Hace unos dias el Parlamento de Cantabria respaldo la declaración de Bien de Interés Cultural al monumento dedicado a Luis Carrero Blanco de Santoña, abriendo con ello un debate político que supera con mucho al pretendido cultural, y que muestra como algunas instituciones interpretan de forma selectiva la memoria democrática y el cumplimiento de la ley.
La PNL
promovida por Vox y apoyada por PP, PRC - y un diputado escindido de Vox -
pretende blindar el monumento levantado durante la dictadura franquista en uno
de los espacios más representativos de Santoña.
Entre los
defensores de esta protección monumental, el PRC argumentando que Carrero
Blanco fue un supuesto benefactor de la villa, aunque cuando se intenta
concretar cuáles fueron esas aportaciones extraordinarias, las afirmaciones se
diluyen en generalidades. A estas alturas lo único que cabe para su
justificación, pudiera ser su estrecha vinculación personal con Santoña y que
proyectó el nombre de su localidad natal desde las más altas responsabilidades
del régimen franquista.
Pero al
menos en lo que yo conozco, no existe constancia de grandes infraestructuras,
inversiones estratégicas o transformaciones económicas impulsadas directamente
por él que justifiquen la magnitud del reconocimiento monumental que ahora se
pretende preservar.
Resulta
revelador que quienes apelan a una supuesta deuda histórica con Carrero Blanco
el PP y Vox principalmente, traten ahora de desplazar el debate desde la
memoria democrática, hacia una presunta relevancia arquitectónica o artística
del monumento, solo por estar incluido en un catálogo del patrimonio cultural
de Cantabria.
Sin embargo,
esa valoración difícilmente puede desligarse de la posición ideológica desde la
que se formula. No estamos ante una obra neutral ni ante una pieza artística
desprovista de significado histórico, todo lo contrario, el monumento fue concebido
expresamente para ensalzar a uno de los principales dirigentes de la dictadura
franquista.
Pero quizá
lo más grave es lo que se pretende con la PNL, la reinterpretación de la
historia como argumento para eludir la aplicación efectiva de la Ley de Memoria
Democrática, y se haya hecho en el Parlamento Regional, que supuestamente nos
representa a todos, mientras seguimos a la espera del reconocimiento y adecuada
señalización del campo de concentración instalado en las Caballerizas del
Palacio de La Magdalena durante la Guerra Civil.
El
Parlamento de Cantabria no debería actuar como intérprete interesado de la ley
en función de afinidades ideológicas. Su obligación es garantizar su
cumplimiento. Porque una democracia sólida no se construye seleccionando qué
parte de la memoria merece protección y cuál puede seguir siendo ignorada.

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