La decisión
de la Unión Sindical Obrera de no respaldar la huelga general convocada para el
próximo 11 de noviembre me produce una profunda discrepancia. No hablo en
nombre de la organización, lo hago como sindicalista y como ex secretario
general de USO Cantabria, después de muchos años defendiendo que la
independencia sindical solo tiene sentido cuando sirve para defender los
intereses de la clase trabajadora.
El
comunicado difundido por la organización sostiene que la coincidencia entre la
convocatoria de la huelga y el proceso electoral aconseja esperar a que las
urnas hablen, obviando que la realidad social no espera, los alquileres no se
congelan durante las campañas electorales, las hipotecas no dejan de subir
porque haya elecciones, los jóvenes no encuentran vivienda asequible por el
hecho de que las Cortes estén disueltas, y las familias trabajadoras continúan
destinando una parte cada vez mayor de sus salarios a mantener un techo bajo el
que vivir.
La vivienda
se ha convertido en el principal conflicto social de nuestro tiempo. Miles de
trabajadores, aun teniendo empleo no pueden acceder a una vivienda digna, otros
viven atrapados en alquileres abusivos, y muchos jóvenes, a estas alturas han
renunciado a emanciparse. Por otra parte, pensionistas con ingresos modestos,
ven cómo cada año aumenta el coste de la vida, mientras se reduce su capacidad
económica, por lo tanto hablar de salarios sin hablar de vivienda, es hoy una
forma de ignorar la realidad.
Por eso me
cuesta comprender que un sindicato considere que este no es el momento de
movilizarse. Si existe una causa que afecta de manera directa a la clase
trabajadora es precisamente la imposibilidad de acceder a una vivienda en
condiciones razonables, es por lo tanto, que el problema no es electoral, sino estructural,
y quienes lo padecen lo sufren gobierne quien gobierne.
La
independencia sindical nunca significó neutralidad frente a las injusticias,
mas bien al contrario, la independencia, de que hace gala la USO, nació también
para permitir que los sindicatos pudieran enfrentarse a cualquier gobierno, a
cualquier partido y a cualquier poder económico cuando los derechos de los
trabajadores estuvieran en peligro. Esperar a que finalice una campaña
electoral para decidir si se combate una emergencia social supone invertir el
sentido de esa independencia.
La huelga
general del 11 de noviembre no debe interpretarse como una adhesión a ninguna
candidatura ni a ninguna sigla política, debe entenderse como una exigencia
colectiva dirigida a todos los responsables públicos y a quienes han convertido
la vivienda en un negocio extraordinariamente rentable para unos pocos, e
inalcanzable para una parte creciente de la sociedad.
La historia
del movimiento obrero está llena de ejemplos en los que los trabajadores
tuvieron que actuar antes de que las instituciones estuvieran dispuestas a
escuchar. Ninguno de los grandes avances sociales llegó porque alguien esperó
pacientemente el momento perfecto, llegaron porque hubo personas dispuestas a
movilizarse cuando la situación era injusta e insostenible.
Por eso creo
que la USO todavía está a tiempo de rectificar, todavía está a tiempo de abrir
un debate con su afiliación y de situarse junto a quienes reclaman una vivienda
digna como un derecho y no como un privilegio, todavía está a tiempo de
entender que la vivienda es hoy una reivindicación sindical tan importante como
el salario, la jornada laboral o la seguridad en el trabajo.
El
sindicalismo de la USO no puede limitarse a observar cómo una generación entera
ve frustradas sus expectativas de futuro, todo lo contrario, debe estar
presente allí donde se libra la batalla por unas condiciones de vida dignas.
El próximo
11 de noviembre no solo se hablará de viviendas, se hablará de salarios, de
precariedad, de desigualdad y de la posibilidad de construir un futuro para
quienes trabajan, y en esa conversación, movilización y lucha, creo
sinceramente que la USO debería estar.

Totalmente de acuerdo
ResponderEliminarEstoy de acuerdo
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