Durante años
se ha instalado en el discurso político e institucional la idea de que Cantabria
es una comunidad con altos niveles de bienestar y pobreza relativamente baja.
En parte, las estadísticas parecen respaldar ese relato, los indicadores AROPE
sitúan la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en torno al 22 %, varios
puntos por debajo de la media nacional.
Sin embargo,
limitar el análisis a esa comparación resulta engañoso. Hoy más de 120.000
personas viven en riesgo de pobreza o exclusión social en Cantabria, y
alrededor del 42 % de los hogares tiene dificultades para llegar a fin de mes.
Esto revela una amplia franja de población que, sin estar bajo el umbral
estadístico de pobreza, vive con una economía extremadamente ajustada.
El último
informe de la Fundación FOESSA señala que más de 80.000 personas se
encuentran ya en situación de exclusión social - cerca del 14 % de la población
- y que esta cifra ha crecido un 30 % desde 2018.
La
estructura económica regional tampoco ayuda. Cantabria presenta una renta media
por hogar inferior a la media nacional y un modelo productivo muy dependiente
del sector servicios, con empleos precarios, salarios bajos y alta
temporalidad. De ahí una paradoja cada vez más visible, tener trabajo no
siempre protege frente a la pobreza. Una parte importante de quienes viven
en exclusión, trabajan o buscan empleo activamente.
La pobreza
infantil alcanza ya a cerca de uno de cada cuatro menores,
lo que condiciona las oportunidades de toda una generación, las mujeres
presentan tasas de pobreza superiores, especialmente en hogares monoparentales
o en empleos precarios, y el envejecimiento demográfico añade presión, muchas
familias dependen de pensiones bajas que deben sostener a varios miembros del
hogar.
A esto
se suma el encarecimiento del alquiler de la vivienda, los suministros y
el coste de vida en general, que reduce el margen económico de miles de
hogares. Cada vez más familias viven en una economía de subsistencia donde
cualquier imprevisto - una avería, un gasto sanitario, la pérdida de empleo -
puede desencadenar una situación de pobreza.
El verdadero
reto de Cantabria no puede limitarse a
mantener indicadores ligeramente por debajo de la media. El desafío real es reducir
la desigualdad, mejorar los salarios y garantizar que el crecimiento económico
se traduzca en mejores condiciones de vida para la mayoría. Porque detrás de
las cifras que hablan de bienestar existe otra realidad, la de miles de
personas que trabajan, cotizan y sostienen la economía regional, pero siguen
teniendo dificultades para vivir con dignidad.

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