10 feb 2026

Más agua, más aves: una relación clara en el Pantano del Ebro

Rafael de Andres Seco

En enero de 2026 se contabilizaron 5.237 aves acuáticas invernando en el Pantano del Ebro, una de las cifras más altas de las últimas décadas. Este dato confirma algo que se viene observando desde hace años: cuando el pantano mantiene un buen nivel de agua en invierno, el número de aves que lo utilizan como lugar de invernada aumenta de forma muy significativa. 

La relación es sencilla y directa. En los inviernos en los que el embalse presenta niveles bajos de agua, la presencia de aves disminuye de manera acusada. Un ejemplo claro es enero de 2023, cuando, debido al escaso volumen de agua existente, solo se contabilizaron 1.320 aves acuáticas, una de las cifras más bajas registradas. Por el contrario, en años con mayor ocupación del embalse, como enero de 2026, se alcanzan valores muy elevados, superando con creces las cinco mil aves.

Esta dependencia se explica en buena medida por las características del propio pantano.

Al tratarse de un embalse muy extenso y poco profundo, cualquier descenso del nivel del agua reduce de forma notable la superficie inundada. Menos superficie de agua implica menos zonas adecuadas para la alimentación y el descanso de las aves durante el invierno, lo que las obliga a desplazarse a otros humedales.

El nivel de agua que presenta el pantano en enero no es fruto del azar. Depende en gran medida de las decisiones adoptadas meses antes, especialmente del volumen que se deja tras las desembalsadas de otoño y del momento en que se cierran las compuertas, además de las lluvias que se registren después. Por ello, una gestión más cuidadosa en ese periodo desde la Confederacion Hidrográfica del Ebro resulta clave para asegurar buenas condiciones durante el invierno.

En este sentido, resulta positivo que en los últimos años el Pantano del Ebro haya aportado menos agua a la cuenca, apoyándose más el sistema en otros embalses. Mantener esta orientación ayudaría a evitar su deterioro ambiental y a conservar su valor natural.

La conclusión es clara: garantizar un nivel suficiente de agua en el Pantano del Ebro es esencial para proteger su riqueza ambiental. La enorme diferencia entre las 1.320 aves de enero de 2023 y las 5.237 de enero de 2026 lo demuestra con rotundidad. Si en su día la construcción del pantano transformó profundamente el territorio y la vida de sus habitantes, hoy existe una responsabilidad añadida: preservar este espacio para las aves acuáticas que han hecho de él su lugar de invernada.

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