17 mar. 2015

Jarrones chinos infalibles. (Manuel Zaguirre)

Hace unos días el periódico El País entrevisto al ex presidente Felipe González que entre otras cosas, motivo el cometario que adjunto de Manuel Zaguirre, también ex secretario general de USO y que por su interés incorporo a mi blog.  

De las innumerables gracietas de Felipe González, una de las que retengo es aquella que dice que los ex presidentes son como jarrones chinos; todo el mundo los admira pero nadie haya dónde ponerlos para que no estorben. No me negarán que es ingenioso, como él.
En la entrevista, González pontifica sobre casi todo, da consejos, señala errores, condesciende con quienes los cometen, es tolerante y paternal con los españoles (pobrecillos, somos tan unamunianos), todo ello aliñado con esa capacidad endémica de Felipe para solemnizar lo obvio, para desplegar discursos circulares o para dárselas de progresista donde no hay más que posiciones centristas retóricas más próximas a la defensa acrítica de este capitalismo que a la socialdemocracia básica.
Permítanme una fugaz disección de las cuestiones de fondo  que el ex presidente publicó en EL PAIS en formato entrevista:
 
No hay el menor asomo autocrítico ni esfuerzo analítico alguno sobre las causas que ponen fin al bipartidismo y perfilan un cuadro político con cuatro fuerzas y pico. Se limita a tolerarlo, para regañarnos y amenazarnos después con un panorama similar al italiano, como si aquello fuera el infierno al que iremos por descreídos con el bipartidismo. Olvida que el presente italiano es resultado de un pasado reciente en el que el tsunami de la corrupción política y económica se llevó por delante, entre otros, a su íntimo amigo Betino Craxi y al Partido Socialista que éste lideraba, y tuvo que salir huyendo de Italia perseguido por la Justicia para morir en el extranjero en medio del desprecio y el asco de sus conciudadanos. Memoria flácida la del ex presidente, a veces.

El tratamiento de González a esta plaga de la corrupción y a los esfuerzos de tanta gente para erradicarla y poner a los corruptos a buen recaudo moral, político y penal, provoca indignación más que perplejidad. No hay la menor radicalidad en su enfoque. Es un fenómeno poco menos que  caído del cielo, viene a decir. Especialmente alarmantes me parecen sus propuestas de que la responsabilidad política por corrupción sólo se produzca cuando haya sentencia condenatoria de un juez, o esta otra de que los imputados judicialmente por corrupción no tienen por qué ser excluidos de las listas electorales. Censura que las proclamas de regeneración moral de los partidos contra la corrupción están sobreactuadas, que son ficticias, vamos. A la vista de esas estrafalarias opiniones,  Rajoy, Cospedal, Floriano,  parecen regeneracionistas de postín.

Los entrevistadores –durísimos ellos- no le preguntan por su propuesta de que el PP y el PSOE formen un gobierno de gran coalición “a la alemana”, como el ex presidente viene sosteniendo con insistencia. Imagino que la dirección del PSOE le habrá rogado que no diga esas cosas en pleno año de romerías electorales continuas porque hunden al PSOE más si cabe… Pero él no ceja; formula la propuesta pero limitándola al ámbito de Andalucía, para la que propone un gobierno entre el PSOE y Ciudadanos (este partido emergente puede ser un comodín de derechas más aseado que el PP).

Con un indisimulado descaro el ex presidente señala a Susana Díaz como futura líder nacional del PSOE y a Pedro Sánchez le augura unos años de rodaje para, tal vez, consolidarse como líder; los mismos años  que tarde  Susana Díaz en gestionar la próxima legislatura en Andalucía y Sánchez en gestionar los escasos resultados que las urnas presagian. Como suena.

Y poco más. Ni una palabra siquiera sobre los sediciosos responsables de esta crisis ni sobre los millones de víctimas inocentes que la sufrimos injustamente. Algunas vulgaridades sobre el futuro de la socialdemocracia, evadiéndose en una jaculatoria de “pacto social para el siglo XXI…”  No obstante, sí se retrata  como “socialdemócrata” cuando asigna  a la Unión Europea el rol de destinar sus recursos productivos y financieros a competir en este escenario de globalización del capitalismo salvaje y  lo que sobre –los excedentes, dice él- que se destine a “la cohesión social, por lo menos en pilares tan importantes como la sanidad y la educación”, y para tranquilizarnos sentencia que “no estoy haciendo un discurso, estoy priorizando”. Ya, ya, Felipe.

Con estos veteranos jarrones en casa, el PSOE puede dormir tranquilo… ¿el sueño de los justos?

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