2 ago 2026

Los jardines de Piquio sin proa, la reforma que borra la identidad de un lugar

Los Jardines de Piquio están a punto de abrir sus puertas después de años de obras, retrasos, sobrecostes y una interminable sucesión de anuncios institucionales. El Ayuntamiento de Santander ha puesto el acento en la recuperación de barandillas, pavimentos, pérgolas, fuentes y elementos históricos como la Bola del Mundo o la mesa circular de piedra. Sin embargo, hay una pregunta que sigue sin respuesta y que muchos santanderinos comienzan a hacerse: ¿dónde está la histórica Proa de Piquio?

Durante décadas, aquella singular pieza cerámica formó parte de la identidad visual de uno de los lugares más emblemáticos de Santander, era un elemento perfectamente reconocible para generaciones de vecinos y visitantes, sin embargo, con la reapertura de los jardines, la proa ha desaparecido sin que exista explicación pública alguna sobre su paradero.

Lo más llamativo es que el Proyecto de Renovación y Acondicionamiento de los Jardines de Piquio y su entorno, redactado en marzo de 2022 por dos ingenieros, entre ellos el Ingeniero Civil del Servicio de Vialidad, no contemplaba ninguna retirada definitiva de este elemento patrimonial, que contaba con un presupuesto de 1.742.642,48 euros y un plazo de ejecución de nueve meses.

La realidad, una vez más, ha sido muy distinta. El coste definitivo de la remodelación se sitúa en torno a los 2,61 millones de euros, según los datos facilitados por el propio Ayuntamiento al finalizar las obras en julio de 2026, cifra que supone un incremento cercano al 92% respecto al presupuesto de adjudicación de 2024, fijado entonces en 1.360.128 euros.

Y aquí es donde surgen las dudas razonables. He revisado la información pública disponible sobre las obras y la reapertura de Piquio, los comunicados municipales que detallan con precisión actuaciones sobre muros, barandillas ornamentales, fuentes, pavimentos, pórticos, vigas de pérgolas y otros elementos históricos recuperados, sin que aparezca ni una sola referencia pública que explique lo qué ha ocurrido con la Proa de Piquio, dónde se encuentra actualmente o si existe intención de reinstalarla.

Resulta sorprendente que se informe hasta del pintado de los faldones inferiores de las barandillas perimetrales y, sin embargo, nada se diga sobre un elemento tan característico y simbólico para la ciudad.

Por ello, sería conveniente que los grupos de la oposición municipal revisaran con detalle la documentación de la obra, cruzando el proyecto inicial con la justificación final de los gastos. Porque hasta la fecha, las explicaciones conocidas sobre el incremento presupuestario no dejan de ser una enumeración genérica de trabajos que, en gran medida, ya figuraban recogidos y valorados en el proyecto original.

Los santanderinos tienen derecho a saber qué ha pasado con cada euro invertido y también con cada elemento patrimonial que formaba parte de este espacio público.

Salvo que algún listo - y no sería la primera vez que ocurre algo parecido en esta ciudad - haya decidido apropiarse de lo que pertenece a todos, la alcaldesa Gema Igual debería aclarar de inmediato cuál es la situación de la Proa de Piquio.

Si la pieza está siendo restaurada, explíquese públicamente. Si se encuentra almacenada, dígase dónde y en qué condiciones. Y si se ha tomado la decisión de no reinstalarla, la ciudadanía merece conocer los motivos de una decisión que afecta directamente al patrimonio urbano de Santander.

Porque no estamos hablando simplemente de un elemento decorativo, estamos hablando de una parte de la memoria sentimental de la ciudad, de un símbolo que ha acompañado durante décadas a quienes han paseado por Piquio, han contemplado desde allí el Sardinero y sus playas o simplemente han crecido identificando aquel rincón con una imagen singular e irrepetible.

La Proa de Piquio no pertenece a ningún gobierno municipal, pertenece a la memoria colectiva de Santander, y precisamente por eso, los santanderinos tienen derecho a saber dónde está.


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