9 abr. 2015

Oda al blanco de solera del Bar San Luis

En la calle San Luis puedes disfrutar
de un buen blanco de solera "Bar San Luis"
Con esta Oda al blanco de solera, me dispongo a rendir reconocimiento al blanco de alterne, a ese que cada vez escasa mas en nuestros bares, mesones, y tabernas, y con el que seguro coincidirán buena parte de los habituales que día a día disfrutan del alterne a medio día con el blanco de barrica y la consabida tapa, nada lujosa, y que siempre acompaño el trago humilde pero del que siempre se sintió orgulloso el tabernero y  su parroquiano.

 Los que ya "peinamos canas" seguro recordamos los buenos momentos entorno al blanco de solera, la buena charla entre amigos, muchas veces amenizada por la fuerte y sonora canción montañesa, la armoniosa habanera y en algunos casos, digamos especiales, los retazos de nuestra zarzuela, canciones que siempre animaron al buen sorbo del blanco, que se movía por el mostrador al grito de la consabida frase de “pon otra ronda”, frase que siempre dio señal del buen rato, y del compromiso para con el grupo de amigos abonando religiosamente la ronda, porque nunca cupo despiste alguno  para el “gorrón “ ni antes ni ahora.

 Y así distribuidos en – digamos zonas de alterné – los santanderinos fuimos degustando con el blanco de solera como compañero, los buenos ratos de mediodía. Pero no de cualquier blanco, solo de aquel envejecido en barrica “noble” especialmente guardado en el “Sancta Sanctorum” del establecimiento, protegido por el dueño y cuidado con esmero entre la oscuridad del lugar, y el limitado acceso a la bodega, siempre reservado al tabernero y/o empleado debidamente acreditado, porque de su cuidado, siempre gano prestigio el establecimiento.

 Las barricas, hasta no hace muchos años formaron parte de la herencia familiar, los padres cedían a sus hijos los secretos mejor guardados del trastero, donde se escondían las esencias y alguna que otra historia que alimentaba la buena calidad del caldo, porque también en esto, cabían especialidades para dar color y sabor al blanco de solera.

Y así, cuidando de aquello que identifica en buena parte al establecimiento, se han ido conservando las soleras del Bar San Luis, de padre a hijo del “Jefe” – Pepe -  a José su hijo, que ahora regenta, uno de esos pocos lugares de buen blanco, con dos magnificas soleras por las que han trasegado miles de litros, y al que acudimos diariamente un buen número de clientes, para disfrutar de su blanco y tapa, un blanco siempre ajustado a temperatura ideal sea verano, o invierno, cuidado con mimo, en conversación entretenida de la que siempre entre broma y chanza el protagonista central suele ser mi buen amigo José.

 Y en eso estábamos cuando llego el blanco de rueda. La charla y el pon otra ronda, se limito al tiempo del consumo, la peña fue perdiendo solidaridad, mientras que los mostradores del bar se llenaron de pinchos hostiles, que parecen te empujan a dejar el hueco libre para el siguiente, que siempre hace fila, y lo que hasta ayer era un momento entre amigos, hoy es un encuentro circunstancial,  sin apenas arraigo, en fin, cosas de la modernidad.

No soy precisamente de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero tengo que reconocer que en el alterne tranquilo entre amigos y con el blanco de solera, se echa un poco en falta, lugares como el Bar San Luis entre otros, ellos se merecen esta Oda al buen gusto y mejor sabor.

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