoras de la militancia cristiana, que en mi caso se realizaba en el entorno de los jóvenes trabajadores que acudían habitualmente a los clubes juveniles que proliferaban por las diversas parroquias de Cantabria, o que potenciaban los curas obreros, que asumían desde el trabajo manual  en las fabricas su apostolado cristiano.

Adsis fue un lugar de aprendizaje y de encuentro militante, allí tuve la oportunidad de conocer compañeros que luego ocuparían responsabilidades  sindicales en Cantabria, recuerdo a Félix Martínez, Ignacio Pérez, ellos entre otros, me ayudaron a estudiar Graduado Social  y canalizar así mis esfuerzos y preocupaciones sociales en relación al mundo sindical. Realicé la carrera, no sin grandes sacrificios, ya que cursé los estudios en el nocturno mientras trabajaba; pero mereció la pena. Estudiar Graduado Social fue una buena decisión, que se la debo a mi mujer y en buena medida a Florencio Echezarreta, ellos siempre estuvieron cerca de mis estudios, empujando en los momentos difíciles y de desanimo, estudios que sin duda me capacitaron profesionalmente para desarrollar mi trabajo de permanente sindical en la USO y, como Secretario General de la Organización durante algunos años.

Y así, poco a poco me fui acercando a otros compañeros militantes de sindicatos, del movimiento vecinal, de partidos políticos, participando en las manifestaciones sociales, asistiendo a múltiples reuniones, descubriendo amigos como  Isidro Hoyos, Cesar Campa, López Coterillo, Antonio Hontañon, Saturnino Barcena, Aniano Jiménez, Paco Torres, Daniel Gallejones, Mario García Oliva, José Luis Cos, y tantos otros que fueron ejemplo por su compromiso en la lucha por la libertad.

Buena parte de aquella militancia eran o estaban muy cerca de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) o en la Juventud Obrera Cristiana (JOC), organizaciones que vertebraban no solo las acciones sindicales y en muchos casos políticas de la ciudadanía de Cantabria, sino que nos daban cierta cobertura y estabilidad a la hora de poder celebrar las reuniones.

Sus locales en la calle rualasal de Santander, fueron testigos de muchas de estas reuniones, de muchas charlas y debates políticos siempre abiertos a todos, su propia organización ayudo mucho a los compañeros que eran represaliados por la dictadura, sus militantes ejemplo y referentes sociales, en los que nos mirábamos los jóvenes de aquel entonces.

También la USO se nutrió de esa militancia y utilizo sus medios para explicar nuestro proyecto sindical, especialmente en Castro Urdiales, donde nuestra primera sede fue precisamente la sede de la JOC, y muchos de sus militantes, sindicalistas de la USO.


Otra iniciativa de denuncia social y de formación a la juventud en la que participe muy activamente, fue la Revista hablada “La Rueda”, iniciativa que alcanzo un enorme prestigio en Santander y que sirvió de referente para la exposición de las ideas en libertad.

La policía un sábado si y otro también, acudía clandestinamente a nuestros actos para conocer lo que decíamos y quien lo decía, cuando no para prohibir su celebración.

Desde La Rueda se hablaba de todo, tan pronto eran los sindicalistas quienes se subían al escenario para exponer las ideas y anunciar la movilización puntual, como era el teatro o los cantautores que con sus canciones de denuncia nos ayudaban a sentirnos más cerca de la libertad. Las conferencias siempre se acompañaban de un debate abierto a la participación de todos, conferencias impartidas por prestigiosos profesores e intelectuales de Cantabria, y de fuera de nuestra región que comprometidos con la libertad acudían los sábados aun a riesgo de quedar marcados por la policía.

La Rueda ayudo mucho, sobremanera a los jóvenes que empezábamos, se celebraba en el salón de actos de rualasal cinco, era un salón amplio con un escenario por el que pasaron muchas personas, sin censura previa alguna, solo bastaba tener algo que decir, para dirigirte a los jóvenes allí presentes, pero claro cuando  fue adquiriendo reconocimiento social y con ello incidencia de masas, la autoridad competente se empezó a poner nerviosa, y lo que antes era una visita clandestina, para conocer lo que allí hacíamos, se convirtió en visitas fiscalizadoras de los textos y de las personas que allí participaban e incluso en varias ocasiones a través del método de la patada en la puerta prohibir su celebración y detener a los responsables y participantes según el caso, en fin como en tantas otras ocasiones al final se prohibió la revista, cerrando  un espacio de libertad que yo recuerdo con mucho cariño. 

Y así poco a poco entre iniciativas como las que acabo de narrar fui comprometiéndome con la militancia social, fui asumiendo mayores niveles de responsabilidad conjuntamente con otros jóvenes sindicalistas, con estudiantes universitarios, con militantes de la causa en los barrios, en definitiva con otros jóvenes cargados de ilusión, a los que nos unía el convencimiento de que se abría, definitivamente, un tiempo nuevo.

14 jun 2014

Adsis, la gran obra de José Luis Pérez Álvarez

Tenía yo unos dieciocho años, cuando desde el movimiento juvenil de Santander, me acerque  a Adsis - organización Cristina nacida en el país vasco, de raíces salesianas – que me llevo a militar en sus filas, en el seno de una comunidad en la que convivíamos estudiantes, trabajadores y una sola razón común “Estar Presente” entre los jóvenes para colaborar con ellos, y dar testimonio de lo que éramos, y pensábamos, cristianos con ganas  de servir y hacer más grande nuestra pasión por Adsis.

Y hoy, cuarenta años después me he vuelto a encontrar con su fundador José Luis Pérez Álvarez, sacerdote y amigo de siempre, que me ayudo a entender lo que era vivir la fe cristiana en comunidad compartiendo con los hermanos de aquel entonces, el trabajo militante de cada uno, en su lugar de trabajo, el estudio, en el barrio, en la parroquia, en el suburbio en todos los lugares donde pudiéramos “estar presentes”, para más tarde, “Comunicar” la actividad y lo más importante el interior vciando sobre ellos pensamientos y reflexiones a la vez que el “espíritu cristiano y la oración” se hacía presente en forma de opinión que te ayudaba a seguir en la faena.

Y así, desde el minuto uno en torno a un café,  José Luis hizo lo que el sabe hacer mejor, que nadie a su alrededor se encuentre nervioso, incomodo e indiferente, por mas que el tiempo hubiera pasado, y como si nos hubiéramos visto días antes, le conté algunos de los destinos finales de aquellos hermanos y amigos hoy dispersos de Santander, aunque apenas había empezado el bueno de José Luis me los fue nombrando uno a uno, como si el tiempo no hubiera pasado Tengo que reconocer que yo me esperaba encontrar a un hombre de ochenta años cansado y en clara retirada y me encontré al José Luis de siempre al “látigo” a un cura con una cabeza excepcional capaz de contarme la historia de Adsis la pasada y la reciente con un nivel de concreción envidiable.

Todo fue muy fácil, pasamos revista al año 1973 donde quedo redactado el primer Ideario de escasa literatura pero de profundas convicciones de compromiso cristiano entre los jóvenes y pobres, hasta el mas reciente Ideario del 2013, cargado de nuevos pensamientos y vivencias nutrido por la reflexión de los muchos hermanos hoy comprometidos con dedicación exclusiva al movimiento.

Y del pasado al presente José Luis me fue relatando entre citas de espiritualidad que siempre ayudaron hacer grande a Adsis, las actividades  a las que se dedican actualmente, la presencia en Latinoamericana, Europa, España, en los barrios, las cárceles, las parroquias, los curas y seglares con dedicación exclusiva, en la ONG, en los lugares de acogida, en las casas de vida comunitaria, vamos en un “tinglando” que se mueve magníficamente sin apenas aparato administrativo y directivo, solo lo imprescindible para que esta Obra de Dios, sea eficaz en la acción y en el pensamiento cristiano que todo lo invade sin apenas notarse.

Y ahora cuando escribo esta nota para mi blog, me recuerdo que mucho de estos largos años dedicados al sindicato USO tuvieron su origen en aquella militancia cristiana en Adsis de su compromiso y acción social que me ayudaron a elegir el sindicalismo como lugar para “estar presente” al servicio de los trabajadores y las causas sociales en su mas amplio sentido de la palabra, por eso quiero acabar esta nota recordatorio dando las gracias a Adsis por aquellos años de vida en común y sobre todo por haber conocido a ese joven de ochenta años José Luis Pérez Álvarez, que ayer y hoy me ayudo a entender algunas cosas un poco olvidadas.


Gracias José Luis. 

www.fundacionadsis.org/