9 jun 2026

Lo que León XIV dijo en las Cortes, y merece la pena escuchar

 La intervención del Papa León XIV en las Cortes Generales ha dejado mensajes que trascienden el ámbito religioso y se adentran de lleno en el terreno de la reflexión política, social y humana. Más allá de las opiniones que pueda suscitar su presencia en el Parlamento, resulta difícil negar la relevancia de algunas de las cuestiones planteadas.

 El primero, y probablemente el más importante de todos, fue la defensa de la dignidad de la persona como fundamento de toda acción política. En un momento en que con frecuencia predominan los intereses económicos, las estrategias partidistas o los cálculos electorales, León XIV les recordó a sus señorías que la política solo encuentra su sentido cuando se pone al servicio de las personas, especialmente las más vulnerables.

 Otra de las reflexiones más destacadas fue el llamamiento al diálogo y a la superación de la polarización. En una sociedad cada vez más dividida, en un clima político marcado por la confrontación permanente, la apelación al respeto, al encuentro y a la búsqueda del bien común adquiere una relevancia especial siempre dentro del respeto democrático a la pluralidad de ideas.

 Pero la cita más esperada resonó en el hemiciclo con voz poderosa, los migrantes. Personas que se ven obligadas a abandonar sus países por la guerra, la pobreza o la falta de oportunidades. Personas concretas, con historias, esperanzas y derechos que no pueden ser ignorados, y mucho menos reducidos a un dato estadístico situado al final de la lista de prioridades.

 Relevante fue también su defensa de la paz en un momento internacional especialmente complejo. Frente a la lógica de los bloques, la escalada de tensiones y el aumento del gasto militar, reivindicó la diplomacia, la cooperación y el diálogo como instrumentos imprescindibles para la convivencia entre los pueblos.

 Por último, León XIV puso sobre la mesa uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial. Su mensaje fue claro: el progreso técnico solo será verdaderamente humano si va acompañado de principios éticos que garanticen el respeto a la libertad, la dignidad y los derechos de las personas.

 En conjunto, su discurso dejó una idea de fondo que merece ser tenida en cuenta por creyentes y no creyentes por igual, una sociedad fuerte no es aquella que impone una única visión, sino la que es capaz de convivir en la diversidad, proteger a los más débiles y construir espacios de encuentro. Quizá ese haya sido, en última instancia, el mensaje más valioso de su intervención en las Cortes.

 

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