14 may. 2014

Ser agradecidos es de ser bien nacidos

Por eso vaya por delante el agradecimiento a Doña María Luisa López García,  madre de Chema quien nos regalo con su buen hacer un magnifico Hornazo salmantino que nos lleno primero el ojo que la tripa aunque de lo otro también porque semejante empanada solo puede ser fruto de los castellanos acostumbrados al trabajo fuerte del campo entre otros menesteres porque el hornazo como se dirá inmediatamente solo forma parte de una dieta para valientes.
Capaces de meterse por el cuerpo una masa con cierto sabor dulce que perfectamente marida con el fuerte sabor de los ingredientes fuertes de la empanada, por eso una masa de Harina, agua, vino blanco, aceite de oliva, huevo, manteca de cerdo, levadura fresca, azúcar, sal y colorante amarillo en perfectas proporciones que le dan a la masa la consistencia y esponjosidad  perfectamente compatible con el relleno en grandes proporciones de  chorizo, filetes de lomo adobado y huevos cocidos, alguien da mas, pues eso para valientes.

Y lo que había sido el mejor impacto de nuestra aventura culinaria, alcanzo su clímax cuando le preguntamos a Chema (y esto del  hornazo …..) como si lo estuviera esperando, se levanto y entre dientes dijo ahora es mi turno. El hornazo se consume preferentemente en el “Lunes de Aguas” siguiente al de Pascua principalmente en Salamanca y recuerda el retorno de las prostitutas que abandonaban la ciudad en Cuaresma, para luego retornar a sus funciones nutridas con fuerzas suficientes para seguir ejerciendo el oficio mas antiguo del mundo.
 
Con esta breve explicación ya nos pudimos hacer una idea de lo muy antiguo del hornazo, que según los papeles se remonta al siglo XVI durante el reinado de Felipe II,  a quien no parece le gustaba mucho que las “putas” anduvieran ejerciendo en tiempo de Cuaresma, por lo que se encargaba a el Padre Putas – que bonito nombre – cura al fin y al cabo a quien se le encargaba vigilar, cuidar y atender a las meretrices hasta el lunes de aguas que las retornaba de vuelta a la ciudad, vitoreado por una multitud de estudiantes que no ahorraban en hornazo, bebida y bailes para celebrar la llegada de las cortesanas en fiesta a las riberas del Tormes.

Y entre buenas viandas y mejores vinos de reserva acompañados de una bota de vino cuidada y curada con esmero, en la cabaña de Chema en San Pedro del Romeral, se brindo entre otros y en reiterados saludos a pie juntillas,  por Emilio - que al final no pudo asistir uno de nuestros insignes Luises, por la reciente jubilación de Antonio, por los amigos “luperos” siempre sindicalistas, aquí y allí donde quieran estar, por supuesto la copa al aire por doña María Luisa, por Chema anfitrión de la casa – atento en  todo momento – y por Yolanda que con el adelantamiento propio de los grandes cocinaros,  nos recibieron a  mesa puesta, por las anchoas,  el pan de pueblo y el buen postre de  quesada y helado de Virginia, Félix y Agustín, y otros brindis - cargados con risotadas incluidas - por eventos recientes que no tienen cabida en esta crónica pero que todos recordaremos.


Chema, muchas gracias por ofrecernos una vez mas tu “dehesa”, muchas gracias por recibirnos para hablar de sindicalismo presente y futuro, muchas gracias a tu madre, por motivar este pedazo de escuela entorno al hornazo y muchas gracias a los Luises porque sois cojonudas y cojonudos.

1 comentario:

  1. Lo único bueno que queda de mi vida laboral anterior, entre tanto impresentable, me quedo con estos buenos amigos.
    Yolanda

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