¡Buenos días, niños! dijo la maestra con una sonrisa. ¡Buenos días! respondieron al unísono los ocho alumnos que habían llegado puntuales aquel lunes. Solo faltaba Lipe, el hijo del herrero, pero su ausencia estaba justificada. Dos lunes al mes acompañaba a su padre a la feria de ganado, donde ayudaba mientras éste herraba caballos y mulas.
Lipe
era imprescindible para su padre: sujetaba los animales por la brida y les
murmuraba palabras extrañas, pero tan efectivas que ningún caballo, mulo, burra
o asno se movía mientras el herrero trabajaba. Parecía tener un don especial.
El Misterio del Pico Tres Mares
Tras
unos saludos y una breve oración dedicada a María, la buena maestra del pueblo
inició la lección del día. Sobre la pared colgaba un mapa limpio y colorido.
A ver, niños esto amarillo que veis es el desierto, y esto marrón claro son las montañas… Apenas mencionó las montañas, Pepito se irguió como un resorte y levantó la mano con entusiasmo. La maestra, creyendo que quería ir al baño, le dijo. Pepito, acabamos de empezar y ya quieres salir… ¡No, señorita! Yo quiero preguntar… sobre las montañas, pero de la nuestra, la que se ve desde la ventana. ¿Por qué se llama el Pico Tres Mares?
La maestra notó que no solo Pepito estaba intrigado. Todos los niños, en silencio, esperaban una respuesta de la que sentirse orgullosos.
Sonriendo,
acercó su silla a los pupitres y comenzó, el Pico Tres Mares es uno de los
picos más importantes de la Sierra de Peña Labra. Tiene 2.175 metros de altura,
y debemos estar muy orgullosos, porque es único en toda España. Desde su cima,
las aguas de lluvia toman tres caminos distintos, hacia tres mares diferentes. Los
niños la miraban asombrados.
Para entenderlo mejor – continuó - recordemos la lección de los ríos.
En
su cumbre el río Híjar, que da origen al Ebro y desemboca en el Mediterráneo.
También el Nansa, que va al mar Cantábrico, y el Pisuerga, que alimenta al
Duero, rumbo al océano Atlántico. El aula quedó en silencio. No era el silencio
de la duda, sino el de quienes sienten que han descubierto algo grande y
propio. Con esa quietud orgullosa, la maestra dio por terminada la lección.
Como
se llama el perro “Como Tu”
Después de una tranquila noche de primavera, con los primeros rayos de sol calentando la mañana, Pepito salió al corral de su casa para saludar a su buen amigo y fiel compañero, Como Tú.
Este amigo no era otro que un gran perro pastor, de esos que vigilan a las ovejas: de patas enormes, colmillos largos y valiente corazón. Un perro capaz de enfrentarse al lobo en las frías noches de invierno, cuando la nieve cubre los prados y las fieras, hambrientas, bajan a los llanos para atacar al rebaño, aprovechando el sueño del pastor.
Quizás te preguntes por qué Pepito le puso Como Tú de nombre. Imagina que un día vas paseando por la cañada de tu pueblo y, al atardecer, cuando el pastor regresa de su jornada, te encuentras con el perro. Tras acariciarle el lomo, le preguntas al pastor:
—¿Cómo
se llama el perro?
Y
él, con una sonrisa de oreja a oreja, seguro de pillarte desprevenido,
responde:
—Como
tú.
Tú,
sorprendido, dices:
—¿Cómo
yo?
Y
el pastor repite con calma:
—Sí,
como tú.
En
tu desconcierto, insistes diciendo tu nombre:
—¿María?
Pero
él, ya alejándose con su perro camino del pueblo, vuelve a corregirte:
—No,
mujer… Como Tú.
(Esta
historia del perro me la contó mi padre, y la guardo como parte de mi propia
herencia. Además, siempre me ha parecido muy divertida).
Pero
volvamos a Pepito, a la mañana, al sol… y a Como Tú. ¡Vaya lío! A ver cómo
salgo de él. Pepito se desperezó y se dirigió al lavadero. Movió la palanca de
la bomba, provocando un chorro de agua acompañado de un estruendo, la explosión
del primer golpe de agua del día. El líquido salía rojizo, teñido por el reposo
en las tuberías durante la noche. Inservible para beber, sí, pero agua, al fin
y al cabo, que se perdió en el regato, alimentando los tomates del huerto.
Mientras Pepito se lavaba la cara, Como Tú correteaba entre las gallinas, que también comenzaban a desperezarse con el canto del gallo.
Eran las siete de la mañana, hora temprana para un niño, pero necesaria si debía ayudar a su madre en las labores del campo antes de ir a la escuela. Porque, como ya imaginarás, Pepito era un niño de pueblo. De uno de esos escondidos a los pies de cualquier montaña de los Picos de Europa… Bueno, de cualquier montaña no: del Pico Tres Mares, como le gustaba decir cuando alguien le preguntaba por su casa.
RINCON DE LA POESIA
Aprender a no rompernos
Cuando dos cuerpos se encuentran
callados,
y en la mirada se dicen más cosas,
nacen silencios cargados
de luces profundas, de sombras hermosas.
Mas mi pensamiento, inquieto y sombrío,
quiebra la frágil ilusión naciente,
y deja un rastro de frío
donde antes latía la fe inocente.
Y llega la vida, vestida de flores,
y el alma despierta sin ser reclamada,
cantando en secretos temblores
lo que en el pecho dormía callada.
Si a veces mis voces se tornan hirientes,
si yerran, si duelen, si rozan el daño,
también son semillas ardientes
que buscan del amor su peldaño.
Pues todo en la llama se puede salvar,
si el fuego transforma y no solo consume;
lo roto se puede alzar
si el alma en su intento no huye ni presume.
Por eso te quiero, sin duda ni parte,
te has vuelto el centro de todo mi anhelo;
y temo, al llegar a amarte,
perder en tus manos mi propio consuelo.
Mas queda el camino de aprender a ser:
sin tanta pregunta, sin tanta herida,
amar sin miedo a caer…
y en ello nos va la vida.
…………………………………………………………………..
Donde el sueño aun respira
Me asusta abrir los ojos,
porque sé que al hacerlo todo se disuelve.
Prefiero quedarme aquí,
donde las ilusiones no pesan
y el tiempo no muerde.
No me despiertes todavía.
La realidad exige, empuja, tarda,
y a veces duele más de lo que enseña.
En cambio, este mundo que invento
es ligero, amable, casi humano en su ternura.
Quizá no sea verdad,
pero aquí respiro mejor
………………………………………………….
Lucero de los que esperan
Si en la siembra vas, campesino,
o si sales al mar, pescador,
y en la noche te hiere un lucero,
búscame dentro de su fulgor.
Tiene alma de quien nada posee,
y una luz que parece rezar;
es mi amada, errante en los caminos,
con los pies aprendiendo a amar.
No te rindas, hombre de tierra,
ni tú, marinero de sal;
si la ves, no guardes silencio:
dile cuánto la nombro al pasar.
Que sin ella la vida se apaga,
como un fuego sin aire ni voz;
me consume la pena en el pecho,
me deshago, muriendo de amor.
………………………………………………………………………..
Música eres tu
Porque en la música habita
un refugio invisible,
una paz que no se toca
pero nos sostiene.
Allí duerme lo divino,
entre acordes que disuelven
la sombra lenta de la melancolía.
En sus notas dejamos caer
lo que pesa,
lo que duele sin nombre,
lo que arrastramos
tras la fatiga del día.
La música recoge,
anuda, transforma,
y en su vaivén nos limpia
como un bálsamo secreto.
Y entonces comprendemos:
no es solo sonido—
es espejo, es abrigo,
es pulso compartido.
Música…
eres tú,
cuando vuelves a ser calma.
……………………………………………………….
Geografía del amor en un
rostro
Tus ojos, dos gotas detenidas
en el temblor del mundo.
Tu pelo, noche firme,
como roca bañada por la marea.
Tus mejillas, suaves palomas
que reposan en la calma.
Tus dientes, claridad reunida,
rebaño de luz en la sonrisa.
Tu risa,
un latido de amor abierto.
Tu cuerpo, vuelo insinuado,
promesa de horizonte.
Eso eres tú:
un paisaje vivo
donde todo encuentra su forma.
…………………………………………………………………..
Partir sin romperse
Quedan pocas horas.
El tiempo se recoge
como una maleta que pesa más que el cuerpo.
Debe dejar lo que más quiere:
aquí se queda su vida,
repartida en cada abrazo,
en cada mirada que no termina.
Un trozo de su corazón
late en otros pechos.
La emoción se enreda,
revuelta y contenida,
con lágrimas que aprenden a callarse.
Tiembla el pulso,
tiemblan las piernas,
pero no la decisión.
Saluda, besa,
entrega despedidas que valen una vida,
y en cada beso deja su aliento.
De ellos recibe fuerza,
raíces invisibles
que la sostienen cuando se aleja.
Son lo primero,
su norte, su luz,
la razón que empuja el camino.
Y sin saberlo, mujer,
al llenar vacíos en tierras lejanas,
has sembrado otros lazos:
porque lejos de tus hijos,
el mundo te ha dado
muchos más.
…………………………………………………………………………
Cantar bajo la lluvia
Un hombre corre por la calle,
la lluvia le golpea el rostro
como si quisiera despertarlo.
Y él canta.
Algo le ha ocurrido—
o quizá nada que pueda nombrarse.
Tal vez encontró un destello,
una ilusión mínima
que le basta para seguir.
No lo sabe,
pero canta.
Y eso es suficiente:
va sin miedo,
va ligero.
De pronto, un alto:
un bar en su camino,
un vaso de vino
como tregua breve.
Luego vuelve afuera,
a la calle que lo llama,
al agua que lo nombra,
a su casa sin paredes.
Su música,
su papel gastado,
y nada más.
………………………………………………………….
Caminar sin espera
Caminamos por sendas ásperas,
olvidadas por la memoria del mundo,
buscando un límite que no existe.
Juntos,
siempre juntos,
sosteniendo el paso como única certeza.
Amar sin saber por qué,
amar sin esperar regreso,
como quien en la agonía
encuentra una mano firme
y la aprieta contra el pecho
henchido de un amor que protege,
que resiste todas las penas
que atraviesan el corazón.
Te quiero
y no te olvido.
Te amo
y no te espero.
Te siento
y no te veo.
Y aun así,
persiste el deseo de andar contigo,
de compartir la luz que se apaga
cuando el sol se va.
Llegar al final,
no como meta,
sino como eco repetido
de un mismo latido:
te quiero,
te quiero,
te quiero.
Y en el camino,
sembrar palabras,
versos, ilusiones,
flores que suavicen la marcha.
Olvidar las razones
que hicieron duro el sendero,
y convertirlo, al fin,
en un lugar habitable.

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