Jesús Echezarreta es, ante todo, un santanderino de siempre, como a él mismo le gusta sentirse. Aunque la vida lo llevó lejos de su tierra para echar raíces en Zaragoza, hay identidades que nunca se abandonan del todo y que siguen latiendo en la memoria, en la mirada y, quizá también, en los versos.
Entre la
medicina, ejercida como profesión, y el sindicalismo en Comisiones Obreras
asumido con compromiso militante, nunca pensé que la poesía pudiera convertirse
en el reposo de un hombre de izquierdas con cierto ramalazo de radicalidad. Tal
vez por eso me sorprendo -y en buena medida me alegro - de tener un amigo capaz
de expresarse en verso.
De “Vivencias”
a “Senderos” hay un camino por el que pasea la poesía de Jesús. Dos
poemarios que, en el tiempo, terminan por fundirse en una misma trayectoria de
versos y poemas. En ellos va creciendo un poeta recién estrenado, pero cargado
de experiencias, de emociones sentidas en lo personal y proyectadas hacia los
demás, hacia ese otro que siempre completa el todo.
En su primer
poemario, Vivencias, prologado por Belén Mateos, se define a Jesús como
“un poeta que ama la vida lucha por ella, sueña y muere en el verso”. Desde mi
humilde desconocimiento de la métrica y de los secretos técnicos de la poesía,
añadiría algo más, es también un hombre profundamente comprometido con la
justicia social, alguien que ha participado activamente en la defensa de los
derechos de los ciudadanos.
Por eso su
poesía tiene también un punto de transgresión y de militancia. No se limita a
la contemplación o al lirismo íntimo, sino que a menudo se convierte en una
forma de denuncia social, en una manera de hacer visibles los múltiples
problemas que hoy seguimos padeciendo también en España.
Pablo
Delgado, prologuista de su segundo poemario, Senderos, vuelve a
revelarnos otra faceta del poeta. En sus palabras, Jesús avanza “jaleando por
un dulce y suave sendero el amor reflexivo, con sutiles matices del tiempo en
perfecta armonía”, en contraste con una sociedad “anegada de ruido y estímulos
vulgares”. Ese sendero es capaz de abrir caminos diversos: el amor entendido
como algo que pertenece a todos y para todos, y al mismo tiempo la denuncia
social que nunca desaparece en quien ha vivido la militancia de izquierdas como
parte de su identidad.
Por todo
ello, a mi amigo Jesús Echezarreta solo puedo decirle: felicidades por este
nuevo poemario. Y gracias, porque, sin proponértelo quizá, tus versos me están
ayudando cada vez más a entender la poesía.

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