25 jun 2026

Vender el futuro como si fuera presente, las medias verdades del último discurso de Buruaga

El último debate sobre el Estado de la Región nos ha dejado una intervención de la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, cargado de anuncios, cifras millonarias y promesas de futuro, un discurso cuidadosamente construido para transmitir la imagen de una comunidad en plena transformación y de un gobierno que habría cumplido prácticamente todos sus compromisos. Sin embargo, una lectura crítica permite comprobar que muchas de las afirmaciones realizadas descansan más sobre expectativas que sobre realidades, más sobre propaganda que sobre resultados tangibles.

La presidenta se ha regocijado en sucesivas ocasiones durante su intervención, que Cantabria está hoy "infinitamente mejor" que, en 2023, afirmación que puede servir como eslogan político, pero que difícilmente resiste un análisis riguroso.

Si bien algunos indicadores económicos han evolucionado favorablemente, los principales problemas que preocupan a los cántabros siguen plenamente vigentes, problemas como el acceso a la vivienda, las listas de espera sanitarias, las infraestructuras ferroviarias que permanecen estancadas y el envejecimiento demográfico, entre otros que continúan avanzando sin una estrategia claramente eficaz para revertirlo.

Uno de los ejemplos más evidentes de esta forma de presentar la realidad es la política de vivienda. Mientras que la presidenta nos anunciado la construcción de miles de viviendas protegidas, ha omitido en su exposición que gran parte de esas cifras corresponden a proyectos, previsiones urbanísticas o actuaciones todavía pendientes de desarrollo, una situación que confronta con una realidad machacona, entre una vivienda anunciada y una vivienda entregada. Los jóvenes cántabros no viven en promesas, necesitan viviendas reales, construidas y accesibles.

Algo similar ocurre con las grandes inversiones empresariales que se citan una y otra vez. Los más de 7.000 millones de euros de inversión anunciados corresponden en buena medida a proyectos que aún dependen de autorizaciones administrativas, disponibilidad energética, financiación privada o decisiones empresariales futuras. Presentar esa cartera de proyectos como si fuera riqueza ya generada constituye, cuando menos, una exageración interesada.

La presidenta también ha afirmado que Cantabria lidera el empleo en España, y se ha quedado tan tranquila, cuando ella bien sabe que esta afirmación depende del indicador que se utilice, Cantabria puede ocupar posiciones destacadas en determinados momentos, pero de ninguna manera lidera estructuralmente el mercado laboral nacional, por lo tanto, más prudencia a la hora de convertir un dato puntual, en una conclusión general.

Especialmente llamativa resulta la insistencia en atribuir los problemas pendientes al Gobierno de España o a la herencia recibida. El retraso ferroviario, las infraestructuras energéticas, la financiación de la dependencia o las dificultades industriales han aparecido constantemente vinculadas a decisiones ajenas.

No seré yo quien niegue responsabilidades estatales evidentes, pero son ya tres años de gobierno del partido popular, como para imputar todos los problemas en los otros. Gobernar implica también asumir responsabilidades sobre aquello que no se ha conseguido resolver.

En sanidad encontramos otro ejemplo de relato triunfalista, cuando se afirma que Cantabria dispone de la mejor sanidad pública de España y que el sistema ha sido reconstruido tras encontrarse al borde del colapso, sin embargo, se pasa por alto, las movilizaciones médicas, las dificultades para cubrir determinadas especialidades y sobre todo las listas de espera que nos muestran una realidad bastante más perversa para los cántabros.

Tampoco ha sido como para tirar cohetes, los anuncios permanentes a los proyectos estrella de la legislatura, la mayoría de ellos en fase de planificación, redacción, estudio, licitación o tramitación, proyectos como el Parque de Innovación en Salud, los desarrollos industriales asociados a Altamira, los nuevos hospitales, los grandes proyectos turísticos o muchas actuaciones de vivienda que a la fecha no pasan de ser meras expectativas.

El problema de fondo no es que un gobierno anuncie proyectos o marque objetivos ambiciosos - eso forma parte de la acción política - el problema aparece cuando se presentan como logros consumados, actuaciones que aún están pendientes de ejecución, con el claro interés de mandar soflama electoral, cuando la realidad es la de rendir cuentas, en un debate abierto a la política en general y con carácter propositivo.

El balance de estos tres años no es tan brillante como pretende el discurso oficial, y probablemente tan negativo como sostendrá la oposición, pero si algo ha dejado claro la intervención de la presidenta es que el Gobierno de Buruaga sigue apoyándose en una estrategia basada en vender el futuro como si ya hubiera llegado.

Y los ciudadanos de Cantabria saben distinguir perfectamente entre una promesa, una maqueta y una realidad.


1 comentario:

  1. De verdad crees que los habitantes de Cantabria saben distinguir???…….al menos en Santander(que representa una gran parte de esos “habitantes”)llevan años tragando con milongas y derroche

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