Los
sindicatos no se debilitan únicamente cuando pierden afiliación o
representación, también lo hacen cuando la desconfianza sustituye al diálogo,
la confrontación reemplaza al debate y los conflictos internos acaban ocupando
más espacio que la defensa de los trabajadores.
Ese es el
riesgo que afronta hoy USO Cantabria. Lo que está en juego no es un simple
conflicto entre dirigentes, sino el modelo de organización que quiere
construirse para los próximos años. La cuestión de fondo es si el sindicato
será capaz de recuperar la cohesión necesaria para seguir siendo una
organización útil, independiente y cercana a los trabajadores.
Durante los
últimos meses se han sucedido conflictos internos, expedientes disciplinarios y
un progresivo distanciamiento entre la dirección regional y una parte
importante de la estructura sindical. Todo ello ha generado un desgaste que
trasciende a las personas y termina afectando a la credibilidad de la
organización.
Mientras
tanto, la realidad sigue su curso. Los trabajadores continúan enfrentándose a
la pérdida de poder adquisitivo, la precariedad, la transformación industrial y
la incertidumbre económica, son esos problemas los que deberían ocupar el
centro de la acción sindical.
La
experiencia demuestra que ninguna organización se fortalece desde la exclusión,
la cohesión no nace de imponer mayorías, sino de integrar sensibilidades,
respetar la pluralidad y favorecer el diálogo, cuando un sindicato dedica más
esfuerzos a gestionar sus conflictos internos que a defender a los
trabajadores, pierde parte de la confianza que justifica su existencia.
Por eso ha
llegado la hora de las federaciones profesionales. Son ellas quienes sostienen
el sindicato cada día, negocian convenios, concurren a las elecciones
sindicales y mantienen el contacto permanente con los centros de trabajo. Su
legitimidad nace de esa realidad y de la confianza que depositan en ellas miles
de trabajadores.
Las
federaciones deben asumir ahora un papel de liderazgo para impulsar un gran
acuerdo de reconstrucción sindical que permita abrir una nueva etapa basada en
la transparencia, la participación, el respeto a la pluralidad y el
fortalecimiento de la democracia interna.
Pero ese
proceso exige también afrontar las heridas abiertas durante los últimos
tiempos, resulta difícil hablar de integración mientras continúen abiertos
procedimientos que afectan a dirigentes de la Federación de Industria y que,
con independencia de su tramitación estatutaria, se han convertido en uno de
los principales símbolos de la fractura interna.
Recuperar la
normalidad no significa cuestionar las normas ni interferir en los
procedimientos internos, significa comprender que ninguna reconstrucción será
posible sin voluntad de diálogo, sin capacidad para rebajar la confrontación y
sin el propósito de reincorporar al proyecto común a quienes pueden seguir
aportando experiencia, conocimiento y capacidad de trabajo.
El próximo
Congreso Regional representa una oportunidad que no debería desaprovecharse, no
puede convertirse en un ajuste de cuentas interno ni en la proclamación de
vencedores y vencidos, debe ser el inicio de una nueva etapa en la que el
interés colectivo vuelva a situarse por encima de las diferencias personales.
La
afiliación espera responsabilidad, los delegados reclaman liderazgo, y los
trabajadores necesitan un sindicato plenamente concentrado en defender sus
derechos, no en prolongar conflictos internos que solo debilitan a la
organización.
Todavía
existe margen para cambiar el rumbo, todavía es posible construir un pacto
amplio que devuelva la estabilidad y la confianza a USO Cantabria. Un pacto que
tenga como pilares la integración, la transparencia, la participación
democrática y la recuperación de la normalidad interna.
La historia
de USO Cantabria demuestra que sus mejores etapas coincidieron con la unidad de
sus estructuras, el respeto entre sus dirigentes y la capacidad de anteponer el
interés general a cualquier diferencia.
Las
federaciones tienen hoy una responsabilidad que trasciende sus propias
organizaciones. Si asumen ese liderazgo, podrán impulsar la reconstrucción del
sindicato desde el consenso y la participación. Si renuncian a hacerlo, otros
decidirán el futuro de una organización que siempre encontró su fortaleza en la
pluralidad y en la unidad de acción.
La historia
no recordará quién ganó un expediente, quién impuso una mayoría o quién ocupó
un cargo durante unos años, recordará quién fue capaz de preservar un sindicato
útil para los trabajadores de Cantabria.
Ha llegado la hora de las federaciones. Ha llegado la hora de reconstruir USO Cantabria antes de que sea demasiado tarde.

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