6 jun. 2016

El Papa Francisco sacude la conciencia de una Europa que se hunde

Manuel Zaguirre
ExSecretario General de USO
Ya nadie discute que la Unión Europea atraviesa la más grave crisis desde su nacimiento, hace ya más de 50 años, con los Tratados de Roma.

En el pasado, las crisis del proceso de integración se resolvían con más integración, dándole velocidad al proceso en base a los principios y valores fundacionales de lo que fue primeo la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), luego el Mercado Común y la Comunidad Europea y, finalmente, la Unión Europea; es decir: solidaridad, cohesión social y territorial, integración cultural, eficiencia económica y redistributiva, libertades y derechos humanos, política internacional de paz y cooperación, etc. O sea, las crisis europeas se superaban avanzando en la dirección del testimonio y el discurso histórico de los fundadores: Schuman, De Gásperi, Adenauer … O más recientemente, en el impulso de grandes líderes europeístas: Jacques Delors, Francois Mitterrand, Helmut  Kohl, Felipe Gonzalez …

La actual y dramática crisis de la Unión amenaza con ser terminal porque es el resultado de abandonar en la práctica los principios y valores fundacionales, de comportarse de forma antitética a ellos, de ausencia de liderazgos , voluntades y proyectos europeístas.

En efecto, una Unión inacabada en términos políticos, sociales, fiscales, de defensa o internacionales, federales … una Unión de cimientos y paredes maestras aun débiles y sin techo político propio, a la intemperie, ampliada compulsivamente, por imperativos esencialmente mercantiles, sin cálculo de tiempos ni riesgos, hasta casi triplicar sus Estados miembro …. Es sometida al tratamiento de shock  de una “unión monetaria” de cerrada ortodoxia y gestión neo-liberal. En síntesis, una endeble fortaleza en términos socio-políticos –eso es la Unión- es asaltada literalmente por la ortodoxia económica y monetarista neo-liberal, quedando así enfeudada y uncida en relación de dependencia siniestra a la lógica perversa del capitalismo salvaje, especulativo, anti-social; globalizado, eso sí.

Aquel baluarte humanista y democrático que era la Unión Europea frente a la globalización del capitalismo salvaje que irrumpe tras la “caída del muro”, está en riesgo de desvanecerse con prácticas tan atentatorias a su propia naturaleza como la gestión vergonzosa e ilegal de la crisis de los refugiados, las negociaciones secretas con los USA de acuerdos comerciales demoledores para lo poco que hay de Europa social, laboral, medioambiental, el ascenso brutal de los viejos fantasmas autoritarios y neo-fascistas, la quiebra de la cohesión social, territorial y entre países miembro, y el aumento alarmante de la injusticia y la desigualdad social, víctimas de la austeridad impuesta a los débiles al tiempo que se blindan fiscalmente las rentas y fortunas de empresas y particulares … rentas y fortunas demasiadas veces bajo sospecha de orígenes turbios.

Con ocasión de habérsele concedido el Premio Carlomagno, el Papa Francisco pronunció un discurso de transcendencia histórica, con un diagnóstico rigurosamente lúcido sobre el estado de Europa y una apuesta desde la esperanza y la solidaridad para recuperar la senda de una construcción ideal de Europa, para sí y para la Humanidad, que dice el himno de Andalucía, tal y como la soñaron los padres fundadores.
Como ya es habitual, un discurso de tal envergadura ha sido prácticamente silenciado por los grandes medios de comunicación, que hace ya mucho tiempo que no están en manos de periodistas honestos sino de empresas y capitales especulativos que los utilizan como coartadas y plataformas ideológicas más que como instrumentos al servicio del derecho a la información veraz para las mayorías sociales.
Me ha parecido necesario extractar y publicar algunos pasajes de ese discurso del Papa Francisco, lamentando que, salvadas las distancias funcionales, discursos de esa grandeza moral y gran proyección histórica no sean pronunciados por nuestros líderes de los diversos campos prácticamente nunca, nunca.
                                                                                       
La creatividad, el ingenio, la capacidad de levantarse y salir de los própios límites pertenecen al alma de Europa …
Las cenizas de los escombros no pudieron extinguir la esperanza y la búsqueda del otro, que ardían en el corazón de los padres fundadores del proyecto europeo …
Ellos pusieron los cimientos de un baluarte de la paz, de un edificio construido por Estados que no se unieron por imposición, sino por la libre elección del bien común, renunciando para siempre a enfrentarse…

¿Qué le pasa ahora a Europa?,

Aquella atmósfera de novedad, aquel ardiente deseo de construir la unidad, parecen estar cada vez más apagados; nosotros, los hijos de aquel sueño, estamos tentados de caer en nuestros egoísmos, mirando lo que nos es útil y pensando en construir recintos particulares…
Crece la impresión general de una Europa cansada y envejecida, no fértil ni vital, donde los grandes ideales que inspiraron a Europa parecen haber perdido fuerza de atracción. Una Europa decaída que parece haber perdido su capacidad generativa y creativa …
¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido, Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?
Nos hará bien evocar a los padres fundadores de Europa.  Ellos supieron buscar vías alternativas e innovadoras en un contexto marcado por las heridas de la guerra. Ellos tuvieron la audacia no sólo de soñar la idea de Europa, sino que osaron transformar radicalmente los modelos que únicamente provocaban violencia y destrucción …
Esta transfusión de memoria nos permite inspirarnos en el pasado para afrontar con valentía el complejo cuadro multipolar de nuestros días, aceptando con determinación el reto de “actualizar” la idea de Europa.
Una Europa capaz de dar a luz un  nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar.
Capacidad de integrar:
Los reduccionismos y todos los intentos de uniformar, lejos de generar valor, condenan a nuestra gente a una pobreza cruel: la de la exclusión. Y, más que aporta grandeza, riqueza y belleza, la exclusión provoca bajeza, pobreza y fealdad …
Las raíces de nuestros pueblos, las raíces de Europa, se fueron consolidando en el transcurso de su historia, aprendiendo a integrar en síntesis siempre nuevas las culturas más diversas y sin relación aparente entre ellas …
La identidad europea es, y siempre ha sido, una identidad dinámica y multicultural …
Estamos invitados a promover una integración que encuentra en la solidaridad el modo de hacer las cosas, el modo de construir la historia …
Una solidaridad que nunca puede ser confundida con la limosna, sino como generación de oportunidades para que todos los habitantes de nuestras ciudades –y de muchas otras ciudades- puedan desarrollar su vida con dignidad…
El tiempo nos enseña que no basta solamente la integración geográfica de las personas, sino que el reto es una fuerte integración cultural …
El rostro de Europa no se distingue por oponerse a los demás, sino por llevar impresas las características de diversas culturas y la belleza de vencer todo encerramiento …

Capacidad de diálogo:
Si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es ésta: diálogo. Estamos invitados a promover una cultura del diálogo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social …
Esta cultura de diálogo, que debería ser incluida en todos los programas escolares como un eje transversal de las disciplinas, ayudará a inculcar a las nuevas generaciones un modo diferente de resolver los conflictos al que les estamos acostumbrando. Hoy urge crear “coaliciones”, no sólo militares o económicas, sino culturales, educativas, filosóficas, religiosas …

Capacidad de generar:
El diálogo, y todo lo que éste implica, nos recuerda que nadie puede limitarse a ser un espectador ni un mero observador. Todos, desde el más pequeño al más grande, tienen un papel activo en la construcción de una sociedad integrada y reconciliada …
Nuestros jóvenes desempeñan un papel preponderante. Ellos no son el futuro de nuestros pueblos, son el presente; son los que ya hoy con sus sueños, con sus vidas, están forjando el espíritu europeo…
No podemos pensar en el mañana sin ofrecerles una participación real como autores de cambios y de transformación. No podemos imaginar Europa sin hacerles partícipes  y protagonistas de este sueño …
Si queremos entender nuestra sociedad de un modo diferente, necesitamos crear puestos de trabajo digno y bien remunerados, especialmente para nuestros jóvenes …
Esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos, orientados no para unos pocos, sino para el beneficio de la gente y de la sociedad …
Pasar de una economía que apunta al rédito y al beneficio, basados en la especulación y el préstamo con interés, a una economía social que invierta en las personas creando puestos de trabajo y cualificación …
Tenemos que pasar de una economía líquida, que tiende a favorecer la corrupción como medio para obtener beneficios, a una economía social que garantice el acceso a la tierra y al techo por medio del trabajo como ámbito donde las personas y las comunidades puedan poner en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección del futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de los valores, la comunicación con los demás, una actitud de adoración

Una Iglesia comprometida con otra Europa:
Si queremos mirar hacia un futuro que sea digno, si queremos un futuro de paz para nuestras sociedades, solamente podremos lograrlo apostando por la inclusión real: ESA QUE DA EL TRABAJO DIGNO, LIBRE, CREATIVO, PARTICIPATIVO Y SOLIDARIO …
Este cambio de una economía líquida a una economía social, no sólo dará nuevas perspectivas y oportunidades concretas de integración e inclusión, sino que nos abrirá nuevamente la capacidad de soñar aquel humanismo, del que Europa ha sido la cuna y la fuente …

El Papa Francisco sueña una Europa …
Que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre  a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio …
Que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte ….
Donde ser inmigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano …
Donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo …
Donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable …
De las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes …
Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía …

Gracias, una vez más, amigo Francisco, por volver a donde nuestros líderes y élites hace mucho tiempo que se marcharon, por recordarnos que se puede y se debe volver a la senda de una Europa Humana, Solidaria, Justa, Pacífica, y comprometida con la utopía de un Mundo de similares perfiles y valores …
Como miembro de la Clase Trabajadora y militante sindical desde la adolescencia casi, quiero resaltar que el único futuro posible para nuestras sociedades, países y Unión Europea, tal como sostiene Francisco, “es la inclusión real, esa que da el Trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario …”


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