En septiembre de 2013, el Ayuntamiento de Santander presentó un ambicioso Plan Especial de Protección y Reforma Interior para la recuperación del Cabildo de Arriba, respaldado por la asistencia técnica de las empresas AUGE Arquitectura y Urbanismo y APIA XXI. El anuncio sonó a promesa seria. Parecía, por fin, el inicio de una nueva etapa para uno de los barrios más castigados del centro de la ciudad.
Más de diez años después, aquella promesa sigue sin cumplirse, a pesar de que el diagnóstico que lo decía todo.
El informe
de 2013 describía sin rodeos la situación del Cabildo de Arriba, "un
barrio en el corazón de la ciudad, en el que parte de los edificios ya no
existen, y los que se mantienen en pie cuentan con multitud de viviendas
vacías". Los técnicos alertaban también de la ocupación de esas viviendas
abandonadas por personas en situación de grave exclusión social y económica.
La
conclusión era clara, la recuperación edificio a edificio resultaba inviable.
Lo que se necesitaba era una intervención pública decidida, una rehabilitación
integral, el retorno de la población tradicional y políticas sociales capaces
de frenar el deterioro. Estaba todo escrito. Todo diagnosticado, y sin embargo,
nada ocurrió. Los años han ido pasando y esa intervención integral nunca ha
llegado.
Tanto la
administración autonómica como la municipal parecen haber optado por una
estrategia diferente, la de confiar en que el mercado privado absorba
lentamente las viviendas vacías y los inmuebles con graves deficiencias
estructurales. Una solución cómoda para quienes gestionan desde los despachos,
pero insoportable para quienes viven cada día en el barrio, lidiando con la
degradación, la incertidumbre y una sensación de abandono que se acumula año
tras año.
En este
tiempo no han faltado los planes, los borradores, las reuniones ni los
titulares de prensa. Lo que ha faltado es la acción.
Hace unos
meses se anunció el derribo de dos edificios en la calle Alta. La noticia se
presentó, una vez más, como el primer paso hacia la regeneración definitiva del
barrio. Los vecinos, sin embargo, llevan demasiado tiempo escuchando promesas
parecidas como para ilusionarse con gestos aislados. Para ellos, esto no es más
que otro parche, otra actuación puntual que sirve más para rellenar portadas
que para transformar la realidad cotidiana del Cabildo.
El barrio no
esta pidiendo nada extraordinario. Solo lo que ya estaba escrito en 2013, un
plan claro, serio y, sobre todo, cumplido. Sus vecinos llevan más de una década
reivindicando algo que debería ser un derecho básico e innegociable, vivir en
un barrio digno, cuidado y respetado.
Mientras las
administraciones siguen aplazando decisiones, el Cabildo de Arriba continúa
esperando. Y el reloj sigue corriendo.

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