16 dic. 2015

Apartado 14º.- Haciendo memoria “Así empezó todo” El encierro de los trabajadores de Sniace

Y llego el fatídico 2 de marzo de 1992, Sniace presentaba suspensión de pagos y abría la caja de los truenos, de una de las resistencias sociales más importante de Cantabria por muchos años, referente industrial de la región que llego agrupar a mas de 3000 trabajadores, ahora con apenas 750, entraba en suspensión por importantes pérdidas económicas acumuladas desde 1979.
 
En aquel momento el principal acreedor de la deuda era el Banesto, entidad que con cinco mil millones de las antiguas pesetas, controlaba más de la mitad de las acciones, y ante quien los trabajadores cargaron todas sus iras en la pelea sindical, la Seguridad Social, la Confederación Hidrográfica del Norte  y el Banco Atlántico, cerraban la lista de acreedores con quien negociar.
 
Los sindicatos de aquel entonces en el Comité de Empresa (UGT, SU, CCOO, USO, SIS) tenían muy claro que no bastaba con llegar acuerdos con los acreedores para sacar la empresa adelante,  la deuda del Banesto era demasiado importante como para soportarla en el tiempo, de ahí que los trabajadores se empeñaran en obtener la quita de al menos una parte sustancial de la deuda del Banesto y así poder acometer actuaciones sin tener que mirar por el rabillo del ojo lo que Banesto pudiera hacer en cada momento. El principal defensor de esta línea argumental fue José María Gruber, portavoz del Sindicato Unitario, que jugo una baza decisiva en la presión sindical.
 
Evidentemente la empresa a través de una consultora, que si no recuerdo mal se llamaba Copysa, presento un plan de viabilidad que entre otras reducciones planteaba un ajuste drástico de la plantilla y que el comité de empresa rechazo desde el primer día, dejando constancia que solo admitiría posibles ajustes de empleo, si estos fueran no traumáticos.
 
El primero de los políticos que se posiciono a favor del futuro de Sniace fue el Presidente de aquel entonces Juan Hormaechea, quien llego a sugerir la reconversión de la deuda de Banesto en acciones, a la vez que acusaba de cierta culpabilidad a la Confederación Hidrográfica del Norte, en su empeño radical por cobrar el canon multimillonario por los vertidos al río besaya.
 
Para el presidente Hormaechea Sniace no solo era necesaria por el empleo y su capacidad industrial, sino entre otras por el alto consumo de madera de los montes de Cantabria, y empresas subsidiarias que le llevaron “apoyar” las reivindicaciones de los trabajadores,  con más o menos rigideces, dependiendo de las puntuales actuaciones del gobierno de la nación y de las judiciales que también fueron condicionando el devenir de esta confrontación sindical.
 
Y como si se tratara de un conflicto de solución rápida, los trabajadores de Sniace inmediatamente convocaron la primera de las múltiples manifestaciones que se realizaran en el transcurso de los dos años siguientes. En apenas cinco días de haberse hecho pública la suspensión de pagos, se celebro la primera manifestación, con más de nueve mil ciudadanos, entre Sniace y las oficinas de Banesto en Torrelavega, ruta que se repetiría en múltiples ocasiones durante el tiempo que duro el conflicto.
 
El portavoz de USO en el comité era Fernando de la Rasilla, compañero que demostró desde el primer día del conflicto una dedicación absoluta y comprometida con los trabajadores y el sindicato, en circunstancia muchas veces duras al estar solo en el comité de empresa, con el resto de los sindicatos que interiorizaban cierto protagonismo que no les gustaba demasiado.
 
Luego vendrían iniciativas políticas de toda rango, como las de IU, CDS, interpelaciones parlamentarias a nivel nacional, entre otros de Rafael Calvo Ortega, BAT, y el Partido Popular  que no dudo en llevar también al ámbito municipal de Torrelavega entre otros municipios, propuestas por las que se manifestaba la preocupación por Sniace y la desindustrialización de la comarca del besaya.
 
A quien más le costó aceptar la realidad de la lucha sindical fue al PSOE, quien gobernando a nivel nacional, era responsable último de las actuaciones, de la Confederación Hidrográfica del Norte que no paraba de presionar a la empresa, en estas circunstancias, no fue de extrañar que los diputados socialistas Jaime Blanco, y Gerardo Bazo tuvieran que hacer encaje de bolillos frente a un grave problema que se enquistaba de forma rápida y ante unos partidos políticos que también veían la posibilidad de debilitar al socialismo políticamente. 
 
A primeros del mes de julio Sniace presento expediente de regulación de empleo para 245 trabajadores, el comité de empresa, a través de su presidente José Manuel Colio de la UGT – que luego sería jefe de personal, las vueltas que da la vida – de inmediato a la vez que lo rechazaba, retenía en las instalaciones de la empresa al director general técnico y al director de relaciones industriales, y a la vez que cerraba a cal y canto la portilla para que no se sacara producto terminado, mientras no se abonaran los salarios pendientes y se retirara el expediente extinción de empleo.
 
Las movilizaciones se hicieron notar durante las fiestas de aquel año, fiestas entristecidas por lo que estaba pasando en Sniace y que el propio José María Gruber se encargaría de recordar desde el balcón del ayuntamiento previo a la lectura del pregón, por su parte USO, hizo una llamada a los trabajadores de Sniace y las empresas de la comarca en lo que vino en llamar unas “fiestas a la asturiana”, donde se dejase constancia con la movilización social la gravedad de los hechos que estaban acaeciendo.
 
La solidaridad de los trabajadores de Sniace entre ellos fue muy grande, solidaridad que pretendió romper la empresa enviando una carta personalizada a los trabajadores comunicándoles los hechos graves por los que atravesaba, el posible cierre de la misma, incluso el anuncio de que “en el expediente regulación de empleo no se encuentra usted incluido”. Con esta carta firmada en nombre del Consejo de Administración por José María Aparicio, y calificada de indignante por la representación sindical, la empresa quiso romper la unidad sindical y socavar los principios de solidaridad de los trabajadores. 
USO fue el primer sindicato en proponer la huelga general convencida de que la vía de negociación exclusivamente lo único que aportaría, en el mejor de los casos, seria el despido de trabajadores sin que ello garantizase el futuro de la empresa, Fernando Izuel Secretario General de USO en la Comarca del Besaya fue el encargado de proponerlo al resto de los sindicatos anunciando para el conflicto “un posible segundo Reinosa”, que por desgracia había costado un muerto.
 
Pero como dice el dicho popular  “todo lo que no mejora empeora” y unos días después de haber opinado sobre el conflicto los secretarios generales de los sindicato, llego el primer enfrentamiento de la policía con los trabajadores, enfrentamiento que solo el primer día dejo dieciséis heridos, al Delegado del Gobierno Antonio Pallares no le había temblado la mano a la hora de radicalizar la actuación de la policía. Entre los compañeros heridos se encontraba el dirigente sindical José María Gruber que tuvo que ser ingresado en el hospital de la Cruz Roja con un traumatismo en la cabeza, entre otros muchos golpes, la policía sabia muy a quien estaba machacando. 
La primera respuesta solidaria no tardo en producirse, nueva manifestación, esta vez secundada por mas de siete mil torrelaveguenses, que pidieron la dimisión del Delegado del Gobierno y el reproche a la actuación de la policía que se había saldado con 35 personas heridas y 28 detenidos, todo un record para una movilización sindical, que solo pretendió protestar por una suspensión de pagos y un ERE que dejaba en la calle a 245 trabajadores, vaya delito.
 
Ante tanto desatino la USO una vez mas volvería a pedir huelga general para la comarca del besaya, y la dimisión del delgado del gobierno aunque de nada nos sirvió, la presencia de Justo Zambrana Secretario de Estado para las Administraciones Publicas en Santander, dejo muy claro el apoyo del gobierno socialista a las actuaciones de Antonio Pallares quien se aprovecho del conflicto para reprobar el comportamiento sindical de UGT y CCOO en el conflicto de Reinosa, y un silencio absoluto para el de Torrelavega.
 
Por su parte el  alcalde José Gutiérrez Portilla, escribiría días después un articulo titulado “Energía si, violencia no” que entre otras cosas manifestaba cierto compromiso del gobierno central en ayudar a Sniace, en el momento mismo que la empresa elaborase un Plan de Viabilidad. Por su parte el Presidente Juan Hormaechea y Francisco Pernia, Consejero de Industria, también quedaban comprometidos en ayudar, incluso el Obispo de Santander Monseñor Vilaplana se pronunciaría en defensa de los trabajadores, lanzando un mensaje pastoral que hacia una llamada a los empresarios para que no olvidasen las consecuencias humanas que dejan atrás cuando se procedía al despido de los trabajadores.  
Al final la propuesta de huelga fue tomada en consideración primero por el comité de empresa y posteriormente por los sindicatos, llevándose a cabo el 29 de septiembre de 1992. A esta huelga general se apunto hasta el apuntador, todos los partidos políticos, movimientos ciudadanos de distinto signo, instituciones incluidas las religiosas, el gobierno de la Diputación Regional, nadie quería quedarse fuera de la foto, una situación que al menos la USO replico a través de una rueda de prensa, dejando claro que en la huelga no cabían todos, que la huelga general se hacía contra las administraciones regionales y nacional y en esa medida también contra los principales partidos políticos de la región PSOE y PP, por lo que tenían de referentes a la hora de resolver los problemas de Sniace en primer lugar, y de aportar alternativas a la desindustrialización de la región, dejando claro que como organización convocante no invitábamos al Presidente Juan Hormaechea.
 
La huelga general fue un éxito absoluto e incontestable, 15.000 personas se manifestarían como cierre de la huelga reivindicando un plan de reindustrialización para la comarca del besaya. Al día siguiente las valoraciones coincidieron en lo positivo de la convocatoria – faltaría mas - aunque por desgracia la lectura no fue coincidente, mientras que para la administración regional el éxito de la huelga era una llamada a la administración nacional, para el PSOE la culpa la tenia Banesto y Mario Conde, y por si fuera poco el PP al que no le gusto nada que Hormaechea apoyara la huelga aprovecho y abrió una crisis en el gobierno regional, dejando a UPCA solo en minoría parlamentaria, vamos lecturas varias para una movilización social que fue utilizada por todos como arma arrojadiza contra todos, eso si, guardando las formas, no fuera a ser que los trabajadores de Sniace se enfadaran. Quizá lo más importante del resultado de la huelga general, al menos a corto plazo, fue el apoyo mayoritario del Parlamento Regional, que se explicito con la constitución de una comisión parlamentaria específica para tratar sobre los temas de Sniace. 
 
Había pasado el año 1992 y comenzaba uno nuevo ahora con un encierro de todos los trabajadores en la propia fábrica, encierro que los ciudadanos de Torrelavega supieron comprender y apoyar, desde el primer momento como lo venían haciendo en las manifestaciones, y con ello animando a los encerrados y a sus familias, que día tras día durante tres meses acudían a las verjas de la fábrica.
 
Con el encierro, se abrió una nueva estrategia, donde los sindicatos asumirían un papel importante en la solución del conflicto laboral y con ello la finalización del encierro, siempre condicionado a las decisiones asamblearias. Para esta labor de representación de USO, se nombro al compañero Juan Carlos Gutiérrez.
 
Aprovechándose de esta situación de encierro de los trabajadores, los sindicatos UGT y CCOO a quienes después de un año de movilización ya les parecía demasiado el esfuerzo, firmaron un preacuerdo con la empresa, que al entender de la USO se quedaba más en palabras y voluntades que en hechos, pero que servio al menos durante algún tipo para llevar esperanzas al encierro, abriendo posibilidades a las bajas por jubilación, y a poder cobrar algún dinero gracias a un expediente de regulación temporal durante seis meses, la empresa por su parte se comprometía a poner en marcha las instalaciones, y a pedir a las administraciones los dineros comprometidos, soluciones que no acabaron de convencer a los sindicatos USO y SU.
 
Con esta disparidad de criterios entre los sindicatos, la negociación con la empresa y administraciones  quedo limitada a UGT y CCOO, mientras que el resto de los sindicatos centraron su actividad en el seno del Comité de Empresa reclamando mayor protagonismo y haciendo frente a las 62 sanciones administrativas que la delegación del gobierno estaba imponiendo a los trabajadores 1.900.000 pesetas de multa y seis meses de cárcel para cada uno.
 
Los avances en el conflicto fueron más bien lentos, las decisiones comprometidas durante el largo conflicto pasaron por reclamar, los avales del gobierno regional, por intentos la permutar de los terrenos por deuda, planes de jubilaciones, compromisos de inversión directa para la depuración de las aguas, reinicio de producciones en las diversas factorías del grupo, ampliaciones de capital por parte de Banesto, etc que dejaron un reguero de movilización social donde la USO aporto su esfuerzo y militancia obrera, sobremanera la de los compañeros afiliados al sindicato en la empresa, dirigidos magníficamente por Fernando de la Rasilla Bermejo que se hizo sindicalista de primer orden de una tacada, basto solo ponerse frente del conflicto, lo demás vino rodado.
 
Y ahora veintidós años después, estamos en lo mismo Sniace cerrada, la movilización social en las calles, negociaciones y mas negociaciones que no acaban de cerrarse en positivo, en concurso de acreedores, despedidos los trabajadores, en recursos judiciales varios, entre ellos, ante el Tribunal Supremo, esperando que los accionistas de una vez pongan nuevos recursos económicos, para recuperar la producción, esta vez con la USO al margen de la mayoría del Comité de Empresa representado por UGT, CCOO y SU, en profunda confrontación sindical, y esperando soluciones que puedan hacer viable el futuro de los puestos de trabajo, pero eso ya es otra cosa que por ahora no me toca contar, son otros tiempos otras personas las que dirigen la sección sindical de USO, otro conflicto a la postre que deseo salga lo mejor posible.

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