El debate
sobre el Proyecto Altamira ha entrado en una nueva fase. A la controversia
política e institucional sobre su tramitación y sobre el cumplimiento de la
resolución aprobada por el Parlamento de Cantabria se suma ahora la
presentación pública de un estudio que atribuye al proyecto un impacto
económico extraordinario para nuestra comunidad. Y precisamente por la magnitud
de esas cifras, la exigencia de transparencia debería ser todavía mayor.
El pasado 4
de mayo, el Parlamento de Cantabria aprobó, con los votos favorables de PRC,
PSOE y Vox, una iniciativa que comprometía políticamente al Gobierno regional a
poner a disposición de la Cámara la documentación existente sobre el PSIR del
Proyecto Altamira. El plazo establecido era de dos meses y concluyó a comienzos
de julio.
Desde
entonces han transcurrido semanas sin que se haya producido un cumplimiento
efectivo de la resolución ni una explicación pública suficientemente clara
sobre las actuaciones realizadas para atender el mandato parlamentario.
Mientras
tanto, Altamira sigue ganando protagonismo. Durante la presentación del estudio
económico, el consejero de Industria defendió la necesidad de que Cantabria
compita por atraer inversiones estratégicas y señaló que el proyecto se
encuentra entre los mejor posicionados para acceder a la capacidad eléctrica
prevista para centros de datos. Altamira requeriría aproximadamente 500
megavatios, alrededor del 13 % de los 3.800 megavatios contemplados en la
planificación nacional.
Las cifras
económicas anunciadas son, sin duda, relevantes. Según el estudio presentado,
la inversión superaría el 20 % del PIB de Cantabria, situándose entre las
mayores operaciones económicas planteadas en la región en las últimas décadas,
destacando también la creación de empleo, los puestos de trabajo cualificados y
la posibilidad de generar efectos indirectos mediante un nuevo clúster
tecnológico, mayor productividad, formación de capital humano y atracción de
nuevas inversiones.
Todo ello
merece ser analizado con rigor. Pero precisamente aquí aparece una cuestión que
no debería quedar enterrada bajo las grandes cifras económicas.
La
oposición, y especialmente el PRC, no puede conformarse con un estudio
económico, no basta con conocer cuánto se va a invertir, cuántos empleos se
anuncian o qué impacto puede tener Altamira sobre la economía regional. Hay que
conocer también toda la documentación existente, cómo se ha desarrollado el
proyecto, qué decisiones se han adoptado y por qué continúa sin cumplirse una
resolución aprobada por el Parlamento.
El PRC
tiene, además, una responsabilidad política añadida, votó a favor de aquella
resolución, por tanto, ahora debería ser el primero en exigir su cumplimiento.
Si una resolución parlamentaria se aprueba con sus votos, no puede convertirse
después en una simple declaración de intenciones. El Parlamento no puede exigir
información y, semanas después, aceptar que esa información siga sin llegar.
Un estudio
económico no sustituye a la documentación administrativa, una previsión de
empleo no sustituye al control parlamentario, y una promesa de inversión no
sustituye al cumplimiento de una resolución democrática.
Si Altamira
representa realmente una oportunidad histórica para Cantabria, como sostienen
sus promotores, debería ser también un ejemplo de transparencia, información
pública y respeto institucional. Cuanto mayor sea la inversión y mayores sean
las expectativas, mayor debe ser el control.
Por eso, el
debate de fondo ya no consiste únicamente en determinar cuánto puede aportar
Altamira a la economía cántabra, la pregunta es mucho más incómoda, ¿por qué,
transcurrido ampliamente el plazo establecido, sigue sin cumplirse una
resolución del Parlamento de Cantabria?
Y ante esa
pregunta, la oposición no puede conformarse con las cifras, tiene que exigir
respuestas, documentación y responsabilidades. Especialmente el PRC, que apoyó
el acuerdo parlamentario, debe demostrar ahora que su voto no fue simplemente
una posición política puntual, sino un verdadero compromiso con el control
democrático de una de las actuaciones económicas más importantes que se
plantean para el futuro de Cantabria.

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