9 jun 2026
Lo que León XIV dijo en las Cortes, y merece la pena escuchar
6 jun 2026
La conciencia obrera también defiende la historia de una comunidad
Se trata de una valoración que resulta excesivamente radical y, en cierta medida, arrogante. Especialmente cuando califica de ingenuos a quienes consideran la empresa como algo propio o cuando cuestiona la conciencia sindical y obrera de los trabajadores, concluyendo que solo "armados de conciencia de clase" pueden defenderse eficazmente sus derechos.
La realidad demuestra precisamente que los trabajadores de Nestlé y sus representantes sindicales están defendiendo sus puestos de trabajo mediante movilizaciones, concentraciones y acciones colectivas. Están confrontando las decisiones de una dirección empresarial que parece considerar el despido colectivo como la solución más cómoda ante los desafíos de una reconversión técnica, productiva o económica.
Sin embargo, la defensa sindical de los derechos laborales no es incompatible con el respeto a los sentimientos y experiencias de quienes han dedicado décadas de su vida a una empresa. Especialmente entre los trabajadores de mayor antigüedad existe una fuerte vinculación emocional con la fábrica y con el entorno social y económico que se ha construido a su alrededor.
Durante décadas, la actividad industrial no solo generó empleo directo, también articuló la vida económica y social de toda una comarca. Los ganaderos suministraban la leche a la fábrica, los hijos sustituían a sus padres en los puestos de trabajo y la empresa colaboraba en el sostenimiento de numerosas actividades culturales, deportivas y sociales promovidas por los ayuntamientos de la zona, entre otros.
Ese arraigo ha generado un sentimiento de pertenencia e identificación con la empresa que algunos, desde una visión simplista, podrían comparar con una especie de "síndrome de Estocolmo", pero esa comparación resulta injusta. Lo que existe es el resultado de décadas de convivencia, de dependencia mutua y de construcción compartida de riqueza y bienestar, un sentimiento perfectamente comprensible y que merece respeto.
Los trabajadores han demostrado precisamente esa implicación durante el conflicto actual. Su lucha no responde únicamente a la defensa de un salario o de unas condiciones laborales, también están defendiendo un modelo económico y social que ha proporcionado estabilidad y cohesión a generaciones enteras de familias.
Esta realidad no es exclusiva de Nestlé, ocurrió anteriormente en Sniace, en Nueva Montaña Quijano, Sidenor, en comarcas de los Valles Pasiegos, en el sector de la conserva y en tantas otras industrias que marcaron – y están marcando - la identidad y el desarrollo económico de sus comarcas.
Cuando una empresa se convierte durante décadas en la principal referencia económica y social de un territorio, resulta difícil aceptar que decisiones adoptadas en despachos de multinacionales, a cientos o miles de kilómetros del centro de trabajo, puedan poner en riesgo empleos, proyectos de vida y el futuro de toda una comunidad.
Por eso, cuando se anuncian recortes de plantilla, cierres o procesos de deslocalización, la reacción de los trabajadores no puede interpretarse como una simple resistencia al cambio. Es la respuesta legítima de quienes ven amenazado no solo su empleo, sino también el tejido social y económico que ellos mismos han contribuido a construir con su esfuerzo, compromiso y trabajo durante décadas.
La conciencia de clase no se mide por el grado de desapego hacia una empresa, se demuestra organizándose, movilizándose y defendiendo colectivamente los derechos laborales, y eso es exactamente lo que están haciendo hoy los trabajadores de Nestlé.
1 jun 2026
Las víctimas invisibles del nuevo Santander
Santander
corre el riesgo de convertirse en una ciudad pensada más para quien la visita
que para quien la vive. Mientras se habla de turismo, modernidad y proyección
exterior, muchos vecinos se enfrentan a una realidad marcada por el
encarecimiento de la vivienda, la pérdida de servicios, el deterioro de algunos
barrios y una creciente sensación de inseguridad.
La expansión
de las viviendas turísticas y la reducción del alquiler residencial están
dificultando el acceso a la vivienda para jóvenes, familias y trabajadores.
Cada vez son más quienes destinan una parte excesiva de sus ingresos al
alquiler o se ven obligados a abandonar la ciudad.
A ello se
suman las quejas vecinales por la falta de atención en determinados barrios, el
desgaste de los servicios públicos y la percepción de que muchas decisiones
urbanísticas se toman sin suficiente participación ciudadana.
El problema
no es el turismo en sí, sino la ausencia de un equilibrio que garantice que el
desarrollo económico no se haga a costa de quienes sostienen la vida cotidiana
de la ciudad.
La cuestión
es sencilla: ¿queremos una Santander convertida en escaparate para visitantes e
inversores o una ciudad que siga siendo habitable para sus vecinos? Porque una
ciudad que expulsa poco a poco a quienes viven y trabajan en ella acaba
perdiendo aquello que la hace única, su comunidad y su identidad
25 may 2026
Cortiguera o la vergüenza cultural de Santander, cuando la iniciativa privada tapa el vacío público
Hay noticias que, más que celebrar, obligan a preguntarse cómo se ha llegado hasta aquí. El anuncio del delegado del Gobierno en Cantabria de que Okuda San Miguel impulsará la transformación del Palacete de Cortiguera en un centro cultural de referencia ha caído como un jarro de agua fría… pero no por el proyecto en sí, sino por lo que deja en evidencia.
Durante
años, el Palacio de Cortiguera - propiedad del Ministerio del Interior - ha
estado al alcance del Ayuntamiento de Santander. Bastaba voluntad política,
capacidad de diálogo y una mínima ambición cultural para haberlo recuperado. No
ha ocurrido. Y el resultado ha sido visible para cualquiera que haya pasado por
la calle José Ramón López-Dóriga, abandono, deterioro y una imagen impropia de
una ciudad que presume de vocación cultural.
Mientras
tanto, los santanderinos hemos asistido con resignación a la degradación de un
edificio singular en un entorno privilegiado, sin que el Ayuntamiento ni el
Gobierno central hayan sido capaces de articular una solución, convirtiendo a Cortiguera
en un símbolo incómodo, el de la inacción institucional.
Paradójicamente,
ha tenido que ser una iniciativa vinculada al ámbito privado la que reactive el
futuro del espacio. Una operación que, además, encaja con otras apuestas
recientes como Faro Santander o el Centro Reina Sofía – Archivo Lafuente,
impulsadas con entusiasmo por las administraciones locales y autonómicas, proyectos
relevantes, sí, pero que comparten un patrón, el protagonismo de actores
privados frente a la falta de una estrategia pública sólida.
A los
responsables políticos de Cantabria se les llena la boca hablando de cultura,
pero el relato se sostiene - en demasiadas ocasiones - sobre iniciativas ajenas,
mientras que entre tanto, espacios como Cortiguera - quizá menos mediáticos,
pero fundamentales para construir un tejido cultural amplio y diverso - se dejan
morir lentamente. No es una excepción, es el síntoma de una política cultural
que ha brillado más por su ausencia que por su planificación.
Ahora que
surge una oportunidad real para devolver la vida a Cortiguera, conviene decirlo
sin rodeos, no es el Ayuntamiento quien lidera el cambio, es quien llega tarde,
y llegar tarde en cultura tiene un coste elevado, porque el tiempo perdido rara
vez se recupera.
La posible
implicación de Okuda no solo aporta visibilidad internacional, sino algo que ha
faltado durante años, contemporaneidad, capacidad de conexión con nuevos
públicos y una visión abierta del hecho cultural justo al contrario de la
inercia que ha marcado la gestión municipal en este ámbito.
Por eso, la
noticia es doble, por un lado, una buena noticia para Santander, la
recuperación de un espacio olvidado y su transformación en un proyecto vivo, y
por otra, un espejo incómodo para quienes han tenido la responsabilidad de
evitar que Cortiguera llegara a este punto.
Quizá
estemos ante la última oportunidad para corregir el rumbo, porque si algo deja
claro este episodio es que el problema no era la falta de espacios, sino la
falta de voluntad. Y si el Ayuntamiento no toma nota, volverá a confirmarse un
modelo ya demasiado conocido, dejar pasar las oportunidades hasta que otros las
convierten en realidad.
19 may 2026
Huracán Tango, cuatro días de abrazos aprendizaje y pasión tanguera
La primera vez que acudía al encuentro de Huracán Tango en Peñíscola lo hacía con la curiosidad de quien busca compartir abrazos, música y aprendizaje en torno a una pasión común.
Hoy, después
de cuatro días intensos de tango, regreso con el convencimiento de haber
participado en uno de los encuentros más importantes y cuidados del panorama
tanguero.
El
decimotercer encuentro de Huracán Tango ha estado cargado de expectativas y
emociones, especialmente por la presencia de Hermanos Macana y Giovanna Dan,
figuras que han aportado al evento un extraordinario nivel artístico e
internacional.
Los Hermanos
Macana representan una referencia mundial del tango contemporáneo, bailarines,
coreógrafos y maestros argentinos que han llevado el tango escenario y social a
los teatros y festivales más prestigiosos del mundo, fusionando tradición,
técnica y una interpretación moderna sin perder la esencia porteña. Su
presencia en Peñíscola ha supuesto un verdadero privilegio para quienes amamos
esta danza.
Con la
milonga como especialidad, los asistentes hemos podido disfrutar además de un
magnífico complemento formativo, gracias a las tres sesiones impartidas por los
maestros, centradas especialmente en la milonga de traspié. Una enseñanza
explicada e interpretada de manera cercana, accesible y pedagógica para todos
los presentes, independientemente del nivel de cada bailarín. Esa capacidad de
hacer sencillo lo complejo es, precisamente, una de las virtudes de los grandes
maestros.
Quiero
agradecer especialmente a los organizadores de este importante encuentro,
Elvira, Nati, Gloria y Marcel, este último integrante del grupo de
musicalizadores, por habernos facilitado cuatro días de tango de altísimo nivel
humano y artístico.
Deseo hacer
una mención muy especial a Marcel Fabra, a quien tuve el honor de conocer en la
Milonga de la Encina en Santander y con quien pude dialogar sobre sus
iniciativas musicalizadoras y su manera de entender la animación de las
milongas.
Marcel cuida
la pista de baile con sensibilidad y conocimiento, construyendo tandas que
recorren los tangos clásicos desde la guardia vieja de los años cuarenta hasta
la guardia nueva, sin renunciar tampoco a los tangos actuales. Una visión
musical abierta, elegante y profundamente respetuosa con quienes bailan.
Muchas
gracias por vuestro aporte al mundo del tango. Estoy seguro de que no será la
última vez que pase por Peñiscola, ni por el encuentro de Huracán Tango. Porque
encuentros así no solo se disfrutan, también dejan huella.
7 may 2026
Del debate al insulto, cuando la opinión deja de ser periodismo
Confieso que hacía tiempo que no leía a Federico Jiménez Losantos. Y, tras su último comentario del pasado 6 de mayo en El Mundo, probablemente vuelva a tomar distancia durante una buena temporada. No por discrepancia ideológica - que es mucha - sino por algo bastante más básico, la ausencia total de un mínimo respeto en la forma de argumentar.
6 may 2026
Altamira, el gran campus tecnológico de Cantabria, entre la ambición y la incertidumbre.
El llamado Campus Tecnológico de Centros de Datos Altamira se ha convertido en uno de los proyectos más ambiciosos - y a la vez más cuestionados - del actual Gobierno de Cantabria. Presentado como un símbolo del salto de la región hacia la economía digital, hoy permanece atrapado en una fase administrativa sin avances visibles, envuelto en tensiones políticas y dependiente de decisiones externas clave.
2 may 2026
Cantabria, el mito del bienestar frente a la realidad de la pobreza laboral
Durante años
se ha instalado en el discurso político e institucional la idea de que Cantabria
es una comunidad con altos niveles de bienestar y pobreza relativamente baja.
En parte, las estadísticas parecen respaldar ese relato, los indicadores AROPE
sitúan la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en torno al 22 %, varios
puntos por debajo de la media nacional.
Sin embargo,
limitar el análisis a esa comparación resulta engañoso. Hoy más de 120.000
personas viven en riesgo de pobreza o exclusión social en Cantabria, y
alrededor del 42 % de los hogares tiene dificultades para llegar a fin de mes.
Esto revela una amplia franja de población que, sin estar bajo el umbral
estadístico de pobreza, vive con una economía extremadamente ajustada.
El último
informe de la Fundación FOESSA señala que más de 80.000 personas se
encuentran ya en situación de exclusión social - cerca del 14 % de la población
- y que esta cifra ha crecido un 30 % desde 2018.
La
estructura económica regional tampoco ayuda. Cantabria presenta una renta media
por hogar inferior a la media nacional y un modelo productivo muy dependiente
del sector servicios, con empleos precarios, salarios bajos y alta
temporalidad. De ahí una paradoja cada vez más visible, tener trabajo no
siempre protege frente a la pobreza. Una parte importante de quienes viven
en exclusión, trabajan o buscan empleo activamente.
La pobreza
infantil alcanza ya a cerca de uno de cada cuatro menores,
lo que condiciona las oportunidades de toda una generación, las mujeres
presentan tasas de pobreza superiores, especialmente en hogares monoparentales
o en empleos precarios, y el envejecimiento demográfico añade presión, muchas
familias dependen de pensiones bajas que deben sostener a varios miembros del
hogar.
A esto
se suma el encarecimiento del alquiler de la vivienda, los suministros y
el coste de vida en general, que reduce el margen económico de miles de
hogares. Cada vez más familias viven en una economía de subsistencia donde
cualquier imprevisto - una avería, un gasto sanitario, la pérdida de empleo -
puede desencadenar una situación de pobreza.
El verdadero
reto de Cantabria no puede limitarse a
mantener indicadores ligeramente por debajo de la media. El desafío real es reducir
la desigualdad, mejorar los salarios y garantizar que el crecimiento económico
se traduzca en mejores condiciones de vida para la mayoría. Porque detrás de
las cifras que hablan de bienestar existe otra realidad, la de miles de
personas que trabajan, cotizan y sostienen la economía regional, pero siguen
teniendo dificultades para vivir con dignidad.
28 abr 2026
Unidad Sindical para defender lo conquistado frente a Vox y el PP
Lo que hoy plantea Vox en comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla y León no es una simple diferencia ideológica. Es un proyecto estructurado de desmantelamiento del modelo laboral y sindical construido durante décadas de lucha democrática, y si el Partido Popular decide ser cómplice de este camino, la confrontación social será inevitable.
El
esquema que impulsa Vox rompe de raíz con el papel de los sindicatos
democráticos, pretendiendo sustituirlos por estructuras dóciles creadas a su
medida, debilitando la representación real de los trabajadores. El objetivo es
evidente, dejar al trabajador solo frente al poder empresarial, eliminando la
fuerza colectiva que equilibra la relación laboral.
La
ofensiva contra los convenios colectivos - sectoriales, autonómicos o estatales
- busca precisamente ese objetivo la fragmentación de la clase trabajadora.
Bajo el discurso de la “flexibilidad”, imponiendo un modelo donde cada empresa
fije sus reglas, generando desigualdad y competencia entre trabajadores.
Abaratar
el despido, reducir indemnizaciones, recortar cotizaciones empresariales y
debilitar las prestaciones por desempleo forman parte del mismo paquete, el de trasladar
el riesgo al trabajador a la vez que se vaya consolidando un mercado laboral
basado en la inseguridad.
Y
para ello se ataca al sindicalismo y su derecho de protesta, por ejemplo,
recortando su financiación y cuestionando la concertación social, limitando el
derecho de huelga y la protesta sindical, provocando un ataque directo a los
instrumentos de defensa de los trabajadores.
Y es
precisamente en el marco laboral y sindical, donde con mas crudeza, se pretende
aplicar la propuesta de Vox, “prioridad nacional” que pretende fracturar a la
clase trabajadora aplicando medidas insolidarias, regresivas y contraria a los
principios fundamentales del derecho laboral.
Ante
este escenario, no basta con resistir por separado, es imprescindible que el
conjunto de los sindicatos democráticos abra un espacio real de diálogo entre
ellos, superando diferencias y estrategias parciales, para avanzar hacia una
unidad sindical efectiva.
Unidad
que no sea solo declarativa, sino operativa, capaz de articular movilizaciones
sostenidas, respuestas coordinadas, en la defensa común de los derechos
laborales, porque frente a un proyecto organizado de regresión social, la
división sindical es una debilidad que no nos podemos permitir.
Si el
Partido Popular avanza junto a Vox en este modelo, el sindicalismo debe
responder con firmeza, organizándose para movilización y confrontación
democrática, porque lo que está en juego no es una reforma más, es el modelo de
sociedad, y dignidad del trabajo.
24 abr 2026
Extremadura, el laboratorio de la desigualdad que amenaza con extenderse
La presidenta de Extremadura, ha vuelto a tragarse su correspondiente dosis de sapos para ser investida de nuevo gracias al pacto de gobierno entre el PP y Vox. Un acuerdo que no es un simple trámite institucional, sino un experimento político con vocación de réplica en otros territorios como Aragón y Castilla y León, por tanto, ante un banco de pruebas donde se ensayan las bases de futuros pactos.
Entre los elementos más preocupantes destaca la llamada “prioridad nacional”, un concepto que pretende favorecer a ciudadanos españoles en el acceso a ayudas públicas y vivienda. Este planteamiento introduce un cambio de paradigma político al abrir la puerta a criterios de preferencia por nacionalidad o arraigo en derechos que, hasta ahora, se han construido sobre principios de universalidad e igualdad.
Lo más llamativo es que esta idea ha sido cuidadosamente suavizada en la puesta en escena pública de Guardiola, pero no por ello pierde su carga de profundidad, al contrario, supone una confrontación directa con la legislación vigente, tanto en el ámbito estatal como en el europeo, donde el principio de igualdad ante la ley no es negociable.
Ahora vendrán las justificaciones, los matices y los habituales dimes y diretes de que en política no todo acuerdo está para cumplirse, argumento que a estas alturas resulta irrelevante.
Lo verdaderamente peligroso no es si se ejecuta o no cada punto, sino el marco discursivo que se consolida, y que tensiona principios básicos, a la vez que normaliza la idea de que los derechos pueden ser condicionados.
El propio acuerdo, de hecho, deja entrever sus límites al remitirse constantemente al “marco legal vigente” y a las competencias restringidas de una comunidad autónoma. Sin embargo, eso no impide que se planteen restricciones en ayudas, endurecimiento de políticas migratorias o exclusión de determinados colectivos, medidas ya cuestionadas por su posible ilegalidad o invasión de competencias estatales.
El resultado es un escenario inquietante, gobiernos autonómicos impulsando iniciativas de dudosa constitucionalidad, abriendo conflictos institucionales con el Estado y la Unión Europea, y fomentando una judicialización constante de la acción política. Se corre así el riesgo de legislar no para gobernar, sino para provocar recursos y alimentar una estrategia de confrontación permanente.
Mientras tanto, en Aragón ya se mira este pacto como referencia directa en las negociaciones en curso. Y en Castilla y León, donde la experiencia de gobierno compartido entre PP y Vox ya es una realidad, el precedente extremeño puede endurecer aún más el marco ideológico, especialmente en materias sensibles como inmigración o políticas sociales.
Paso a paso, este modelo puede consolidarse hasta convertirse en norma. Lo que hoy se presenta como una concesión puntual podría transformarse mañana en una condición estructural de gobernabilidad para el liderazgo de Rajoy.
El precio de gobernar a cualquier coste plantea un dilema de fondo, ¿hasta dónde puede llegar un partido para asegurar el poder?.
Hasta claro que cuando conceptos como la igualdad, la universalidad de los derechos o la neutralidad institucional se convierten en moneda de cambio, dejamos de estar ante una disputa política ordinaria para entrar en un terreno mucho más profundo y estructural.
Por lo tanto Extremadura ya no es solo un gobierno, es un precedente y cuando además se cuestiona el papel de los sindicatos o se intenta limitar su capacidad de acción, la gravedad es aún mayor. No estamos ante una opinión política más, sino ante un ataque directo a la libertad sindical, protegida por la ley y por organismos internacionales.
Ante este escenario no cabe la equidistancia. El sindicalismo no puede limitarse a observar. Tiene la responsabilidad de confrontar, de denunciar y de movilizar. Porque cada retroceso que se normaliza —como el que hoy se ensaya en Extremadura— es un derecho que puede tardar décadas en recuperarse.
El Bocal tiene responsables con nombres y apellidos
Lo ocurrido en la pasarela de El Bocal, de Santander, ya no admite eufemismos. El informe pericial ha desmontado cualquier intento de presentar la tragedia como un accidente inevitable. No lo fue.
La
corrosión que describe el informe no aparece en semanas, sin ninguna duda, es
el resultado de años de abandono. Años en los que nadie - o quienes debían
hacerlo - decidieron mirar hacia donde no convenía.
14 abr 2026
La Remonta, el símbolo de cómo PP, PRC y PSOE han fallado a la vivienda en Cantabria
El
crecimiento descontrolado de las viviendas turísticas en Santander no es
casualidad, es consecuencia de años de permisividad política. Ninguno de los
gobiernos – nacionales, municipales ni autonómicos - han querido afrontar el
coste de regular de verdad este fenómeno, el resultado, menos vivienda
residencial, y precios disparados.
Y frente a
esta situación, la existencia de más de 50.000 viviendas vacías en Cantabria, que
retratan el fracaso colectivo, con el que solo cabe preguntarse, dónde han
estado las políticas para movilizarlas, y que han hecho el PP, PRC y PSOE más
allá de anunciar medidas que nunca llegan. La respuesta no puede ser otra, que
la inacción prolongada, que está convirtiendo este problema en algo más que
técnico, para convertirlo también en una responsabilidad política compartida.
La
regulación del alquiler turístico sigue siendo insuficiente porque,
sencillamente, no ha sido una prioridad real para quienes gobiernan o han
gobernado. Se ha legislado a medias, se ha controlado poco y se ha permitido
que la situación derive en un modelo insostenible.
Pero si hay
un símbolo que concentra décadas de ineficacia política es La Remonta, en
Peñacastillo.
Más de 25
años, gobiernos de distinto color, alternancias políticas, y promesas
reiteradas, han tenido el mismo resultado, cero viviendas construidas en uno de
los suelos más estratégicos de Santander.
El listado
de planes es tan extenso como estéril, desde finales de los 90, proyectos
estatales, acuerdos entre administraciones, planes parciales, propuestas de
parques, anuncios de vivienda social, comisiones técnicas… todos ellos
impulsados, en distintos momentos por PP, PRC o PSOE, pero ninguno ejecutado. La
Remonta se ha convertido en un ejemplo paradigmático de cómo funciona la
política regional cuando falla, todos han pasado por el problema, pero ninguno
ha asumido la solución.
Mientras
tanto, más de 1.300 viviendas sociales potenciales, siguen sin construirse, mientras
que, jóvenes, familias y trabajadores siguen sin acceso a vivienda, y a la
espera de que las administraciones – autonómicas, nacionales y locales - se
pongan de acuerdo.
Y todo ello
en paralelo a un proceso creciente de gentrificación, que transforma Santander
en una ciudad cada vez más orientada al visitante y menos al residente.
La
conclusión es incómoda, pero inevitable, el problema de la vivienda en
Cantabria no es solo económico o urbanístico, es profundamente político.
Las
soluciones están encima de la mesa desde hace años, regular de forma efectiva
las viviendas turísticas movilizar la vivienda vacía con medidas reales, apostar
decididamente por vivienda pública y desbloquear de una vez suelos estratégicos
como La Remonta.
Por lo tanto,
lo que falta no es información, ni capacidad técnica, incluso ni diagnóstico,
lo que falta es decisión política y asumir los costes correspondientes, porque
mientras el PP, PRC y PSOE sigan utilizando la vivienda como argumento y no
como prioridad real, Cantabria seguirá avanzando hacia un modelo en el que
vivir será cada vez más difícil… y la política, cada vez menos creíble.
10 abr 2026
Las vallas de Santander tapan años de dejadez
8 abr 2026
Tango el arte de acompañarnos en tiempos difíciles
Si algún día
te acercas a una milonga, lo primero que descubrirás será la imagen de dos
personas moviéndose por la pista, un hombre y una mujer que deslizan los pies
con una suavidad casi felina, envueltos por una música intensa. A simple vista,
parecería que apenas se conocen; su concentración es tal que todo lo demás
desaparece.
Pero esa es
solo la superficie. En el tango no hace falta una identificación previa con la
pareja. Cada tango es una experiencia nueva, irrepetible, que se construye a
partir del abrazo, del instante y de la música elegida. Cada encuentro es
distinto, y cada baile es, en sí mismo, una historia.
Por eso te
invito a bailar tango. Te invito a vivir esa experiencia única donde los
sentimientos encuentran su cauce, donde las habilidades se entrelazan con
cadencias, giros, sacadas, cortes y quebradas que hacen de cada danza un
universo distinto. No exagero, quien lo ha probado sabe que bailar tango es
algo que no se repite jamás del mismo modo.
A los que lo
bailamos nos gusta decir que, en el tango, se bailan incluso los silencios.
Esos silencios que, suspendidos en el tiempo, nos recuerdan que no estamos
solos. El ritmo compartido, la sintonía con el otro y el placer sensorial del
movimiento nos hacen sentir que atravesamos un reto emocional e intelectual.
Por eso, el tango es mucho más que un baile, es una manera de encontrarnos,
incluso cuando el mundo parece desordenarse.
4 abr 2026
Alcaldesa, narrar el dolor no basta, la verdad exige hechos
Llevamos más
de un mes desde que seis jóvenes murieron en el Bocal de la senda costera de
Santander. Seis. Y ha tenido que pasar todo este tiempo para que la alcaldesa,
Gema Igual, publique en el Diario Montañés un artículo en el que nos
habla de dolor y verdad.
Dice que
cada día se asoma al precipicio del dolor. Yo la recuerdo, con todo el respeto
que merece el cargo que ocupa, que el precipicio real fue el del Bocal, y que
quienes cayeron por él, no lo hicieron metafóricamente.
Dice que
cada mañana empieza pidiendo serenidad y reclamando que se conozca la verdad, y
lo dice como si esa verdad fuera algo ajeno a ella, algo que está ahí fuera
esperando a ser descubierto, como si el Ayuntamiento que preside no fuera parte
fundamental de la historia que hay que explicar.
Porque la
verdad, alcaldesa, no está tan lejos. Está en el estado en el que se encontraba
esa pasarela, en los materiales con los que fue construida, en los años que
pasaron sin que nadie le dedicara la atención, el tiempo y el presupuesto que
necesitaba una infraestructura junto al mar, sometida a condiciones
climatológicas exigentes que sin duda alguna requería un mantenimiento serio y
continuado, que no lo tuvo.
En las
últimas semanas hemos leído muchas páginas de periódico con referencias a la
Confederación Hidrográfica del Norte. Puede que la Confederación tenga también
responsabilidades que responder, y los tribunales lo determinarán. Pero señalar
hacia otro lado no es buscar la verdad, es precisamente, alejarse de ella.
La verdad
que las familias merecen no es la que más convenga políticamente. Es la que
explique, sin eufemismos, qué falló, cuándo empezó a fallar, quién lo sabía y
qué se hizo al respecto. Esa verdad incluye al Ayuntamiento, incluye a quienes
tuvieron responsabilidad en el mantenimiento de la senda costera durante estos
años. Y apelar ahora al compromiso con las familias, después de semanas de
relato institucional, suena a poco si no va acompañado de una transparencia
real y sin condiciones.
No hace
falta esperar a las sentencias judiciales para reconocer lo evidente, hubo un
fallo de mantenimiento grave, con consecuencias irreparables, los juzgados
pondrán blanco sobre negro las responsabilidades penales y civiles. Pero la
responsabilidad política no necesita sentencia, se ejerce, o no se ejerce, cada
día desde el cargo.
Santander
lleva semanas llenándose de vallas, pasarelas clausuradas, miradores cerrados, -
el Sardinero precintado - y en cada caso siempre surge la misma pregunta, ¿cuánto
tiempo llevaba esto así?, y si alguien lo sabía.
Lo que ha
cambiado no es solo el estado de las infraestructuras, es la confianza de los
vecinos, en quienes tienen la obligación de cuidar los espacios de todos, esa
confianza que no se recupera con columnas en el periódico, se recupera con
hechos, con transparencia y con la honestidad de asumir lo que corresponde
asumir
1 abr 2026
El Cabildo de Arriba, más de una década esperando el plan que nadie cumple
En septiembre de 2013, el Ayuntamiento de Santander presentó un ambicioso Plan Especial de Protección y Reforma Interior para la recuperación del Cabildo de Arriba, respaldado por la asistencia técnica de las empresas AUGE Arquitectura y Urbanismo y APIA XXI. El anuncio sonó a promesa seria. Parecía, por fin, el inicio de una nueva etapa para uno de los barrios más castigados del centro de la ciudad.
Más de diez años después, aquella promesa sigue sin cumplirse, a pesar de que el diagnóstico que lo decía todo.
El informe
de 2013 describía sin rodeos la situación del Cabildo de Arriba, "un
barrio en el corazón de la ciudad, en el que parte de los edificios ya no
existen, y los que se mantienen en pie cuentan con multitud de viviendas
vacías". Los técnicos alertaban también de la ocupación de esas viviendas
abandonadas por personas en situación de grave exclusión social y económica.
La
conclusión era clara, la recuperación edificio a edificio resultaba inviable.
Lo que se necesitaba era una intervención pública decidida, una rehabilitación
integral, el retorno de la población tradicional y políticas sociales capaces
de frenar el deterioro. Estaba todo escrito. Todo diagnosticado, y sin embargo,
nada ocurrió. Los años han ido pasando y esa intervención integral nunca ha
llegado.
Tanto la
administración autonómica como la municipal parecen haber optado por una
estrategia diferente, la de confiar en que el mercado privado absorba
lentamente las viviendas vacías y los inmuebles con graves deficiencias
estructurales. Una solución cómoda para quienes gestionan desde los despachos,
pero insoportable para quienes viven cada día en el barrio, lidiando con la
degradación, la incertidumbre y una sensación de abandono que se acumula año
tras año.
En este
tiempo no han faltado los planes, los borradores, las reuniones ni los
titulares de prensa. Lo que ha faltado es la acción.
Hace unos
meses se anunció el derribo de dos edificios en la calle Alta. La noticia se
presentó, una vez más, como el primer paso hacia la regeneración definitiva del
barrio. Los vecinos, sin embargo, llevan demasiado tiempo escuchando promesas
parecidas como para ilusionarse con gestos aislados. Para ellos, esto no es más
que otro parche, otra actuación puntual que sirve más para rellenar portadas
que para transformar la realidad cotidiana del Cabildo.
El barrio no
esta pidiendo nada extraordinario. Solo lo que ya estaba escrito en 2013, un
plan claro, serio y, sobre todo, cumplido. Sus vecinos llevan más de una década
reivindicando algo que debería ser un derecho básico e innegociable, vivir en
un barrio digno, cuidado y respetado.
Mientras las
administraciones siguen aplazando decisiones, el Cabildo de Arriba continúa
esperando. Y el reloj sigue corriendo.
29 mar 2026
De Cantabria a Wall Street, cuando tus datos de salud entran en el mercado
Se nos viene
repitiendo por parte del Consejero de Sanidad que proyectos como el de Cohorte
Cantabria representan el futuro de la medicina, la prevención, el diagnóstico
precoz y el tratamiento personalizado. Todo ello apoyado en un principio
aparentemente incuestionable, de que cuantos más datos tengamos, mejor podremos
cuidar la salud de la población. Y, sin embargo, hay una pregunta que rara vez
se formula con claridad, ¿qué ocurre cuando esos datos salen del ámbito público
y entran en la lógica del mercado?
La
experiencia internacional ofrece pistas. Modelos como el de UK Biobank en el
Reino Unido ha demostrado el enorme valor científico de las grandes bases de
datos poblacionales. Pero también abierto la puerta a colaboraciones con
empresas privadas capaces de convertir esa información en patentes,
medicamentos y en última instancia, beneficios multimillonarios.
El mecanismo
es sutil. Ningún ciudadano vende directamente sus datos. Nadie firma un
contrato con una farmacéutica. Todo se hace a través de intermediarios legítimos,
institutos de investigación, universidades, biobancos públicos, encargados de
codificar y supuestamente proteger dando una sensación de protección legal
impecable. Pero económicamente, el resultado es claro, la información generada
de forma colectiva acaba alimentando circuitos de valor privados.
En este
contexto, Cohorte Cantabria deja de ser un proyecto regional para convertirse
en una pieza potencial de un engranaje mucho mayor. Hoy es una base de datos pública,
gestionada por instituciones como el sistema sanitario y centros de investigación
(IDIVAL) para mañana convertirse – como es el caso - en parte de redes
internacionales ( Regeneron Pharmaceuticals ) donde los límites entre lo público
y lo privado son cada vez más difusos.
No se trata
de demonizar la colaboración con la industria. Sin empresas farmacéuticas no
hay ensayos clínicos a gran escala, ni capacidad de producción, ni llegada real
de los tratamientos al paciente. El problema aparece cuando el equilibrio se
rompe, cuando el ciudadano aporta datos, el sistema público organiza el
conocimiento y el retorno económico queda concentrado en actores privados.
Aquí es
donde el debate debería volverse más exigente. No basta con garantizar la
protección de datos. No basta con cumplir la ley. La cuestión de fondo es otra,
¿qué obtiene la sociedad cántabra a cambio? ¿Existe un retorno tangible, más
allá de promesas futuras? ¿Se reinvierte ese valor en el sistema público que
hizo posible la investigación?
Porque el
riesgo no es inmediato ni visible. No hay un escándalo evidente, ni un uso
ilegal de la información. Lo que hay es algo más complejo, una transferencia
silenciosa de valor desde lo colectivo hacia lo privado, legitimada por el
discurso del progreso científico.
Cohorte
Cantabria, como tantos otros proyectos similares, se mueve en esa frontera.
Puede ser una herramienta poderosa al servicio del bien común o una fuente de
valor que otros sabrán capitalizar mejor. Todo dependerá de las reglas del
juego que se establezcan hoy.
La decisión,
en última instancia, no es técnica. Es política. Y consiste en responder con
honestidad a una pregunta incómoda, en la medicina del futuro, ¿los datos de
todos servirán realmente para el beneficio de todos?
23 mar 2026
Cuba entre el bloqueo y un relato interesado
He leído en El Diario Montañés del 22 de marzo un artículo de Manuel Ángel Castañeda titulado “Cuba, se desmerenga el mito de la revolución”. En él se presenta la situación actual de la isla como la prueba definitiva del fracaso de su sistema político. Sin embargo, el análisis resulta demasiado simple para explicar una realidad mucho más compleja.
Reducir las
penurias económicas de Cuba únicamente a su modelo político es olvidar un
factor decisivo: el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos desde hace
más de sesenta años. Pocas economías en el mundo han tenido que sobrevivir
durante tanto tiempo bajo un régimen de sanciones que limita el comercio, la
financiación internacional y hasta la compra de productos básicos.
Las
consecuencias de ese cerco se reflejan en datos concretos. Las pérdidas
acumuladas para la economía cubana superan los 150.000 millones de dólares y
cada año la isla afronta enormes dificultades para importar combustible,
alimentos o medicamentos. Incluso empresas de terceros países evitan comerciar
con Cuba por miedo a sanciones.
A esta
situación se suma ahora una nueva amenaza política desde Washington. El retorno
de Donald Trump al poder viene acompañado de una retórica aún más dura hacia la
isla y de la intención declarada de endurecer el aislamiento económico. Ese
tipo de políticas no solo persiguen presionar al gobierno cubano; en la
práctica terminan agravando las condiciones de vida de la población, provocando
mayores dificultades alimentarias, sanitarias y energéticas en un país que ya
vive bajo una presión económica extraordinaria.
En el
artículo también se menciona la escasez actual de petróleo procedente de
Venezuela, como si fuera una especie de castigo histórico que revela el fracaso
del sistema cubano. Pero la realidad energética de la isla también está
condicionada por las sanciones que afectan al transporte marítimo, a las
aseguradoras y a cualquier empresa que decida vender combustible a Cuba.
Por
supuesto, Cuba tiene problemas internos y su sistema político puede ser objeto
de crítica. Pero analizar la situación del país sin tener en cuenta más de seis
décadas de presión económica externa no es un ejercicio de rigor, sino de
simplificación.
Antes de
hablar del derrumbe de un mito, quizá convendría reconocer que un país pequeño
ha tenido que sobrevivir durante décadas bajo un cerco económico casi
permanente. Y que, pese a todas sus dificultades, el pueblo cubano sigue
resistiendo una situación que difícilmente sería soportable para cualquier otra
nación.

















