10 jul. 2015

Apartado 3º.- Haciendo memoria “Así empezó todo” Y de pronto Unión Sindical Obrera

Mi profesor de Psicología Social del Trabajo, en la Escuela de Graduado Social, Mario Gutiérrez Barbero me invito la Semana Santa del año 1973 a un viaje a Madrid a conocer a una gente que a la postre serian militantes de la Federación de Partidos Socialistas y de USO
Recuerdo que durante el camino hicimos una parada para recoger a Ramón Carrancio, quien durante algunos años, compartiría militancia sindical en la USO, para posteriormente tomar el camino del movimiento vecinal y político.
Sin saber muy bien lo que iba a pasar al menos yo, en un viaje totalmente novedoso para un joven de 20 años que hasta la fecha su mundo sindical se movía entorno a un grupo de curas obreros, y la asistencia a reuniones que se convocaban  en la HOAC y JOC, entre otras, acabamos en un bar en los alrededores de la Estación de Atocha, un bar que no tenía ninguna característica que hoy pueda destacar, donde unos paisanos jugaban a las cartas y bebían unos chiquitos de vino, totalmente ajenos a la causa por la que nosotros estábamos allí, al menos eso es lo que a mi me pareció.

Recuerdo que estuvimos esperando pacientemente durante algún tiempo, hasta que un buen señor se acerco a nosotros nos pregunto si éramos los de Santander y nos hizo pasar a una trastienda que tenia el bar detrás de una puerta perfectamente camuflada con una barrica, allí estaban mas compañeros de otras provincias, y dirigentes políticos de la Federación de Partidos Socialista, y de USO, se trataba de una reunión de captación, donde te ponían al día y te lanzaban a la militancia, me imagino que después de cierto conocimiento de las personas que allí estábamos, desconozco quien hablo por nosotros, aunque me imagino que lo hizo bien por lo bien que fuimos recibidos.

De la reunión entre el miedo que tenia y lo mucho que hablaban aquellas personas no recuerdo gran cosa, lo único que recuerdo claramente es que después de aquella larga tarde/noche, las últimas palabras fueron para decirnos que en los próximos días recibiríamos una llamada telefónica de unos compañeros de Bilbao, ellos nos indicarían lo que teníamos que hacer. Y así sin mas después de bastantes horas nos fuimos a dormir a la ciudad universitaria al Colegio Mayor Juan XXIII, alguien había reservado para nosotros la cama, un colegio mayor al que volvería al cabo de los años cuando celebramos nuestro Iº Congreso Confederal en el año 1977.

Y como estaba previsto sin apenas pasar un mes nos llamo Bonifacio Rojo, Secretario General de USO en el País Vasco, con quien contactamos en el atraque de las lanchas de los diez hermanos en el paseo marítimo, después de un breve saludo nos entrego una caja de cartón cargada con folletos de propaganda de la USO, y adiós parís que se quedo sin gente, vuelta al nerviosismo y a la gran pregunta “ahora que hacemos con esto”.

Recuerdo que Mario Gutiérrez Barbero tenia un pequeño local en general dávila, y allí fue donde  llevamos la propaganda haciendo durante algún tiempo de aquel local nuestro cuartel general. Allí celebramos las primeras reuniones clandestinas en las que nosotros también hacíamos lo que aprendimos en aquel bar de Atocha, charlas de concienciación y de militancia ahora ya, a favor de la USO, del que no conocíamos apenas nada, solo lo que pudimos leer en la propaganda que nos dejo el bueno de Boni a través de un pequeño folleto “Así es la USO”.

Y ese fue el comienzo de una militancia cargada de ilusiones y de miedos, de actos clandestinos, de reuniones que no tenían fin, una militancia con un discurso político y a la vez sindical, donde la palabra democracia y libertad ocupaba muy buena parte de nuestro trabajo, convencidos de que en las fabricas y en los barrios nos esperaban. Así fue como empezamos a contactar con otros compañeros, en reuniones no exentas de cierta tensión, a las que asistían trabajadores con los que previamente habíamos mantenido contactos privados, compañeros invitados a reunirse en lugares seguros para  hablar de lo que   “pasaba” intercambiar estrategias, cruzar algún que otro nombre, reuniones para entregar un puñado de hojas y  repartirlas al día siguiente en el tajo, para hablar de los compañeros que habían perdido el trabajo y de sus familias, o de los que estaban represaliados por los tribunales de justicia, y de tantas y tantas cosas que encerraba la militancia obrera de aquel entonces.

Como sedes improvisadas los salones parroquiales de las iglesias del Barrio Pesquero, Peña Castillo, Sierrapando entre otras, donde nos sentíamos seguros frente a la policía, donde estaban los sacerdotes comprometidos con los trabajadores, que daban la cara por nosotros, “curas obreros” como se les llamaban por aquel entonces, ellos eran los primeros en ponerse a la puerta de la iglesia a nada que se acercara la policía, parroquias que nos dieron cobijo, donde discutir y planificar las estrategias, sindicales.

Durante algunos años Mario Gutiérrez Barbero estuvo militando en la USO, aunque no era precisamente lo que más le motivaba, Mario era un intelectual, un hombre de izquierdas, en cierta medida un radical, en la defensa de los valores sociales, tenia perfectamente marcadas las pautas de actuación en todo aquello que se embarcaba, sobremanera en el movimiento ciudadano que por aquel entonces estaba en ciernes en nuestra región, fundó la Asociación de Vecinos La Encina, una de las primeras asociaciones, conjuntamente con Isabel Tejerina y Santos Saldaña.

Fue parte sustancial de la vanguardia de la política regional que se abría camino entre los nuevos partidos políticos, en ellos participaba el abogado Mario García Oliva – que durante algún tiempo ayudo a la USO - Martínez de la Pedraja, líder del movimiento ganadero, Daniel Callejones Prieto de la Democracia Cristina liderada por Joaquín Ruiz Jiménez, por eso no me extraña que los contactos políticos de Mario nos llevarían aquella semana santa a Madrid, para el compañero Mario ese viaje formaba parte de una estrategia política, en torno al nuevo socialismo regional, aunque al final lo que nos trajimos fue la USO, el  socialismo ya tenía referente en Jaime Blanco García.

Y así con cierto nivel de improvisación, fue como la USO se puso en marcha en Cantabria, un viaje a Madrid, treinta kilos de propaganda, un megáfono y la ilusión por defender la causa de los trabajadores y la democracia, fueron los utensilios con los que construyo el sindicato. La USO por aquel entonces a nivel nacional y en otras regiones españolas era muy conocida, pero en Cantabria todavía no había tenido la posibilidad de entrar, y fuimos precisamente nosotros los que pusimos la bandera.

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