Rafael de Andres Seco
En enero de
2026 se contabilizaron 5.237 aves acuáticas invernando en el Pantano del Ebro,
una de las cifras más altas de las últimas décadas. Este dato confirma algo que
se viene observando desde hace años: cuando el pantano mantiene un buen nivel
de agua en invierno, el número de aves que lo utilizan como lugar de invernada
aumenta de forma muy significativa.
La relación
es sencilla y directa. En los inviernos en los que el embalse presenta niveles
bajos de agua, la presencia de aves disminuye de manera acusada. Un ejemplo
claro es enero de 2023, cuando, debido al escaso volumen de agua existente,
solo se contabilizaron 1.320 aves acuáticas, una de las cifras más bajas
registradas. Por el contrario, en años con mayor ocupación del embalse, como
enero de 2026, se alcanzan valores muy elevados, superando con creces las cinco
mil aves.
Esta
dependencia se explica en buena medida por las características del propio
pantano.
Al tratarse
de un embalse muy extenso y poco profundo, cualquier descenso del nivel del
agua reduce de forma notable la superficie inundada. Menos superficie de agua
implica menos zonas adecuadas para la alimentación y el descanso de las aves
durante el invierno, lo que las obliga a desplazarse a otros humedales.
El nivel de
agua que presenta el pantano en enero no es fruto del azar. Depende en gran
medida de las decisiones adoptadas meses antes, especialmente del volumen que
se deja tras las desembalsadas de otoño y del momento en que se cierran las
compuertas, además de las lluvias que se registren después. Por ello, una
gestión más cuidadosa en ese periodo desde la Confederacion Hidrográfica del
Ebro resulta clave para asegurar buenas condiciones durante el invierno.
En este
sentido, resulta positivo que en los últimos años el Pantano del Ebro haya
aportado menos agua a la cuenca, apoyándose más el sistema en otros embalses.
Mantener esta orientación ayudaría a evitar su deterioro ambiental y a
conservar su valor natural.
La
conclusión es clara: garantizar un nivel suficiente de agua en el Pantano del
Ebro es esencial para proteger su riqueza ambiental. La enorme diferencia entre
las 1.320 aves de enero de 2023 y las 5.237 de enero de 2026 lo demuestra con
rotundidad. Si en su día la construcción del pantano transformó profundamente
el territorio y la vida de sus habitantes, hoy existe una responsabilidad
añadida: preservar este espacio para las aves acuáticas que han hecho de él su
lugar de invernada.

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