25 dic 2021

Reforma laboral y la política del palo y la zanahoria

 

Por fin se empieza a ver un poco de luz a la tan deseada reforma laboral con el pacto que acaban de suscribir sindicatos y patronal con el gobierno, un pacto que, si bien no cumple con las expectativas de los unos y los otros, pone cierto orden al desastre y desamparo que supuso los cambios en la legislación laboral del Partido Popular. Y digo desastre porque los cambios no aportaron, ni estabilidad en el empleo, ni beneficios sustanciales para las empresas, ni mucho menos mejoro la economía del conjunto del estado.

De nada sirvió el abaratamiento de las indemnizaciones por el despido, que se facilitase el despido por causas económicas, técnicas y productivas, sin posibilidad de negociación con los representantes de los trabajadores e intervención de la inspección de trabajo, que los  convenios colectivos de empresa prevalecieran frente al del sector en el momento de su finalización, y lo que es peor, se acotara la ultraactividad de los convenios dejando en el desamparo a muchos trabajadores en el momento que finalizaba su convenio colectivo, reformas que solo sirvieron para machacar el marco de relaciones laborales, y a la larga ineficaces para la estabilidad de las empresas, siempre vinculadas a las coyunturas del mercado y muy poco al marco de relaciones laborales.

Alguno me dirá que sin esas medidas todo hubiera sido peor, que las empresas hubieran cerrado en cadena, que la competitividad en el mercado por culpa de los salarios y la rigidez de las plantillas la hubiera hecho imposible, incluso que la intervención sindical – siempre exagerada - en las empresas les ponía muchas dificultades para la administración de estas, pues bien, nada de todo eso ha sido milagroso como lo demuestra esta nueva reforma, ahora si pactada con los sindicatos y patronal.

Reforma que como decía antes, deja espacios abiertos para nuevas negociaciones, pero que devuelve a la causa de los trabajadores, algunos derechos arrebatados e imprescindibles para la estabilidad en el empleo y en la economía de las familias, una reforma que en política salarial deja para los convenios del sector la prevalencia frente a los de empresa, y el reconocimiento de la ultraactividad hasta que no se negocia uno nuevo, dos medidas imprescindibles para mantener en vigor el marco social en la empresa, a la vez que ejerce presión a los sindicatos y a las empresas para que cuanto antes alcancen el nuevo convenio colectivo.

Otro de los abusos históricos, - que ahora parece se termina - al que se ven sometidos los trabajadores subcontratados, es la aplicación del convenio colectivo. Muchas empresas piratas, hasta la fecha, están ofreciendo trabajadores con salarios de miseria. muy lejos de los que se determina en el convenio colectivo del sector, pues bien, esta reforma obligara a las subcontratas aplicar el convenio del sector al que se vincula la actividad que desarrolla el propio trabajador, se acabó que un trabajador de la limpieza por ser subcontratado tenga que cobrar el salario mínimo interprofesional en el mejor de los casos cuando el salario del convenio del sector es mayor.

Entre las medidas estrella, la ya ensayada con motivo de la epidemia del Covid, la utilización de los ERTES antes de proceder al despido. El estado visto el éxito de estas medidas no ha dudado en llevarla al marco normativo y con ello dotarla de importantes recursos económicos dirigidos a las empresas para reciclar a los trabajadores frente a crisis económicas, técnicas, etc., incluso para cubrir los gastos sociales y formativos y por otra parte la limitación a los contratos temporales, - 90% que se dice pronto del conjunto de la contratación en España - limites que parece ahora se van a llevar a cabo gracias a una legislación más rigurosa, con sanciones incluidas para las empresas que abusen fraudulentamente de la contratación temporal,

Solo una reflexión final al título de este comentario, el palo y la zanahoria, por primera vez ha primado el pacto por encima del resultado final y los sindicatos UGT y CCOO han tragado respetuosamente, haciendo gala del mal menor. Pues si eso va a ser el futuro de la acción reivindicativa en España, la cosa no va por buen camino, los sindicatos no pueden quedar limitados en sus reivindicaciones a lo que sea más “interesante políticamente” representan trabajadores y a una clase social no siempre favorecida por el buen empleo, y defenderlos muchas veces te hacen ir contracorriente y a eso no se debe renunciar, por mucho que la política y el gobierno de turno presionen.

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